La faceta artística que casi nadie conocía de Anthony Hopkins: “Fue mi primer amor”
El actor ha estrenado un nuevo proyecto musical en paralelo a su carrera cinematográfica

Anthony Hopkins en el Festival de Cine Internacional del Mar Rojo, en Arabia Saudí, diciembre de 2025. / Tim P. Whitby
A sus 88 años, Anthony Hopkins sigue ampliando su legado artístico con una faceta que pocos conocían. Antes de convertirse en una leyenda de Hollywood y ganar dos premios Oscar, el actor galés soñaba con dedicarse a la música, una pasión que ha cultivado en silencio durante gran parte de su vida y que ahora cobra protagonismo con uno de sus proyectos más personales.
El intérprete acaba de presentar Life Is a Dream, un álbum que reúne composiciones escritas a lo largo de más de seis décadas. Más que una incursión tardía en la música clásica, el trabajo recupera una vocación que siempre convivió con su carrera cinematográfica y revela al artista que existía mucho antes de que el cine lo convirtiera en una estrella internacional.
El músico que existía antes que la estrella de cine
Mucho antes de interpretar a Hannibal Lecter, Richard Nixon o el protagonista de El padre, Hopkins soñaba con dedicarse a la música. Comenzó a tocar el piano con apenas cuatro años y creció rodeado de las obras de Beethoven, Chopin y otros compositores clásicos que marcaron profundamente su sensibilidad artística.
LOS40 Classic
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De hecho, el intérprete ha explicado que su deseo inicial era convertirse en músico. La interpretación terminó imponiéndose en su trayectoria profesional tras ingresar en el Royal Welsh College of Music and Drama, pero la composición nunca desapareció de su vida. Durante décadas continuó escribiendo piezas, muchas veces de forma privada y alejada de los focos mediáticos.
“Mi primer amor fue la música”, ha afirmado recientemente al presentar este trabajo, una frase que ayuda a entender por qué Life Is a Dream tiene un carácter tan personal.
Un álbum construido con recuerdos de toda una vida
El disco recopila doce composiciones inspiradas en momentos clave de su biografía. Algunas evocan su infancia en Gales del Sur, otras rinden homenaje a familiares y seres queridos, mientras que varias reflejan sus reflexiones sobre el paso del tiempo, la memoria y la madurez.
Entre las piezas destaca Bracken Road, escrita originalmente en 1963 cuando Hopkins intentaba abrirse camino como joven actor. La composición forma parte de una suite inspirada en sus recuerdos de infancia y en los paisajes galeses que marcaron sus primeros años.
Otra de las obras más significativas es My Fatherland, ligada a sus raíces galesas y concebida como un homenaje a su tierra natal y a sus orígenes humildes.
Hopkins ha descrito el álbum como una especie de autobiografía musical. En varias entrevistas ha explicado que las composiciones reflejan tanto los momentos felices como cierta melancolía asociada a la conciencia del paso del tiempo.
Gustavo Dudamel y la Philharmonia Orchestra, compañeros de viaje
Para convertir décadas de escritos y bocetos musicales en una grabación de gran formato, Hopkins recurrió a algunos de los nombres más prestigiosos de la música clásica actual. El proyecto ha sido interpretado por la Philharmonia Orchestra de Londres bajo la dirección de Gustavo Dudamel, con la colaboración de Sergio Tiempo al piano y Gregorio Nieto al violonchelo.
El actor no ha ocultado su admiración por Dudamel, a quien considera una pieza fundamental en el desarrollo artístico de la grabación. Según explicó, el director venezolano logró aportar una nueva dimensión emocional a unas partituras que llevaban años acompañándolo.
La grabación se realizó en el Alexandra Palace de Londres y supone además la llegada de Hopkins al catálogo de Decca Classics, uno de los sellos más prestigiosos del mundo en el ámbito de la música clásica.
Una pasión que siempre convivió con la interpretación
Aunque el lanzamiento de Life Is a Dream ha sorprendido a parte del público, lo cierto es que Hopkins ya había explorado anteriormente el terreno de la composición. A lo largo de los años participó en la creación de bandas sonoras para diversos proyectos cinematográficos, entre ellos August (1996), Slipstream (2007) y Elyse (2020).
Por eso, este trabajo no representa tanto un cambio de rumbo como la visibilización de una faceta que siempre existió paralelamente a su carrera frente a las cámaras. Mientras su nombre seguía acumulando reconocimientos en la industria cinematográfica, Hopkins continuaba escribiendo música y desarrollando una creatividad que ahora encuentra una nueva vía de expresión.
Lejos de convertirse en un epílogo profesional, Life Is a Dream muestra a un artista decidido a seguir explorando territorios distintos. Después de más de seis décadas de éxito en el cine, Anthony Hopkins ha recuperado el sueño que tuvo de niño y que permaneció esperando, silenciosamente, durante toda una vida.













