El Último de la Fila y Los Burros: el origen de los nombres de los grupos de Manolo García y Quimi Portet
Así decidieron que sus canciones aparecerían bajo sus diferentes proyectos musicales
Manolo García y Quimi Portet (El Último de la Fila), en noviembre de 2023.
Hay nombres de grupos que nacen de una epifanía, otros de una broma interna y algunos, como los de Manolo García y Quimi Portet, de una mezcla de ironía, intuición y una forma muy particular de entender la música. La historia de Los Burros y El Último de la Fila es también la historia de dos artistas que nunca quisieron parecer más grandes de lo que eran, que desconfiaban de la pompa y que preferían presentarse ante el público con una honestidad casi doméstica.
Y, sin embargo, terminaron convirtiéndose en una de las bandas más influyentes de la música española. Antes de que El Último de la Fila existiera, Manolo García y Quimi Portet ya habían participado en proyectos paralelos como Materia Gris, Kul de de Mandril o Los Rápidos, una banda que transitaba entre la new wave y el pop de principios de los 80.
Manolo García y Quimi Portet, en concierto en la sala Razzmatazz de Barcelona en 2016. Un homenaje a grupos como Los Burros y Los Rapidos. / Xavi Torrent/Redferns
Pero fue con Los Burros cuando ambos encontraron una identidad común: un grupo que no buscaba deslumbrar con artificios, sino presentarse tal cual eran. El nombre surgió como una declaración de intenciones. En una época en la que proliferaban nombres grandilocuentes, ellos eligieron uno que sonaba a tierra, a humor, a humildad.
Los Burros era, en cierto modo, una forma de decir: no venimos a salvar el rock, venimos a tocar canciones. Un gesto que encajaba con la personalidad de ambos músicos, siempre más interesados en la autenticidad que en la pose.
La banda publicó Rebuznos de amor (1983), un disco que hoy se recuerda como una rareza deliciosa, llena de guiños surrealistas y melodías que ya anticipaban la sensibilidad que más tarde definiría a El Último de la Fila. Los Burros no duraron mucho, pero dejaron una huella que todavía hoy se reivindica: la de un grupo que se reía de sí mismo mientras construía algo nuevo.
Los Burros - No puedo más / Portugal (1983, en directo)
El Último de la Fila: un nombre inspirado en una canción… y en una actitud
Cuando Los Burros se disolvieron, García y Portet decidieron seguir juntos. Habían encontrado una química creativa que no querían abandonar. Pero necesitaban un nuevo nombre, uno que reflejara la etapa que comenzaba. Y lo encontraron en una canción del estadounidense Ronnie James Dio, titulada The Last in Line.
De ahí nació El Último de la Fila, un nombre que, más allá de la referencia musical, contenía una filosofía: situarse en el margen, lejos del foco, sin la arrogancia de quienes buscan liderar desde el primer día. Era una forma de decir que su música hablaría por ellos, que no necesitaban ocupar la primera fila para ser escuchados.
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El nombre también funcionaba como metáfora de su lugar en la industria: dos músicos que venían de proyectos modestos, que habían aprendido a base de ensayo y error, y que ahora se presentaban con un proyecto que no prometía grandeza, pero sí verdad.
Lo que vino después ya es historia. El Último de la Fila publicó discos que marcaron a toda una generación: Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana (1985), Enemigos de lo ajeno (1986), Como la cabeza al sombrero (1988), Nuevo pequeño catálogo de seres y estares (1990) o Astronomía razonable (1993). Su mezcla de pop, rock y poesía urbana convirtió a Manolo García y Quimi Portet en referentes absolutos.
Paradójicamente, aquel nombre que los situaba “al final de la fila” terminó encabezando listas, llenando estadios y definiendo una época. Pero ellos nunca abandonaron la esencia que los llevó hasta allí: la ironía, la humildad, la libertad creativa.
Los Burros y El Último de la Fila comparten algo más que dos músicos: comparten una forma de mirar el mundo. Ambos nombres nacieron de una actitud que desconfiaba de la grandilocuencia y prefería la cercanía. Y ambos terminaron representando una de las historias más singulares de la música española: la de dos artistas que, sin querer ser los primeros, acabaron siendo imprescindibles.
