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El ruido de los barcos está haciendo que los peces sean más pequeños

Un estudio revela que el sonido de las embarcaciones a motor puede afectar al desarrollo de los peces de arrecife y hacer que tengan menos capacidad para escapar de sus depredadores. Algunos, incluso, reaccionan nadando directamente hacia el peligro.

Los peces se ven muy afectados por el ruido. / by wildestanimal

Cuando pensamos en la contaminación de los océanos, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza es el plástico: botellas flotando, redes abandonadas o microplásticos. Pero existe otra forma de contaminación que no se ve: se escucha.

Los motores de barcos y lanchas generan un ruido constante bajo el agua que puede viajar a grandes distancias y alterar la vida de los animales marinos. Ahora, una investigación ha demostrado hasta qué punto ese ruido puede tener consecuencias inesperadas para algunos peces: los hace más pequeños y puede perjudicar su capacidad para escapar cuando aparece un depredador.

El estudio, realizado por investigadores de las universidades de Exeter, Bristol y James Cook y publicado en la revista Environmental Pollution, se ha centrado en una especie de pez damisela que vive en los arrecifes de coral, la cromis espinosa (Acanthochromis polyacanthus).

Los peces expuestos al ruido tenían una respuesta mucho peor ante un ataque

Los científicos expusieron a estos peces al sonido de embarcaciones a motor durante diferentes momentos de su desarrollo: cuando todavía estaban dentro del huevo y poco después de nacer. Después comprobaron algo preocupante: los peces que habían estado expuestos al ruido de las lanchas tenían una respuesta mucho peor ante un ataque simulado de un depredador.

Arrecife de coral en Filipinas. / Giordano Cipriani

Normalmente, cuando un pez detecta una amenaza, no se lo piensa demasiado. Su cuerpo se curva rápidamente formando una especie de letra C y sale disparado en dirección contraria al peligro. Es una reacción automática que puede marcar la diferencia entre vivir o convertirse en la cena de otro animal, pero el ruido parece alterar ese mecanismo.

En los peces expuestos a los sonidos naturales del arrecife, aproximadamente el 80 % reaccionó correctamente ante el ataque simulado. Entre los que habían crecido escuchando el ruido de embarcaciones, la cifra descendió hasta el 68 %.

Hay, además, un dato todavía más llamativo: de los peces expuestos al ruido de los barcos que reaccionaron ante el peligro, un 40 % nadó hacia el supuesto depredador. En los peces expuestos a sonidos naturales, ese comportamiento equivocado se produjo solo en el 20 % de los casos.

Rodeados de ruido

Lo interesante de este experimento es que los científicos no estaban midiendo simplemente si el ruido distrae a un pez en ese preciso momento. Durante las 24 horas anteriores a las pruebas con el depredador simulado, los animales no estuvieron expuestos a ningún sonido. Tampoco lo estuvieron durante la prueba. Esto significa que los efectos detectados podrían mantenerse incluso cuando el ruido ya ha desaparecido.

Además, los ejemplares expuestos al ruido de las embarcaciones después de la eclosión eran, de media, un 7 % más pequeños que aquellos que habían vivido rodeados de los sonidos naturales del arrecife.

El ruido de las embarcaciones puede afectar al comportamiento de los padres durante la fase embrionaria

Ser más pequeño en el océano no es precisamente una ventaja. Un tamaño corporal reducido puede significar menos reservas de energía, una menor capacidad para competir por alimento y, en muchos casos, una mayor vulnerabilidad frente a los depredadores. Si a eso se añade una peor capacidad para reaccionar ante una amenaza, el resultado puede convertirse en un serio problema para la supervivencia.

Los investigadores creen que una posible explicación está en el estrés y en los efectos que el ruido puede tener sobre la alimentación y el desarrollo. También se sabe que el ruido de las embarcaciones puede afectar al comportamiento de los padres durante la fase embrionaria, incluida la forma en la que oxigenan los huevos.

Es posible, además, que los efectos se acumulen. Un pez que se desarrolla en un ambiente ruidoso podría quedar más sensibilizado y responder peor a nuevas situaciones de estrés cuando crece.