Barry Gibb cumple 80 años: la difícil soledad del último hermano de Bee Gees
Después de perder a Andy, Maurice y Robin, la música se convirtió en su manera de mantener viva una conversación familiar
Barry Gibb (Bee Gees), en una imagen tomada en Londres en 2017. / Dave J Hogan
Barry Gibb ha contado que todavía habla con sus hermanos. A veces ocurre mientras compone y se pregunta qué pensaría Maurice de una melodía o cómo la cantaría Robin; otras, incluso, la conversación continúa sobre el escenario. Es una costumbre comprensible en alguien que pasó prácticamente toda su vida adulta rodeado por las mismas voces y que, al cumplir 80 años este 1 de septiembre, lleva ya catorce siendo el último de los cuatro hermanos varones Gibb. "Los echo de menos todos los días", confesó hace unos años. La frase resulta especialmente dolorosa porque detrás de Bee Gees hubo siempre algo bastante más complicado que un grupo: una familia que convirtió la armonía vocal en profesión y que también trasladó al estudio las rivalidades, los celos y las heridas de cualquier familia.
Barry, Robin y Maurice empezaron a cantar juntos siendo niños, mucho antes de imaginar los estadios, los números uno o Saturday night fever. En 1958, los Gibb emigraron a Australia y aquellos tres hermanos fueron convirtiendo un entretenimiento infantil en un oficio. Cuando regresaron a Inglaterra en 1967 ya tenían claro que querían conquistar el pop. Lo hicieron, aunque el éxito introdujo una competencia que antes apenas existía. "Antes de ser famosos fueron los mejores tiempos de nuestras vidas", recordaría Barry. Con "Massachusetts", su primer número uno británico, Robin asumió la voz principal y la lucha por quién debía ocupar el centro comenzó a erosionar una relación en la que nadie tenía asignado definitivamente el papel de líder.
Bee Gees llegaron a separarse brevemente en 1969 y volvieron a reunirse al año siguiente. Después vendrían nuevas crisis y una reinvención espectacular que culminó en la segunda mitad de los setenta. Barry encontró en el falsete un recurso que se convirtió casi accidentalmente en una de las firmas sonoras del grupo, y los tres hermanos alcanzaron una dimensión comercial difícil de comparar. El problema de la fama gigantesca, según explicaría él mismo, es que altera la perspectiva: ellos habían soñado con triunfar, pero no estaban preparados para semejante nivel de exposición. Los egos crecieron al mismo ritmo. Barry y Robin querían cantar; Maurice intentaba ejercer de mediador; cada uno comenzó a imaginar también una identidad propia fuera del grupo.
España también participó de aquel éxito. En la historia de la lista de LOS40, Bee Gees consiguieron cinco números uno, una medida bastante elocuente de hasta qué punto sus canciones formaron parte de la educación sentimental de varias generaciones. Desde sus primeras baladas hasta la explosión de la etapa disco, su presencia atravesó diferentes épocas del pop sin que la identidad del grupo dejara de descansar sobre lo mismo: tres hermanos cantando juntos.
Bee Gees - How Deep Is Your Love (Official Video)
Y estaba Andy. Doce años menor que Barry, nunca formó parte de Bee Gees, aunque resulta imposible separar su historia de la de sus hermanos. Con la ayuda de Barry construyó una brillante carrera en Estados Unidos a finales de los setenta, pero la inseguridad, las drogas y el alcohol fueron destruyendo su estabilidad.Murió el 10 de marzo de 1988, cinco días después de cumplir 30 años, a causa de una miocarditis. Para los Gibb fue la primera pérdida imposible de reparar. Barry y sus hermanos regresaron al estudio y One, publicado en 1989, quedó inevitablemente atravesado por su ausencia; "Wish you were here" fue escrita pensando en él.
La siguiente muerte llegó de una forma brutalmente repentina. Maurice tenía 53 años cuando ingresó en un hospital de Miami en enero de 2003 por fuertes dolores abdominales. Sufrió un paro cardiaco antes de ser operado de una obstrucción intestinal y murió el día 12. Barry recordaría después el desconcierto de perder en apenas dos días a alguien que parecía encontrarse perfectamente.
Sin Maurice, la propia existencia de Bee Gees perdió sentido. Barry y Robin anunciaron inicialmente que el nombre quedaba atrás, aunque años después volvieron a actuar juntos. Su relación, sin embargo, tampoco recuperó completamente la antigua intimidad. Y ahí aparece una de las confesiones más incómodas de Barry: cuando murieron sus hermanos, no estaba especialmente cerca de ninguno de ellos. "No hablábamos mucho", admitiría años después. El remordimiento ha acompañado al superviviente junto al duelo.
Robin murió de cáncer el 20 de mayo de 2012, a los 62 años. Barry se quedó solo. Solo, naturalmente, en un sentido muy concreto. Tiene esposa, hijos, nietos y una hermana mayor, Lesley; pero era el único superviviente de aquellos cuatro muchachos Gibb cuya vida había girado alrededor de la música. Tras la muerte de Robin pensó seriamente en retirarse. No sabía qué hacer ni cómo debía presentarse ante un público que llevaba medio siglo identificándolo como parte de un plural. "Intento ser yo, el individuo, pero también siento apasionadamente que tengo que ser uno de los Bee Gees pase lo que pase", explicó.
La solución terminó siendo volver al escenario. En 2013 emprendió una gira en solitario y descubrió que interpretar aquellas canciones también podía servir para convocar a quienes faltaban. Su hijo Stephen tocaba con él y Samantha, hija de Maurice, participó en algunos conciertos. Barry describió aquella experiencia como agridulce. El público escuchaba "To love somebody", "How deep is your love" o "Stayin' alive"; él escuchaba además las voces que ya no podían estar físicamente a su lado.
Quizá por eso su condición de superviviente tiene poco de celebración heroica. Barry nunca ha presentado su longevidad como una victoria frente a sus hermanos. Ha hablado de culpa, arrepentimiento y de aquella rivalidad fraternal que necesitó aprender a perdonar cuando ya no podía discutir con ellos. En el documental The Bee Gees: How can you mend a broken heart llegó a formularlo de la manera más sencilla y devastadora: preferiría tenerlos de vuelta y no haber tenido ningún éxito.
A los 80 años, Barry Gibb carga con una circunstancia que ninguno de los cuatro podía imaginar cuando cantaban juntos de niños: es quien recuerda por todos. Cada vez que interpreta una canción de Bee Gees conviven el hombre que está cantando y los hermanos que alguna vez cantaron a su lado. El tiempo ha terminado convirtiendo aquellas armonías perfectas en algo distinto. Ya no hablan únicamente de pop, fama o millones de discos vendidos. Hablan también de la memoria, de todo lo que una familia puede darse y hacerse durante una vida y de esas conversaciones que, cuando alguien ha formado parte de nosotros durante demasiado tiempo, continúan mucho después de que ya no pueda contestar.
