Estos son los árboles que mejor combaten el calor
Un estudio de la Universidad de Granada establece cuáles son las especies que deberíamos plantar para luchar contra las olas de calor, cada vez más frecuentes.
Los árboles son esenciales para luchar contra el calor. / Malte Mueller
Cada verano, las ciudades se convierten en auténticas trampas de calor. El asfalto, los edificios y el hormigón absorben la radiación del sol durante horas y dificultan que la temperatura descienda incluso cuando llega la noche. En un contexto de olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, encontrar formas de refrescar las calles se ha convertido en una de las grandes cuestiones a las que se enfrentan las ciudades.
Una parte importante de la respuesta podría estar en algo tan sencillo como elegir bien los árboles que plantamos. En ese sentido, un equipo de investigadores de la Universidad de Granada ha analizado durante dos años la capacidad de diferentes especies para reducir la temperatura en el entorno urbano. Tras comparar 19 especies presentes en el parque Federico García Lorca de Granada, los resultados han permitido identificar cuáles son las que generan un ambiente más fresco bajo su copa.
Entre las que mejores resultados han obtenido se encuentran el olivo, el fresno, el plátano de sombra, el níspero y el naranjo amargo. De media, estas especies son capaces de reducir la temperatura unos dos grados respecto a las zonas sin vegetación, aunque en determinados momentos el descenso puede alcanzar los 3,5 grados.
Los parques urbanos deben estar bien planificados. / Vicente Méndez
Puede parecer una diferencia pequeña, pero durante una jornada en la que el termómetro supera los 40 grados, encontrar un lugar varios grados más fresco puede cambiar considerablemente la sensación térmica y hacer más soportable el calor.
Los árboles consiguen este efecto principalmente de dos maneras. La primera es la más evidente: proporcionan sombra y evitan que el sol caliente directamente el suelo y las personas que se encuentran bajo sus copas. Pero también ocurre algo menos visible. A través de sus hojas, las plantas liberan agua a la atmósfera en un proceso conocido como evapotranspiración. Esa evaporación consume calor y contribuye a refrescar el aire que rodea al árbol.
Lo importante no es sólo la especie, sino dónde colocarla
No todas las especies lo hacen con la misma eficacia. El tamaño y la densidad de la copa, la cantidad de hojas o la forma en la que cada árbol utiliza el agua influyen en su capacidad para crear un pequeño microclima más fresco.
No basta con plantar más árboles
Sin embargo, una de las conclusiones más interesantes de la investigación no tiene tanto que ver con qué especie elegir como con dónde colocarla.
Los investigadores advierten de que una ciudad no se refresca simplemente acumulando árboles en unos pocos parques. Para combatir realmente el calor, las zonas verdes deberían estar conectadas entre sí mediante calles arboladas y corredores vegetales que permitan que sus efectos se extiendan por el interior de la ciudad.
La diferencia puede entenderse fácilmente. Un gran parque puede ser un excelente refugio durante una ola de calor, pero resulta de poca ayuda para alguien que vive o trabaja a varios kilómetros de distancia y tiene que recorrer calles completamente expuestas al sol para llegar hasta él. Una red de árboles distribuida y conectada puede, en cambio, crear espacios más frescos en distintos puntos del recorrido.
La planificación de las zonas verdes también puede ser una herramienta para reducir las desigualdades
El estudio también pone el foco en una cuestión especialmente importante: el calor no afecta a todos los barrios por igual. Los investigadores cruzaron información sobre las zonas más calurosas con diferentes indicadores sociales, como la renta o el envejecimiento de la población, para localizar los lugares en los que el riesgo de sufrir los efectos de una ola de calor es mayor. La conclusión es que la planificación de las zonas verdes también puede ser una herramienta para reducir las desigualdades.
Eso no significa, sin embargo, que la solución sea llenar todas las ciudades de olivos, fresnos o plátanos de sombra. La elección de cada especie debe tener en cuenta otros factores, como las alergias que puede provocar, el comportamiento de sus raíces, el mantenimiento que necesita o su capacidad para adaptarse a las condiciones de cada calle.
Las ciudades más verdes son ciudades más habitables. / Alexander Spatari
Además, en algunos barrios apenas hay espacio para plantar árboles de gran tamaño. En esos casos, otras soluciones, como las paredes verdes o especies que necesiten menos espacio, también pueden ayudar a reducir la temperatura.
La investigación de la Universidad de Granada aporta así una idea que puede resultar especialmente útil para las ciudades del futuro. Frente a un clima cada vez más caluroso, plantar árboles seguirá siendo una de las formas más eficaces de combatir las altas temperaturas, pero no todos enfrían igual y tampoco basta con concentrarlos en unos pocos parques.
La clave está en crear una red de vegetación capaz de llegar hasta las zonas donde más se necesita. Porque, cuando las olas de calor se convierten en una amenaza cada vez más habitual, la sombra deja de ser simplemente un lugar agradable para resguardarse durante unos minutos y pasa a convertirse en una herramienta para hacer las ciudades más habitables.
