Invertir en el medio ambiente renta: cada dólar puede generar 15 de beneficio
Un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente calcula que actuar a la vez contra el cambio climático y la contaminación del aire puede generar enormes beneficios económicos.
Apostar por el medio ambiente también es rentable económicamente. / red-feniks
Durante mucho tiempo, las políticas ambientales se han presentado como una factura que gobiernos, empresas y ciudadanos tienen que asumir para proteger el planeta. Pero no es precisamente así. Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) plantea la cuestión desde el lado contrario: invertir en medio ambiente también puede ser un negocio rentable. Según sus cálculos, cada dólar destinado a medidas que combatan conjuntamente el cambio climático y la contaminación atmosférica puede generar unos 15 dólares en beneficios económicos.
El informe, elaborado junto a la Coalición por el Clima y el Aire Limpio (CCAC), analiza 25 medidas que actúan sobre ambos problemas al mismo tiempo. Entre ellas están el desarrollo de energías renovables, la mejora de la eficiencia energética, el transporte limpio, la reducción de las emisiones de metano o la utilización más eficiente de los fertilizantes. Aplicadas de forma conjunta, estas actuaciones podrían generar beneficios equivalentes al 2,8 % del PIB mundial en 2035, una cifra que aumentaría hasta el 4,5 % en 2050 y el 11,4 % en 2100.
La contaminación tiene un precio
La explicación de esta rentabilidad está en que una buena parte de los beneficios de las políticas ambientales no aparece directamente en la cuenta de resultados de quien realiza la inversión. Un aire más limpio significa, por ejemplo, menos personas enfermas, menos gasto sanitario y menos jornadas de trabajo perdidas. También implica evitar daños provocados por fenómenos climáticos extremos. Por eso, el retorno de estas inversiones se reparte entre la economía, la salud pública y la protección del medio ambiente.
Proteger el planeta trae beneficios. / erhui1979
La contaminación atmosférica ofrece una dimensión especialmente clara del problema. Según las estimaciones recogidas por el PNUMA, la contaminación exterior provocada por actividades humanas estuvo relacionada en 2025 con 6,4 millones de muertes prematuras y millones de casos de enfermedades como asma infantil, demencia, infartos, ictus, diabetes y cáncer de pulmón. A estas cifras habría que sumar otros dos millones de muertes asociadas a la contaminación del aire dentro de los hogares.
Reducir estas emisiones no solo permitiría salvar vidas, sino también disminuir una factura sanitaria que recae sobre los sistemas públicos y sobre las propias familias. El informe calcula que la aplicación completa de las medidas propuestas podría evitar 144 millones de muertes prematuras hasta 2050. Al mismo tiempo, una población más sana puede mantener durante más tiempo su actividad laboral y reducir los costes derivados de las enfermedades relacionadas con la contaminación.
El estudio también pone cifras a otro de los grandes argumentos para actuar cuanto antes: esperar también cuesta dinero. El PNUMA calcula que cada año de retraso en la puesta en marcha de estas medidas supone perder alrededor de 1,5 billones de dólares en beneficios económicos y de otro tipo, una cantidad equivalente aproximadamente al 0,5 % del PIB mundial.
Además de mejorar la calidad del aire, estas medidas tendrían un efecto directo sobre el calentamiento global
No todas las regiones obtendrían el mismo retorno. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, el PNUMA estima que cada dólar invertido podría generar unos nueve dólares de beneficios. En Europa, donde durante décadas se han aplicado políticas para reducir la contaminación atmosférica y donde parte de las medidas más rentables ya están en marcha, el retorno estimado es menor: unos tres dólares por cada dólar invertido.
Además de mejorar la calidad del aire, estas medidas tendrían un efecto directo sobre el calentamiento global. El informe calcula que su aplicación permitiría reducir a la mitad las emisiones mundiales de CO₂ para 2050 y disminuir de manera importante las de metano y otros contaminantes. En conjunto, podrían evitar alrededor de 0,34 ºC de calentamiento para 2050 y hasta 1,4 ºC a finales de siglo, según las estimaciones del estudio.
