El peligro invisible que mata a miles de aves en España: los cables eléctricos
Los tendidos eléctricos provocan cada año la muerte de decenas de miles de aves, muchas de ellas rapaces amenazadas, y SEO/BirdLife acaba de abordar en Granada cómo reducir una amenaza que tiene soluciones técnicas.
Los cables eléctricos pueden ser muy peligrosos para las aves. / Connect Images
Un cable eléctrico puede parecer una infraestructura inofensiva cuando lo vemos desde el suelo. Para muchas aves, sin embargo, algunos postes y tendidos pueden convertirse en trampas mortales. La electrocución y las colisiones con líneas eléctricas provocan cada año la muerte de un elevado número de ejemplares y afectan especialmente a especies amenazadas. El problema ha sido uno de los asuntos abordados por SEO/BirdLife en el marco del XXVII Congreso Español y VIII Congreso Ibérico de Ornitología, celebrado esta semana en Granada, donde expertos, administraciones, empresas eléctricas y organizaciones conservacionistas han debatido cómo reducir esta mortalidad.
En el encuentro, los especialistas insistieron en que la electrocución sigue siendo una amenaza importante, especialmente para rapaces y aves agroesteparias. El riesgo se concentra además en determinados puntos, donde coinciden unas condiciones ambientales concretas con diseños de apoyos eléctricos peligrosos. No todas las líneas tienen el mismo riesgo y conocer dónde se encuentran esos puntos críticos es una de las claves para actuar de forma más eficaz.
Las aves de gran tamaño, especialmente las rapaces, tienen más posibilidades de sufrir accidentes
En España, SEO/BirdLife estima que al menos 33.000 rapaces mueren cada año por electrocución, aunque la cifra real probablemente sea mayor porque muchos cadáveres desaparecen antes de ser detectados y no todas las zonas se estudian con la misma intensidad.
Un problema evitable
La electrocución suele producirse cuando un ave se posa sobre un apoyo y entra en contacto simultáneamente con dos elementos que tienen diferente potencial eléctrico, cerrando el circuito a través de su cuerpo. Las aves de gran tamaño, especialmente las rapaces, tienen más posibilidades de sufrir este accidente por la amplitud de sus alas y patas. Un diseño inadecuado puede convertir un poste en una trampa, pero modificarlo puede evitar el accidente.
Las soluciones pasan por corregir los apoyos peligrosos y evitar que las aves puedan tocar simultáneamente los elementos que generan el riesgo. SEO/BirdLife señala que las modificaciones estructurales son una solución más eficaz que limitarse a aislar los conductores. Las colisiones constituyen un problema diferente y mucho más difícil de detectar y corregir, por lo que también es necesario hacer los cables más visibles para las aves mediante dispositivos de señalización.
Cada año mueren miles de aves electrocutadas. / NurPhoto
Y aquí aparece una dificultad importante: muchas muertes nunca llegan a contabilizarse. Un cadáver puede desaparecer por la acción de otros animales, quedar oculto entre la vegetación o encontrarse en una zona que nadie revisa. Por eso, conocer la mortalidad registrada no equivale necesariamente a conocer el impacto real de las líneas eléctricas sobre las aves.
La solución pasa también por saber dónde actuar primero. Los expertos reunidos en Granada han destacado la necesidad de combinar los datos científicos con la información aportada por organizaciones conservacionistas, empresas eléctricas y administraciones para localizar los puntos de mayor riesgo y priorizar las actuaciones.
Los cables eléctricos imprescindibles, pero eso no significa que tengan que convertirse en una amenaza para la fauna
España prepara además una actualización de la normativa sobre tendidos eléctricos que, según SEO/BirdLife, ampliaría el ámbito de aplicación de las medidas de protección e incorporaría nuevas obligaciones relacionadas con la corrección y las colisiones. Entre las novedades previstas está que la financiación de las medidas correctoras recaiga sobre los titulares de las líneas y que las medidas anticolisión sean obligatorias en un ámbito más amplio.
Mientras tanto, proyectos como LIFE PowerLines4Birds trabajan para reducir la mortalidad en 23 Zonas de Especial Protección para las Aves de España y Portugal. El programa se centra especialmente en especies como el alimoche, el águila imperial ibérica, el buitre negro, la avutarda, el sisón común, el aguilucho cenizo y la carraca europea.
Los cables eléctricos forman parte del paisaje cotidiano y resultan imprescindibles para llevar energía a hogares y ciudades, pero eso no significa que tengan que convertirse en una amenaza para la fauna. Una red eléctrica más segura es posible, y el reto está ahora en identificar los puntos peligrosos, corregirlos y evitar que las nuevas infraestructuras reproduzcan los mismos errores.
