El día en que un admirador intentó desfigurar a Björk con una bomba de ácido
Hace 30 años, una obsesión enfermiza estuvo a punto de terminar en tragedia

Björk, en concierto en el Lowlands Festival, Países Bajos, en agosto de 1996. (Photo by Paul Bergen/Redferns) / Paul Bergen
Durante meses, Ricardo López habló a una cámara sin que nadie lo escuchara. Encendía su videocámara de 8 milímetros en el pequeño apartamento donde vivía en Florida y explicaba su vida, sus frustraciones y, cada vez con mayor frecuencia, su obsesión con Björk. Aquellas grabaciones terminaron convirtiéndose en el diario de una deriva aterradora. El 12 de septiembre de 1996, después de preparar un artefacto concebido para rociar ácido sulfúrico sobre la cantante cuando abriera un paquete, López fue a correos, lo envió a Londres, regresó a casa, volvió a colocar la cámara delante de sí y se suicidó. Björk ignoraba que al otro lado del Atlántico alguien acababa de poner en marcha un intento de asesinato.
Tenía 21 años, había nacido en Montevideo y residía en Hollywood, Florida, donde había trabajado en control de plagas. Su fascinación por Björk había comenzado años antes y fue transformándose en una relación imaginaria en la que la persona real importaba cada vez menos. Nunca había conocido a la cantante ni había hablado con ella. En la cabeza de López, sin embargo, ocupaba un espacio enorme. Durante 1996 documentó obsesivamente aquel proceso en vídeo.
La situación empeoró al conocer la relación sentimental de Björk con Goldie, músico y productor británico de drum and bass. Las grabaciones de López contienen expresiones racistas contra él y muestran cómo convirtió una decisión privada de una mujer desconocida en una afrenta personal. El mecanismo psicológico resulta escalofriante: la artista a la que decía admirar había dejado de ser para él una persona con derecho a vivir su propia vida.
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Mientras tanto, Björk se encontraba en uno de los momentos de mayor exposición de su carrera. Debut la había convertido en 1993 en una de las artistas más singulares surgidas del pop europeo y Post, publicado dos años después, amplió todavía más su fama con canciones como "Army of me", "Hyperballad", "It's oh so quiet" o "Possibly maybe". Su imagen estaba por todas partes y aquella mezcla de cercanía, extravagancia y vulnerabilidad que transmitía públicamente podía producir una peligrosa ilusión de intimidad en alguien incapaz de distinguir a la artista de la persona.
López decidió castigarla. El dispositivo que construyó estaba oculto dentro de un libro vaciado y contenía ácido sulfúrico. No era simplemente una carta amenazante ni una fantasía anotada en un diario: estaba diseñado para activarse al abrirse y lanzar el ácido contra quien tuviera el paquete delante. La policía explicaría después que podía haber provocado quemaduras gravísimas, desfiguración e incluso la muerte. Lo extraordinario es que durante varios días nadie supo que estaba viajando hacia Londres.
Después de enviarlo el 12 de septiembre, López regresó a su apartamento y grabó las últimas imágenes de su diario. Se afeitó la cabeza, se pintó el rostro y terminó suicidándose de un disparo mientras la cámara seguía funcionando. No fue descubierto inmediatamente. Los vecinos alertaron días después por el olor procedente de la vivienda y la policía encontró su cadáver el lunes 16. En el apartamento había once cintas de vídeo; una llevaba escrito The last day - Ricardo López.
Los investigadores comenzaron a verlas. Entonces comprendieron que la muerte que tenían delante podía ser únicamente la primera parte de la historia. Las imágenes mostraban a López construyendo meticulosamente el artefacto y revelaban además dónde lo había enviado. La policía de Florida contactó urgentemente con las autoridades británicas. Scotland Yard siguió el recorrido del paquete y consiguió localizarlo en una oficina postal del sur de Londres durante la madrugada del 17 de septiembre, antes de que alcanzara su destino. El artefacto fue neutralizado sin causar daños.

Existe además un detalle que reduce todavía más la distancia entre la tragedia y el azar: el paquete había sido dirigido a Björk a través de su entorno profesional y su correspondencia era supervisada. Su representante, Derek Birkett, explicaría después que confiaban en que un envío semejante nunca hubiera llegado directamente a sus manos. Björk se enteró de todo prácticamente de golpe: existía un hombre al que nunca había conocido, llevaba meses obsesionado con ella, había intentado atacarla y acababa de suicidarse.
Su primera reacción pública estuvo muy lejos del odio. Dijo sentirse profundamente triste y explicó que su principal preocupación había sido su hijo Sindri. También intentó hacer llegar flores a la familia de López. "No puedo hacer nada al respecto", declaró aquellos días. Años después recordaría haber pasado aquella semana sin dormir y llorando, mientras la prensa comenzaba a instalarse frente a su casa.
Las consecuencias fueron importantes. Björk abandonó Inglaterra durante un tiempo y alquiló una casa en España, buscando recuperar una privacidad que había desaparecido de manera brutal. Cuando regresó con Homogenic en 1997, su música había adquirido una intensidad diferente, aunque sería demasiado sencillo atribuir un álbum tan complejo únicamente a aquel episodio. Ella misma contó que el suceso había cambiado sobre todo las condiciones de su vida cotidiana: paparazzi delante de casa, miedo por su hijo y la necesidad de marcharse.
Treinta años después, la historia continúa resultando perturbadora precisamente porque no ocurrió entre dos personas que se conocieran. Ocurrió entre una mujer real y la versión de esa mujer que un desconocido había construido en su cabeza. Björk había compuesto canciones, concedido entrevistas, aparecido en fotografías y cantado ante miles de personas. Ricardo López interpretó esa exposición como una proximidad que nunca existió. El paquete que viajó desde Florida hacia Londres fue la expresión final y monstruosa de aquella confusión.
Scotland Yard consiguió detenerlo a tiempo. Björk nunca tuvo que abrir aquel libro. Y una diferencia de apenas unas horas evitó que una de las historias más inquietantes de la cultura pop de los noventa terminara siendo también una de sus tragedias.













