La IA no está en la nube: el enorme coste ambiental de los centros de datos
La expansión de la inteligencia artificial está disparando la construcción de centros de datos, unas instalaciones que necesitan enormes cantidades de electricidad y agua para funcionar y refrigerarse.

Los centros de datos consumen gran cantidad de recursos. / aire images
Cuando utilizamos una inteligencia artificial, vemos una pantalla, escribimos una pregunta y recibimos una respuesta en cuestión de segundos. Todo parece ocurrir en la nube, pero detrás hay enormes instalaciones físicas llenas de servidores que necesitan funcionar continuamente. Son los llamados centros de datos, una infraestructura cada vez más importante y cuyo impacto ambiental empieza a preocupar especialmente en una Europa que afronta problemas de escasez de agua.
La dimensión del crecimiento es considerable. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que los centros de datos consumieron alrededor del 1,5% de la electricidad mundial en 2024 y que su demanda podría prácticamente duplicarse hasta 2030, hasta unos 950 teravatios hora anuales. Los centros especializados en inteligencia artificial son especialmente exigentes: uno de unos 100 megavatios puede consumir tanta electricidad al año como aproximadamente 100.000 hogares.
Agua y más agua
La electricidad es solo una parte del problema. Los servidores generan enormes cantidades de calor y necesitan sistemas de refrigeración constante para evitar que las máquinas alcancen temperaturas peligrosas. Dependiendo de la tecnología utilizada, estos sistemas pueden requerir grandes cantidades de agua, mientras que otra parte de la huella hídrica procede indirectamente de la electricidad utilizada y de la fabricación de los semiconductores.
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Muchos de estos proyectos se concentran en regiones que ya sufren estrés hídrico
La Agencia Europea de Medio Ambiente calcula que el consumo anual de agua asociado a los centros de datos impulsados por inteligencia artificial podría alcanzar aproximadamente 1,068 billones de litros en 2028, unas once veces la estimación correspondiente a 2024. La cifra resulta especialmente relevante porque muchos de estos proyectos se concentran en regiones que ya sufren estrés hídrico, aumentando la competencia por el agua entre las industrias, la agricultura y los hogares.
El problema es especialmente delicado en el sur de Europa. Según la misma agencia, el 32% de la población europea experimenta escasez de agua durante alguna estación del año y alrededor del 26% de las aguas subterráneas se encuentran en mal estado, mientras el cambio climático aumenta la frecuencia de las sequías y las olas de calor. Construir nuevas instalaciones que demandan grandes cantidades de agua puede añadir presión a unos recursos que ya están sometidos a estrés.
En España ya existen proyectos capaces de dar una idea de esa magnitud. Las organizaciones ecologistas ponen como ejemplo el centro de datos proyectado por Meta en Talavera de la Reina, cuya potencia prevista es de 248 megavatios y que contempla hasta 504 millones de litros de agua al año, entre el consumo de la instalación y las reservas previstas para futuros equipamientos de la zona. La cantidad real depende, entre otros factores, del tamaño del centro, la carga de trabajo y el sistema de refrigeración.
¿Cuánta IA necesitamos?
Por todo ello, Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF consideran insuficiente el proyecto de Real Decreto que prepara el Gobierno para regular la sostenibilidad de los centros de datos. Las organizaciones reclaman límites al consumo de agua y energía, además de evaluar el impacto acumulado de todos los centros de datos de un territorio y exigir que la nueva demanda eléctrica se cubra con generación renovable.

El uso de datos no para de crecer. / Yuichiro Chino

El uso de datos no para de crecer. / Yuichiro Chino
Hay además una paradoja: los centros de datos son cada vez más eficientes, pero la demanda total sigue creciendo. La AIE señala que el consumo de electricidad por tarea de IA está cayendo rápidamente, pero al mismo tiempo aumentan el número de usuarios y las aplicaciones que requieren más capacidad de cálculo. En 2025, el consumo eléctrico de los centros de datos creció un 17% a escala mundial, mientras que el de los centros dedicados a IA aumentó todavía más rápido.
La nube no está realmente en el cielo: está en edificios llenos de máquinas
Esto plantea una pregunta que va más allá de la tecnología: cuánto, dónde y bajo qué condiciones queremos desarrollar esta nueva infraestructura digital. La inteligencia artificial puede ofrecer beneficios importantes y también utilizarse para mejorar la eficiencia de otros sectores, pero sus ventajas no eliminan automáticamente los recursos físicos que necesita para funcionar.
El debate, por tanto, no consiste únicamente en conseguir centros de datos más eficientes. También implica decidir qué límites ambientales estamos dispuestos a aceptar en un momento de crisis climática, sequías y presión creciente sobre el agua y la electricidad. Porque la nube no está realmente en el cielo: está en edificios llenos de máquinas que necesitan energía, refrigeración y recursos para seguir funcionando.













