La historia de Lizzie Borden, la 'loca del hacha' que cargó con el doble (y brutal) asesinato de su familia

Fue la única acusada del asesinato de su padre y su madrastra en 1892, pero el crimen jamás se resolvió

Retrato auténtico de la criminal Lizzie Borden / Boston Globe

Ryan Murphy vuelve a la carga con su serie Monstruos y en esta ocasión, por primera vez, se centra en la historia de una mujer: Lizzie Borden, la presunta asesina y la 'loca del hacha'.

La ficción para Netflix, creada por el propio Murphy e Ian Brennan, se focaliza en el primer "monstruo" femenino de la serie, como ellos mismos lo definen. Y lo cierto es que a ojos de mucha gente, la de Massachusetts fue la primera asesina conocida en la historia.

Sin embargo, si nos acogemos a los hechos, la ley nunca llegó a sentenciar a la hija de los Borden y el crimen ocurrido aquel verano marcó el imaginario del siglo XIX. No solo por la brutalidad del caso, sino por la multitud de interpretaciones que se han hecho de lo que ocurrió (o creemos que ocurrió).

La historia de Lizzie Borden: así nació la 'loca del hacha'

Verano de 1892., en la pequeña ciudad de Fall River, Massachusetts (EE.UU.). El vecindario no deja de hablar de los Borden, una pequeña y adinerada familia dentro de la cual se ha cometido un crimen atroz.

El día 4 de agosto de ese mismo año, el padre de familia, Andrew Borden y su mujer, Abby, aparecieron muertos a hachazos en su propia casa —él con 11 en rostro y cráneo, ella con 19—.

A pesar de estar ubicada junto a una de las vías donde transitaban los carruajes y rodearse de numerosos negocios, se cometió un terrible a plena luz del día. Nadie oyó ni vio nada y, sin embargo, en esas cuatro paredes hubo una masacre.

En aquella casa solo quedaron tres mujeres con vida: Lizzie, la hija mayor, Emma, la pequeña, y Bridget Sullivan, la criada.

Teoría 1: la venganza de Lizzie

Tras un rápido barrido de la escena y el día en el que se cometió el crimen del que nadie parecía saber nada, las autoridades no tardaron en centrar sus sospechas en la mayor de las herederas.

Abby, una de las víctimas, no era la madre biológica de las niñas. Ella se casó con su padre poco después de que su verdadera madre muriera, cuando Lizzie era tan solo un bebé.

Por lo que contaban, la hermana mayor nunca llegó a aceptar del todo a su madrastra y su odio creció más cuando se enteraron de que el padre de familia quiso poner algunas de sus propiedades a nombre de su mujer.

La casa-museo de la familia Borden en Fall River / Boston Globe

Al parecer, según esta primera teoría de la venganza, Lizzie habría tratado de envenenar a sus progenitores con la comida, pero no llegó a arrebatarles la vida. Ese mismo día, Andrew terminó de trabajar y fue a descansar un rato al sofá.

Lo siguiente que ocurrió fue que la criada escuchó los gritos de Lizzie, quien se encontraba frente al cuerpo inerte de su padre, con el rostro y el cráneo descompuestos. Arriba, en la habitación de matrimonio, yacía sobre el suelo su madrastra, con el mismo charco de sangre.

La coartada de Lizzie fue que ella estaba en el patio, oyó ruidos y entró corriendo en la casa, encontrándose con esa cruenta escena. Tras esta débil declaración, por supuesto, fue detenida como única sospechosa.

El arma homicida en el sótano, la oportuna aparición de Lizzie en las escenas del crimen, su historial familiar...todo hizo creer a los investigadores que ella lo planeó todo. Pese a ello, nunca llegó a ser condenada, sino que quedó absuelta tras no hallar evidencias de su culpabilidad.

Teoría 2: su amante secreta

Una de las otras teorías que se barajaron y que fue la escogida por el cineasta Craig William Macneill para su film El asesinato de la familia Borden (Lizzie), fue la hipótesis de que Lizzie mantuvo un romance con la criada, un affaire que no fue bien acogido por la familia y que podría haber servido de móvil del crimen.

A partir de entonces, todo el vecindario señaló a Lizzie como la 'loca del hacha' y aunque la Justicia nunca llegó a procesarla, para la sociedad siempre fue la única culpable de este crimen sin resolver.