Raquel Zas habla de deseo femenino y mujeres imperfectas en ‘Los años secos’: “Necesitamos más referentes de mujeres que han fracasado”

De ser nominada en los Premios Goya a publicar su primera novela

Raquel Zas lanza su primera novela, 'Los años secos'. / Foto de David Tombilla cedida por Temas de Hoy

Que levante la mano el que no haya sufrido por alguna ruptura amorosa en alguna ocasión. Clara, la protagonista de la primera novela de Raquel Zas lo hace y en Los años secos podemos ver cómo la afronta. Una de las novedades de esta vuelta de vacaciones. Un personaje muy cinematográfico que lejos de ser la mujer perfecta, desmenuza sus miserias, sus angustias y sus pensamientos de una manera con la que, en ocasiones, es fácil identificarse. Y es que, precisamente, esa imperfección e la que la hace tan real. Tanto, que a veces uno tiene la sensación que no es a ella, sino a su autora a quien está escuchando.

En su proceso habla de sexo, de falta de deseo, de autoestima, de la presión por tenerlo todo, algo que la humaniza y nos la muestra cercana por mucho que no compartas su forma de ver las cosas.

“Raquel abre el cuerpo a la belleza. Una historia que da espacio al placer de reconocer que nuestro dolor, el de todas nosotras, no es inevitable”, expresaba su amiga Carolina Yuste. Y es que Raquel Zas ha desarrollado su actividad profesional como comunicadora y también en lo audiovisual como guionista, uno de sus cortos fue nominado a un Premio Goya y ganó el premio a mejor cortometraje en el Festival de Cine de Málaga. Y ese bagaje tan narrativo se nota en esta novela que supone su debut en la literatura y que, pese a hablar de una mujer y sus problemas, también es una lectura recomendada para los hombres.

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Pudimos hablar con ella en una visita a nuestras instalaciones para conocer los detalles de su primera novela.

Pregunta: Primera novela, ¿qué tal la experiencia?

Respuesta: Estoy un poco abrumada, para bien. Los primeros días después del lanzamiento estoy recibiendo bastante atención y estoy muy contenta porque era un sueño que tenía.

P: ¿Con qué idea te plantaste delante de la hoja en blanco?

R: Estoy muy obsesionada con cómo nos relacionamos con los demás, los afectos, por qué mentimos cuando mentimos, por qué fingimos cuando fingimos, y eso en el sexo se ve muy bien porque nos ponemos muchas máscaras. Me parece una metáfora increíble de cómo nos comportamos en la vida real. Vi un documental que se llama Venus, confesiones desnudas –que se puede ver en Filmin-, es un poco incómodo a veces, pero interesante si te intersa el tema. Pone a varias mujeres en unas sillas, como si fuera un casting, y les pregunta sobre su vida sexual. Les hacen la misma pregunta a todas: ¿Con cuántas parejas te has acostado? Te dicen la cantidad que sea. Y luego les preguntan con cuántas han sentido placer y la cantidad se reduce muchísimo. Y ellas estaban un poco resignadas y no se planteaban por qué pasa eso y me parece un temazo. Ese fue el germen de la novela.

P: Uno al leer la novela inevitablemente le pone tu cara a la protagonista porque tiene un tono de confesión personal, ¿qué hay de realidad y qué de ficción?

R: Siento decepcionarte porque muy poco, no tengo una vida tan trepidante, la verdad. Cualquier novelista saca cosas de la vida real, conversaciones, cómo habla una persona, algún pensamiento, algún miedo, pero es todo ficción. Clara, de hecho, me cae bastante mal. Me parecía mucho más divertido escribir un personaje que no se pareciese a mí o que no fuera como yo. Un personaje complejo, no quería dibujar una mujer ejemplar, ni un personaje perfecto. Me parecía más divertido hacerla un poquito miserable. Es curioso porque muchas mujeres que la están leyendo me están escribiendo porque se sienten muy identificadas. Tenemos sombras y eso es interesante.

P: Parte de una ruptura y el duelo que lleva a cabo la protagonista. Me gusta que cuestiones que hay un tiempo límite para sentirse bien.

R: Creo que está establecido un mes. Un mes te dejan llorar. Luego ya los amigos te insisten en pasar página, entrar en Tinder. Puedes estar años sin superar a una persona y no pasa nada. El duelo va y vuelve todo el rato. Creo que se toma muy poco en serio lo que sufrimos, es muy doloroso el duelo de una ruptura. La sociedad no se lo toma muy en serio. Que tu pareja te acabe de dejar y al día siguiente tener que ir a trabajar…

P: Claro, es que luego vemos programas como La isla de las tentaciones y cuesta tomarnos en serio algunas rupturas.

R: Totalmente. Luego también los amigos te animan con eso de ‘un clavo saca a otro clavo’. Todos conocemos a una persona Tarzán, que va de una liana a otra. Todos somos esa persona en un momento dado y cometemos el error de querer sustituir a una persona por otra. Yo creo que ninguna persona es sustituible. Podrá ser mejor o peor, pero es diferente. Entre una y otra habría que sentarse, llorar un poco y preguntarse qué quiero. Pero eso da un poquito de miedo. Creo que utilizamos a las demás personas para no ocuparnos de nosotros mismos.

Nos han metido en la cabeza que tenemos derecho a disfrutar del sexo con los hombres y, por supuesto que sí. Pero eso es un mensaje muy erróneo porque convierte una supuesta libertad en un mandato, en una obligación.

P: Y esa idea de que “la mujer tiene que hacer lo mismo que los hombres y tener mucho sexo”, ¿no es demasiada presión?

R: Critico eso en la novela. Las mujeres hemos crecido con mensajes contradictorios. Cuando somos más pequeñas es, ‘protégete del sexo’, ‘esto es algo malo’, ‘no desees demasiado’. Pero cuando eres más mayor es eso de ‘tienes que ser sexualmente activa’, ‘tienes que convertirte en una mujer libre’, muy entre comillas esa libertad. Nos han metido en la cabeza que tenemos derecho a disfrutar del sexo con los hombres y, por supuesto que sí. Pero eso es un mensaje muy erróneo porque convierte una supuesta libertad en un mandato, en una obligación. Creo que ahí nos hemos equivocado un poco. No sé si es acertado o no, pero creo que tampoco deberíamos homologar nuestro deseo a masculino porque somos diferentes y no pasa nada.

P: Nos estamos acostumbrado a escuchar hablar de sexo, menos del deseo femenino que centraliza gran parte de esta novela. Después del libro, ¿has llegado a conclusiones?

R: Creo que aún tengo más preguntas, la verdad. En la novela hay muchas preguntas que no se responden y a ver si los lectores llegan a sus propias conclusiones, que supongo que las habrá muy diferentes. Yo creo que deberíamos aprender a vivir más presentes en nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo habla y deberíamos pararnos a escucharlo un poco.

P: La falta de deseo es un gran temón del que no se habla. A ver quién dice tan claramente que “el sexo ni me viene ni me va. De hecho, si no lo tengo que practicar, casi que mejor”.

R: Me atrevería a decir que mucha gente lo ha sentido en algún momento de su vida. Por eso me gusta Clara, suelta frases que nadie diría en la vida real en alto. Esa frase es interesante porque al final ella tiene un rechazo al sexo por cómo aprendió la sexualidad. No creo que tenga que ser arreglada, pero sí investigar por qué está así. La novela ha investigado por qué ha llegado a ese punto.

Creo que muchas mujeres hemos aprendido a representar un papel por entrar en ese molde de lo que es una mujer deseable, aceptable y de valores, ese concepto que tanto se lleva ahora y que a mí me da tantos escalofríos.

P: El orgasmo fingido sigue siendo una realidad. Solo el 3,6% de las mujeres tienen orgasmos con la penetración. ¿Por qué no asumimos?

R: Siento que a lo mejor esa conversación la hemos superado ya y es de hace algunos años, pero creo que sigue presente. Hay un documental que también recomiendo –hay muchos referentes audiovisuales en el libro- que se llama Las muertes chiquitas en el que escuchas hablar a mujeres de 60 y 70 años que nunca han tenido un orgasmo en su vida. Te sorprende muchísimo, aunque tampoco pasa nada. La novela no intenta defender que tienes que disfrutar sí o sí y tienes que ser un ser sexual. Si no lo eres no pasa nada, pero creo que muchas mujeres hemos aprendido a representar un papel por entrar en ese molde de lo que es una mujer deseable, aceptable y de valores, ese concepto que tanto se lleva ahora y que a mí me da tantos escalofríos. Hemos aprendido muy bien a representar ese papel y nos hemos desconectamos con lo que queremos. Creo que muchas no sabemos ni lo que queremos.

P: La novela se centra mucho en el sexo y el deseo femenino. ¿Hay algún paralelismo con el masculino?

R: Intenté hacerlo con los personajes masculinos. Me gusta mucho el personaje del ex novio. Hay un capítulo que narra él porque coloco a Clara en su papel victimista y quería saber la opinión de él. No es un monstruo, sino un chico que la cuida mucho, que la quiere mucho. Me interesaba ese capítulo porque para él fue muy duro no ser deseado e intento decir que, en una ruptura, sea quien sea quien lo deje, las dos personas sufren. El otro chico, que también tiene un problema con su sexualidad que es más tabú todavía que con las mujeres y he intentado dar esas dos pinceladas con esos personajes. Me encantaría que los hombres entraran en el debate.

A veces utilizamos el sexo como la excusa para recibir un poco de cariño de alguien, que es lo que nos apetece.

P: “El sexo de fiesta está sobrevalorado”. ¿Lo crees de verdad?, porque hay quien lo considera un triunfo?

R: ¿Alguien piensa que está bien f*llar después de salir de fiesta? Esto lo digo yo, no me importa. Es algo que cada vez más escucho entre mis amigos y mis amigas, que está sobre valorado. Ttal vez dormir y hacer la cucharita, y tal vez al día siguiente, después de un café… A veces utilizamos el sexo como la excusa para recibir un poco de cariño de alguien, que es lo que nos apetece. No quiero hablar por todo el mundo, pero me atrevería a decir que existe esa parte, que, en realidad, el sexo es secundario y lo que queremos es el abracito de alguien.

P: Hablas de la presión del sexo en la adolescencia y la edad marcada para empezar. ¿Qué les dirías a los adolescentes que están en ese punto?

R: Que no lo hagan por obligación, ya tendrán años y años. Que lo hagan de verdad cuando les apetezca. Es una obviedad lo que acabo de decir.

P: “En el porno es diferente”, le dicen a Clara en su primera vez. ¿Por qué crees que el porno sigue siendo la gran escuela?

R: No hemos recibido educación sexual. No sé si las nuevas generaciones han recibido más que la nuestra, no lo sé, lo desconozco, pero si nadie nos habla de qué va esto, acabas acudiendo al porno y piensas que el sexo es eso. Nada más lejos de la realidad. creo que muchas personas intentan recrear ese papel que ven en las pantallas y eso es peligroso. Uno, porque te distancias de lo que de verdad tú quieres porque solo quieres representar ese papel para que la otra persona te acepte y te desee. Y otra, porque pueden surgir violencias que no deberían estar en una relación sexual.

P: La sexualidad, desde luego, no da esa seguridad y genera muchas preguntas. “Toda mujer ha tenido alguna vez una amiga que la obligó a preguntarse si quería ser como ella o f*llársela”, ¿experimentar es la clave?

R: Por supuesto. Reivindico mucho experimentar, no ponerse tabús a una misma. Esa frase es un poco de coña, pero seguramente muchas personas se ven reflejadas en ella. Desde el respeto, yo creo que experimentar, siempre.

P: Estamos en un mundo de cuestionamiento continuo. A Clara no le gusta que los hombres le pregunten por qué se deja pelo en axilas, cejas y labio superior, ¿todavía no está superado?

R: Yo pensaba que sí, pero no. Estoy rodeada de un círculo de personas y pienso que todo el mundo es así y luego en cuanto sales un poco de tu burbujita diminuta, ves que alguien todavía se horroriza por eso. A mí me parece del pleistoceno esta conversación, o incluso no llevar sujetador y que se te noten los pezones. Yo pensaba que era una cosa que habíamos superado y se ve que no, incluso estamos volviendo un poquito para atrás. No debemos dar por hecho las cosas conquistadas porque no. Todavía molesta mucho eso.

P: Hablas también de la depilación de la vulva. De hecho, la vagina como estudio de una misma. ¿Crees que las nuevas generaciones ya lo tienen normalizado?

R: Creo que sí. Creo que nos llevan años de ventaja en esto. Lo toman con muchísima más naturalidad y creo que no tienen ciertos tabúes que teníamos nosotros en torno a nuestro cuerpo y a nuestra vagina. Tampoco es que conozca muchos adolescentes, pero me da la sensación de que hay un salto, afortunadamente, ahí.

P: También hablas de relaciones familiares y planteas temas como que realmente no conocemos a nuestros padres más allá de su rol de padres. ¿Crees que ocurre así de normal?

R: No sé si es lo habitual, pero sí es lo que viví yo. Tengo dos padres que son maravillosos. Es algo generacional. Sí veo que nuestros padres, a lo mejor no han recibido la educación emocional que hemos recibido nosotros y no saben hablar según qué cosas y el cariño te lo trasladan de otra forma, como haciéndote de comer, que es el lenguaje de amor más primigenio o cambiándote la cama cuando tú vas al baño porque estás deprimidísima –son los casos que pongo en la novela-. Creo que nuestra generación está hiper alfabetizada emocionalmente, sabemos ponerle nombre a todo, nos encanta un síndrome, nos encanta la responsabilidad afectiva, que está bien, pero veo que tampoco lo hacemos haciendo mejor que ellos, nos siguen saliendo mal las cosas. No sé qué es mejor. Mientras crecemos pensamos que nuestros padres solo son nuestros padres y cuando vamos al cole, ellos se apagan como si fuera Alexa, pero ellos han tenido un pasado y han sido jóvenes y cuando conoces esas grietas de tus padres, te asombras. ¿Cuántos lectores saben cuál es el color favorito de sus padres? Clara ve por primera vez vulnerable a su padre que es algo que nos ocurre cuando llegamos a una edad y vemos que envejecen y el rol se va a cambiar y vas a tener que cuidarlos tú y eso acojona muchísimo. Clara se plantea que en cualquier momento su padre se va a morir y no sabe ni cuál es su color favorito. Animo a todo el mundo a que haga más preguntas a sus padres.

P: Otra de las cosas que han causado trauma en Clara es el sobrepeso de su padre por el que dirán. Este cuestionamiento constante del cuerpo y los estándares, ya no solo en nosotros mismos, sino en los demás.

R: Ella es una chica muy normativa, es guapa, es delgada, pero sí tiene cierto trauma porque creció al lado de su padre que es un hombre con sobrepeso y creció viendo las miradas que recibía. Nosotros nos comemos eso y más cuando somos jóvenes.

P: Una de las cosas que reflexiona Clara es que “das yuyu si no te gustan los perros”. Ay los animalistas.

R: Me gustaba poner a Clara como una persona a la que no le gustan mucho los animales porque creo que a la gente a la que no le gustan los animales les da miedo decirlo. A mí me encantan los animales, los perros también. Es un personaje inventado y puedes poner todas las cosas políticamente incorrectas y necesitaba que no le gustasen los perros porque siento que hay muchas personas que no se atreven a decir que no les gustan los animales.

P: “Una boda es una ficción social espeluznante”. Tú no te has casado, claro.

R: Jajajaja, no me he casado, pero he ido a muchas bodas. Yo no soy Clara, pero me flipan las bodas y cada vez que veo una digo que quiero casarme, luego sé que no. La novela no es anti matrimonio, para nada, pero son un acontecimiento a analizar por antropólogos ver en qué se han convertido. Algunas tienen tantas cosas que parece Terra Mítica eso. Yo quería con ese comentario bromear sobre el tema porque creo que se nos ha ido de las manos, mesas de tatuajes. Hay otro capítulo en el que se habla de una pareja de señores mayores –no quiero hacer mucho spoiler, uno está enfermo y el otro le está cuidando y hay una frase que decía como ‘el matrimonio es una administración conjunta del miedo’ y eso me gusta. Me gusta satirizar con esas cosas.

Estoy cansada de que me salgan reels en Tik Tok de cómo ser feliz sola, de cómo valorarte a ti misma… no, perdona, no me hagas responsable de mis inseguridades porque todos somos responsables como sociedad.

P: “La autoestima es una responsabilidad colectiva”. Esto es darle un nuevo punto de vista porque normalmente se ha hablado de este tema como un trabajo personal.

R: Me alegro de que me saques eso. Para mí es una de las cosas más importantes del libro. Estoy cansada de que me salgan reels en Tik Tok de cómo ser feliz sola, de cómo valorarte a ti misma… no, perdona, no me hagas responsable de mis inseguridades porque todos somos responsables como sociedad. La autoestima me parece un concepto muy engañoso, no me gusta nada esa palabra porque no depende de nosotros. Nuestra mente no es limpia, está intoxicada por todo lo demás y depende de todos nosotros.

P: También hablas de amistad. Clara reconoce que puedes tener una amiga a la que amas, pero que te caiga mal. ¿Eso es posible?

R: Por supuesto, casi todas las amistades. Si hay una historia de amor en el libro es sobre la amistad, eso cien por cien. Para mí las amigas de Clara son muy importantes y las he hecho un poquito odiosas. No quería hacer una novela de mujeres ejemplares, me parece aburrido e irreal. Todos somos un poquito miserables, un poquito odiosos y un poquito egoístas y narcisistas. Tengo muchos amigos de lazos muy estrechos desde hace mucho tiempo y, ¿por qué han durado tanto? Porque nos aguantamos nuestra parte odiosa y para mí la amistad es esa, querer a una persona, aunque a veces quisieras matarla, entiéndeme, no en sentido literal, jaja. Las amistades puras no existen.

P: Por acabar con referencias: ¿Qué te enseñó el libro Tu sexo es tuyo que menciones en varias ocasiones en el libro?

R: Me enseñó a no hacerle mucho caso, la verdad. Lo compré para la novela porque es un tema complejo y yo no soy sexóloga, ni psicóloga y se me hacía grande el tema. Tuve que investigar mucho y leer este tipo de libros y me compré ese libro que es el primero que te recomiendan y yo no lo pude acabar. La frase que pongo en el libro es la conclusión que saqué: nos hace creer que el sexo es nuestro, pero luego, en la vida real, eso es lo que debería ser, sería lo ideal si viviésemos solas en el mundo, pero sería muy superficial quedarnos ahí. Nuestro deseo, más que el sexo, depende mucho de dónde hemos nacido, nuestras condiciones, nuestra educación, los mensajes que hemos recibido de los demás, los mensajes que ha recibido nuestro cuerpo… ¿Qué saco de conclusión sin criticarlo porque quien lo haya escrito será una profesional como la copa de un pino? No es tan fácil, no es una lista de cosas que tienes que hacer y, de repente, tu sexo es tuyo. No.

P: ¿Lo que no te gustaría que pasara por alto de tu libro?

R: Una cosa que no trato muy explícitamente, pero para mí es muy importante. En la novel reivindico mucho el fracaso. Necesitamos más referentes de mujeres que han fracasado y que está bien porque siempre nos queremos fijar en la que ha triunfado, pero se puede tener una vida sin todos los checks sociales y esa vida merece la pena. Reivindico el fracaso, me gustaría que se quedasen con eso.