Diez años de 'La montaña rusa': el disco en el que Dani Martín decidió exponerse más que nunca

Grabado en Abbey Road, entró directamente al número uno en España

Dani Martín, actuando en la gala de los premios Ondas de 2016. / Miquel Benitez

Dani Martín llevaba tiempo intentando dejar de convencer a quienes habían decidido que nunca les iba a gustar. Durante los años de El Canto del Loco había conocido una forma de éxito tan masiva que a menudo venía acompañada de cierta condescendencia: demasiadas adolescentes, demasiadas canciones en la radio, demasiados discos vendidos para quienes todavía confundían popularidad con falta de credibilidad. En septiembre de 2016, sin embargo, aquello parecía preocuparle bastante menos. «La credibilidad ya no es una lucha para mí», decía entonces. Y el 23 de septiembre publicó La montaña rusa, su tercer álbum de estudio en solitario, un disco en el que decidió que, si ya no necesitaba demostrar quién era, podía permitirse algo bastante más arriesgado: contar cómo estaba.

Habían pasado tres años desde Dani Martín, el álbum de 2013 que había consolidado una carrera propia después de Pequeño y había llevado al músico madrileño a ofrecer más de 70 conciertos entre España y Latinoamérica. En 2015 celebró sus primeros quince años de trayectoria con dos actuaciones especiales de La cuerda floja, en Madrid y Barcelona, ante más de 25.000 personas. Profesionalmente se encontraba en una posición cómoda; sentimentalmente, bastante menos.

De ahí salió el título. Dani explicaba entonces que vivía en un «desequilibrio y una contradicción constante». Durante aquellos tres años se había enamorado y desenamorado varias veces, y las doce canciones del álbum acabaron reflejando esa sucesión de euforia, frustración, deseo, pérdida y vuelta a empezar. Las personas de su entorno llegaron a advertirle de que quizá estaba contando demasiado. Él pensaba exactamente lo contrario: si tenía alguna utilidad escribir canciones era precisamente poder hacerlo. La montaña rusa terminó siendo, según reconocía, su trabajo más autobiográfico.

Para grabarlo decidió marcharse a un lugar que imponía incluso antes de enchufar una guitarra: el estudio 2 de Abbey Road, en Londres. Llegaron, según su divertida descripción, «como si fuéramos paletos enroscándonos la boina». Esperaban casi un museo dedicado a The Beatles y se encontraron unas paredes que no se limpiaban para no alterar la acústica, un suelo sin pulir y unas instalaciones bastante menos lustrosas de lo imaginado. Pero también encontraron una sala cuya reverberación fascinó inmediatamente a Martín. Incluso utilizó para las voces un micrófono de 1931. Quería grabar con cierta idea romántica del oficio, buscando sonido antes que perfección tecnológica.

Musicalmente, La montaña rusa recuperaba además una energía más rockera. «Las ganas», primer adelanto, entraba directamente con guitarras; «Los charcos» mostraba una cara más contenida y melódica; después aparecían «París», «Paloma», «Dibujas», «Nada más que tú», «Que se mueran de envidia», «Romperás», «Guerra de pasos», «Pelear» y «Ahora». El álbum se cerraba con una canción que no había escrito Dani: «Madrid, Madrid, Madrid».

En uno de esos días en los que la cabeza de Martín estaba especialmente revuelta, llamó a Leiva y le contó lo que le ocurría. Al día siguiente, su amigo telefoneó para decirle que había compuesto una canción a partir de aquella conversación. «Madrid, Madrid, Madrid» terminó grabándose de manera artesanal por ambos en el estudio que Dani tenía en casa, fuera de las sesiones de Abbey Road. El gesto encajaba perfectamente dentro de un álbum dedicado a convertir experiencias personales en canciones: esta vez alguien había escrito desde fuera aquello que él acababa de confesar.

Dani Martín - Las ganas

El lanzamiento también estuvo bastante lejos de ser discreto: el 23 de septiembre de 2016, Dani Martín se subió con su banda a un autobús descapotable de dos pisos y recorrió el centro de Madrid tocando las nuevas canciones. Salió de Plaza de España y avanzó por lugares como Callao, Cibeles, Goya o Serrano hasta llegar a la Puerta de Alcalá, mientras miles de personas seguían el vehículo y algunas calles quedaban prácticamente colapsadas. Había querido hacer algo parecido diez años antes con El Canto del Loco; ahora podía permitirse convertir Madrid durante unas horas en el escenario de presentación de su nuevo disco.

La respuesta comercial confirmó inmediatamente que aquella exposición emocional no había alejado precisamente a su público. La montaña rusa entró directamente al número uno de la lista española de álbumes y obtuvo el Disco de Platino en su primera semana, correspondiente entonces a 40.000 unidades distribuidas. Permaneció también una segunda semana consecutiva en lo más alto. Al terminar 2016, pese a haber sido publicado cuando quedaban apenas tres meses para cerrar el año, fue el cuarto álbum más vendido en España.

Después llegó una gira planteada de manera bastante significativa. En lugar de lanzarse directamente a los grandes pabellones, Martín prefirió teatros y auditorios, lugares donde el público acudiera realmente a escuchar. Cuando comenzó el tramo español en febrero de 2017, ya tenía 25 conciertos agotados; cinco fechas madrileñas habían vendido todas sus entradas en menos de nueve horas. La gira terminaría superando los 40 conciertos por España, con localidades agotadas.

La montaña rusa ocupa un lugar interesante en su discografía porque llegó cuando Dani Martín ya había resuelto la pregunta que inevitablemente persigue a quien abandona un grupo gigantesco: si podía existir musicalmente fuera de él. Pequeño había dado la primera respuesta y Dani Martín la había confirmado. Aquí la cuestión era otra. Dani dejó de preocuparse por parecer suficientemente serio, suficientemente rockero o suficientemente respetable y escribió sobre sus contradicciones, sus rupturas y esa tendencia suya a imaginar situaciones que todavía no habían ocurrido para después sufrirlas como si fueran reales. El título terminó resultando bastante exacto.