Crítica de 'The Life of a Showgirl: The Encore', de Taylor Swift: cuando el bis es mejor que parte del concierto
Cuatro canciones nuevas amplían el último disco de Taylor Swift

Taylor Swift estrena The Life of a Showgirl: Encore, con Patient Zero como focus track / UNIVERSAL
A veces, los artistas publican una edición deluxe porque les sobraron canciones. Taylor Swift publica un encore porque, al parecer, una era no termina hasta que ella decide que hemos hablado suficiente de ella.
Casi un año después de The Life of a Showgirl, llegan cuatro temas nuevos: Patient Zero, Cleveland!, Pink Clouding y Babylon. Max Martin y Shellback vuelven a acompañarla, pero lo curioso es que estas canciones no suenan demasiado interesadas en continuar donde acabó el disco. Por momentos parecen más bien cuatro caminos que Swift podría haber tomado y no tomó.

'The Life of a Showgirl: The Encore', de Taylor Swift, con cuatro canciones nuevas, ha visto la luz este 25 de septiembre.

'The Life of a Showgirl: The Encore', de Taylor Swift, con cuatro canciones nuevas, ha visto la luz este 25 de septiembre.
The Life of a Showgirl era un álbum obsesionado con el espectáculo, con la vida pública y con la idea bastante poco modesta —aunque comprensible cuando eres Taylor Swift— de observar qué ocurre cuando una persona se convierte en una industria. Aquí, en cambio, vuelve a aparecer algo bastante más reconocible en la artista, Taylor pensando demasiado en una relación de hace años ¡Por fin!
LOS40
LOS40
Análisis de Patient Zero
Patient Zero parte de una metáfora bastante Swift. Una mala relación convertida en enfermedad transmisible. Ella fue la primera paciente y ahora contempla desde la distancia cómo otra mujer empieza a presentar los mismos síntomas.
La teoría favorita de muchos seguidores apunta a Sophie Turner y Joe Jonas. Swift salió con Jonas en 2008 y, años después, se mostró especialmente cercana a Turner durante su divorcio. La lectura encaja lo suficiente como para resultar tentadora y no tanto como para poder escribirla como una certeza, que probablemente sea el punto perfecto para una canción de Taylor Swift.
La percusión electrónica y ese instrumento que roza el violín le dan un aire extraño, muy clínico, que casa mejor con el título que cualquier teoría de Reddit. El problema llega cuando Swift hace lo que últimamente hace con demasiada frecuencia. Y es que tiene una imagen concreta y decide explicarla hasta que deja de necesitar explicación.
La parte hablada rompe un tema que había encontrado un ritmo mucho más elegante. Swift siempre ha sido una compositora abundante. Antes esa abundancia producía detalles; últimamente, a veces, produce párrafos.
Análisis de Cleveland!
Después llega Cleveland!, que probablemente produzca uno de esos debates agotadores sobre si Taylor Swift puede escribir una canción deliberadamente tonta sin que tengamos que convocar un comité de emergencia sobre el estado de la música pop.
Puede.
Otra cosa es que quieras escucharla todos los días.
La canción recoge las críticas que Swift lleva años recibiendo —su capacidad prácticamente sobrenatural para molestar a personas que podrían simplemente no escucharla— y las enfrenta a una conclusión bastante poco sofisticada: a Travis Kelce le gusta.
Hay referencias a Cleveland, la ciudad en la que creció Kelce, a Cleveland Heights y al universo que él comparte con su hermano Jason en New Heights. Pero la verdadera materia de la canción no es Ohio. Es la sensación de haber encontrado a alguien ante quien la opinión de internet deja de tener demasiada importancia.
Los redobles tienen más vida que buena parte de la percusión del disco original y los teclados se pasean por un pop ochentero deliberadamente brillante. Swift también recupera esa voz medio animadora de instituto que ya había aparecido en So High School.
¿Es cursi? Muchísimo. ¿Lo sabe? También.
Y ahí está la diferencia entre una canción cursi y una canción que simplemente ha salido mal. Cleveland! prácticamente te mira mientras pone los ojos en blanco consigo misma. El problema es que entender el chiste no obliga a encontrarlo gracioso.
Análisis de Pink Clouding
Pink Clouding es bastante más difícil de despachar con una broma porque, de las cuatro, es la que mejor recuerda por qué Swift llegó a ser tan buena escribiendo canciones sobre relaciones.
Aquí no hay un villano conveniente, sino culpa.
La producción es engañosa. Hay ecos de Lover y 1989. Podría estar sonando mientras alguien conduce con las ventanas bajadas. Mientras tanto, Swift está preguntándose si hizo daño a una buena persona y si llega una década tarde para pedir perdón.
La expresión pink clouding describe ese periodo de euforia en el que todo parece extraordinariamente bien antes de que aparezca la realidad. Swift la utiliza como "estar tan arriba que todavía no puedes ver la caída".
Como era inevitable, ya existen teorías. Joe Alwyn y Tom Hiddleston aparecen entre los candidatos favoritos. Personalmente, la identidad importa bastante menos que el cambio de posición que plantea la canción.
La Taylor Swift más mediocre escribe desde el banquillo del fiscal. La mejor sabe que a veces le toca sentarse enfrente. En Pink Clouding se permite considerar la posibilidad de que esta vez fuese ella quien se equivocó. Y, además, tiene melodía. Algo que parece una observación absurdamente básica sobre una canción pop hasta que recuerdas cuántas conversaciones sobre Swift terminan tratando sobre absolutamente todo menos sobre cómo suena.
Análisis de Babylon
Y entonces llega Babylon. Una guitarra acústica basta para que aparezca inmediatamente el fantasma de otra Taylor. No exactamente la adolescente de Nashville, pero sí la compositora de Fearless y Speak Now, aquella capaz de construir una historia antes de preocuparse por convertir cada línea en una frase destinada a Instagram.
Ese parentesco con sus primeros discos también aparece entre las primeras lecturas del tema. Hay algo country en el movimiento de la canción, pero sobre todo hay espacio. Babylon no parece tener prisa por demostrar lo lista que es y, ¡le sienta fenomenal!
La canción habla de marcharse, de perseguir otra vida, de mirar hacia atrás y descubrir que quizá lo valioso estaba precisamente en aquello que parecía demasiado pequeño cuando todavía lo tenías delante. El amor, la casa, la persona que espera mientras tú continúas buscando una versión más grande de todo. Fama, dinero, éxito, el siguiente lugar. Babylon.
Es también la más ambigua de las cuatro, y por eso la que más crece después de escucharla. Swift no señala cada puerta de salida con un cartel luminoso. Hay imágenes que quedan abiertas y personajes que no reciben ficha biográfica.
Después de años entrenando a su público para realizar una autopsia sentimental de cada pronombre, resulta refrescante que una canción pueda conservar algún secreto.
Estas cuatro canciones no cambian completamente The Life of a Showgirl. Lo interesante es que muestran varias versiones de Taylor Swift compitiendo por quedarse con el micrófono. Todos sabemos cuál es la versión de Taylor que echamos de menos, pero nos alegramos de que a ella no parezca importarle. Fue el fin de la lucha.












