25 años de la boda de Jennifer Lopez y Cris Judd: se enamoró de su bailarín y nueve meses después todo había terminado
Se conocieron rodando 'Love don't cost a thing' y protagonizaron uno de los romances más fugaces de la época dorada de J.Lo

Jennifer Lopez y Cris Judd, en Puerto Rico, semanas antes de casarse.
En el vídeo, ella camina por una playa quitándose uno por uno los símbolos de una relación que ya no quiere: las gafas, el abrigo, las joyas y finalmente el coche, abandonado como quien deja atrás una vida que ha dejado de interesarle. “Love don't cost a thing” hablaba de una mujer cansada de que intentaran comprar su amor; lo que nadie podía saber durante aquel rodaje de finales de 2000 era que entre los bailarines había un hombre con el que Jennifer Lopez terminaría casándose apenas unos meses después. Se llamaba Cris Judd, era bailarín y coreógrafo, y el 29 de septiembre de 2001, hace ahora 25 años, se convirtió en el segundo marido de una de las mujeres más famosas del planeta.
El momento profesional de Lopez difícilmente podía ser más espectacular. En enero había publicado J.Lo, su segundo álbum, y había conseguido una proeza inédita: situar simultáneamente un disco en el número uno del Billboard 200 y una película, The wedding planner, en lo más alto de la taquilla estadounidense. “Love don't cost a thing” había sido uno de los grandes motores de aquel éxito y su versión en español, “Amor se paga con amor”, llegó también al número uno de LOS40 el 10 de febrero de 2001. Jennifer ya no era una actriz que también cantaba ni una cantante que intentaba hacerse un hueco en Hollywood; era ambas cosas a la vez y, además, una celebridad cuya vida sentimental empezaba a interesar casi tanto como sus canciones.
Cris Judd estaba al otro lado de esa maquinaria. Había trabajado como bailarín profesional y fue contratado para participar en el vídeo de “Love don't cost a thing”. Allí se conocieron. Después continuó trabajando con ella y llegó a coreografiar los conciertos que Lopez grabó en Puerto Rico para un especial televisivo.
LOS40 Classic
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Había además un pequeño inconveniente: cuando se rodó el vídeo, Jennifer mantenía todavía su tormentosa relación con Sean Combs. La ruptura se anunció en febrero de 2001 y poco después Lopez y Judd comenzaron a aparecer juntos. En marzo acudieron a los Oscar como pareja; para el verano, los rumores de compromiso eran ya constantes y en agosto amigos de ambos organizaron una cena en el restaurante Morton's de Los Ángeles que tenía toda la apariencia de una fiesta de compromiso, aunque el representante de Jennifer seguía negándose a confirmarlo oficialmente.

No hubo que esperar demasiado. La boda se organizó con una discreción bastante difícil de conseguir cuando la novia era Jennifer Lopez. La noticia trascendió prácticamente la víspera y el sábado 29 de septiembre de 2001 unas 170 personas, fundamentalmente familiares y amigos, acudieron a una residencia privada en Calabasas, California, con vistas a las montañas. Benny Medina, representante de Jennifer, ejerció como padrino; Arlene Rodriguez, amiga de la cantante desde la infancia, fue la dama de honor. El abogado Barry Hirsch ofició una ceremonia no confesional.
La novia vistió de Valentino: encaje blanco, escote pronunciado y espalda descubierta. Había seguridad suficiente para intentar mantener alejados a los fotógrafos y, según las crónicas publicadas inmediatamente después, apenas hubo celebridades entre los invitados. El portavoz de Lopez describió la ceremonia como íntima, personal y emocionante. Para Judd era su primer matrimonio; para ella, el segundo, después de su breve unión con Ojani Noa, terminada en 1998. La coincidencia tenía cierta gracia: la mujer que aquel mismo año había arrasado en los cines interpretando a una organizadora de bodas en The wedding planner terminaba 2001 organizando la suya; y parecía feliz.
Tres días después, los recién casados aparecieron en Milán para asistir a un desfile de Versace. Llegaron cogidos de la mano, vestidos ambos de blanco y perseguidos por los fotógrafos; Donatella Versace organizó después una celebración para ellos en Villa Fontanelle, su residencia del lago Como. La luna de miel mediática continuaba.
Duró bastante menos que el matrimonio que muchos imaginaban. En junio de 2002, apenas nueve meses después de la boda, se confirmó la separación. Las primeras informaciones hablaron de una ruptura amistosa y señalaron que no existían planes inmediatos de divorcio, pero Lopez terminaría presentando la demanda. Para entonces su vida había vuelto a cambiar a velocidad de videoclip: durante el rodaje de Gigli había conocido mejor a Ben Affleck y, antes incluso de que el divorcio con Judd fuese definitivo, comenzaría con él la relación que la prensa bautizó como “Bennifer”.
El divorcio de Cris Judd se hizo efectivo en enero de 2003. Aquella boda de Calabasas quedaba convertida en un episodio sorprendentemente breve dentro de una etapa en la que todo parecía sucederle a Jennifer Lopez a una velocidad extraordinaria.
Quizá por eso la historia resulta tan representativa de la J.Lo de 2001. En doce meses consiguió el número uno simultáneo en música y cine, multiplicó su presencia en las portadas, dejó atrás una relación extraordinariamente mediática, se enamoró de uno de sus bailarines y volvió a casarse. Profesionalmente estaba aprendiendo a manejar una fama gigantesca; personalmente parecía vivir dentro de esa misma montaña rusa.
Y todo había empezado durante la grabación de una canción cuyo título terminó adquiriendo una involuntaria ironía. “Love don't cost a thing” aseguraba que el amor no cuesta nada. El vídeo, al menos, le salió bastante más caro a Jennifer Lopez: encontró marido.













