Estos son los bosques más valiosos de España
Una investigación ha identificado en el Parque Nacional de Aigüestortes, en el Pirineo catalán, algunos de los bosques maduros más excepcionales del país. Son ecosistemas extraordinariamente ricos en biodiversidad que han sobrevivido durante siglos con muy poca intervención humana.

El Parque Nacional de Aigüestortes. / Ganna Zelinska
Los bosques son ecosistemas esenciales para la vida en el planeta. Albergan una enorme diversidad de especies, capturan dióxido de carbono, regulan el ciclo del agua y contribuyen a proteger los suelos. Pero no todos tienen el mismo valor ecológico. Un bosque que ha crecido de manera natural durante siglos no es comparable a una plantación forestal de hace apenas unas décadas: aunque ambos pueden aportar beneficios ambientales, su complejidad y su riqueza biológica pueden ser muy diferentes.
En ese sentido, los llamados bosques maduros son auténticas joyas de la naturaleza. Lugares donde conviven árboles centenarios, troncos caídos, musgos, hongos y una extraordinaria variedad de seres vivos. Ahora, una investigación ha localizado en el Pirineo catalán algunos de los mejores ejemplos identificados hasta la fecha en España.
En concreto, el hallazgo se encuentra en el interior del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, en Lleida. Un trabajo del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) ha identificado 20 áreas forestales de especial valor que suman 432 hectáreas. Una superficie pequeña dentro de las más de 40.000 hectáreas del espacio protegido, pero de una riqueza extraordinaria.
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Estos bosques son resultado de décadas o siglos de evolución con una intervención humana mínima
¿Y qué convierte a estos bosques en lugares tan especiales? No se trata únicamente de la edad de sus árboles. Un bosque maduro presenta una estructura natural muy compleja, con ejemplares de distintos tamaños y edades, abundante madera muerta y numerosos hábitats para animales, hongos y otros organismos. Todo ello es resultado de décadas o siglos de evolución con una intervención humana mínima.
Los investigadores han utilizado fotografías aéreas históricas, tecnología láser y mediciones sobre el terreno para evaluar su estado. Los resultados son llamativos: mientras los bosques catalanes presentan generalmente niveles de madurez de entre 2 y 3 sobre 10, algunos de los identificados en Aigüestortes alcanzan valores de 7 u 8.
Un patrimonio casi desaparecido
En España ya no quedan bosques completamente vírgenes, y los maduros son extraordinariamente escasos. Se estima que en el ámbito mediterráneo ocupan menos del 1% de la superficie forestal. Los de Aigüestortes se concentran principalmente en los valles de Sant Nicolau, Espot y Colomèrs, e incluyen abetales y pinares de pino albar y pino negro.

Paisaje alpino en el Parque Nacional de Aigüestortes. / Ganna Zelinska

Paisaje alpino en el Parque Nacional de Aigüestortes. / Ganna Zelinska
Su supervivencia tiene mucho que ver con la geografía. Las fuertes pendientes y el difícil acceso han limitado históricamente la explotación forestal, mientras que la declaración del parque nacional en 1955 reforzó su protección. En este entorno existen incluso árboles de entre 800 y 1.000 años, testigos de una historia natural que difícilmente puede recuperarse una vez desaparecida.
Estos ecosistemas también funcionan como laboratorios naturales. Permiten estudiar cómo evolucionan los bosques cuando apenas interviene el ser humano y ofrecen información valiosa para mejorar la conservación de otras masas forestales. Su diversidad de especies y estructuras puede proporcionarles además una mayor resistencia frente a determinadas perturbaciones ambientales.
El cambio climático, con temperaturas crecientes y sequías más intensas, también amenaza a estos refugios de biodiversidad
Pero hay una cuestión importante: no todos los bosques necesitan la misma gestión. Mientras en algunas zonas puede resultar conveniente retirar vegetación para reducir el riesgo de incendios, los investigadores consideran prioritario conservar la dinámica natural de estos espacios excepcionales. En determinados casos pueden ser útiles pequeñas intervenciones selectivas, siempre evitando alterar su equilibrio.
Eso no significa que estén completamente a salvo. El cambio climático, con temperaturas crecientes y sequías más intensas, también amenaza a estos refugios de biodiversidad. Además, los científicos advierten de que todavía quedan regiones españolas insuficientemente estudiadas, por lo que podrían existir otros bosques igual de valiosos pendientes de descubrir. Protegerlos supone conservar algo mucho más difícil de recuperar que un conjunto de árboles: siglos de historia ecológica que son patrimonio de todos.













