Crítica de 'She's The Best', de Troye Sivan: cuando la revelación ocurre en mitad del club
El australiano ha publicado su cuarto álbum de estudio, un trabajo que abandona progresivamente la euforia de la pista de baile para abrazar un pop más sofisticado, cálido y orgánico
Imagen promocional de Troye Sivan, por el lanzamiento de 'She's The Best'. (Imagen cedida por Universal Music)
Tres años después de Something to Give Each Other, el disco que consolidó a Troye Sivan como una de las figuras más interesantes del pop gracias a canciones como Rush o One of Your Girls, el australiano regresa con She's The Best, un trabajo que, sobre el papel, parecía dispuesto a prolongar la euforia de su predecesor. Los primeros adelantos, especialmente la canción homónima y Party, apuntaban en esa dirección: cuerpos en movimiento, pulsaciones electrónicas y una clara conexión con el universo club que tan bien había sabido habitar —tanto en solitario como junto a exponentes como Charli XCX—.
Sin embargo, el cuarto álbum de estudio de Sivan esconde una propuesta bastante más compleja. El propio artista ha explicado que muchas de estas canciones nacieron tras un periodo marcado por la sensación de aislamiento y por la dificultad de construir conexiones duraderas en una vida dominada por constantes desplazamientos profesionales. El resultado es un repertorio más vulnerable y contemplativo.
Troye Sivan - Party (Official Music Video)
Es un LP que comienza mirando hacia fuera, hacia —literalmente— la fiesta y la vida nocturna, pero que poco a poco dirige la atención hacia cuestiones más íntimas: la necesidad de pertenecer, el amor duradero y la búsqueda de estabilidad. Lo interesante es que esa transición no solo aparece en las letras. También está presente en la propia producción. A lo largo del álbum emergen voces lejanas, conversaciones apenas perceptibles, respiraciones y sonidos ambientales que sugieren que siempre hay algo ocurriendo alrededor. Como si Sivan siguiera rodeado de gente, movimiento y ruido, pero incapaz de prestarles verdadera atención.
Una declaración de intenciones disfrazada de canción
La revelación nace precisamente en ese instante en el que uno deja de mirar la pista de baile para quedarse a solas con sus pensamientos. Y su introducción, She's The Best, funciona menos como una canción convencional que como una declaración artística. Sobre una producción brumosa y elegante, cercana al trip-hop y alejada de las fórmulas más inmediatas del pop de radio, Sivan construye una oda a las mujeres que han marcado su vida. De ahí también que Lily Rose-Depp sea la única colaboración del proyecto.
Lo interesante es que, pese a dar nombre al álbum, tampoco representa con exactitud el sonido predominante del conjunto. Más bien abre la puerta a los temas que atravesarán el resto del viaje: la admiración, la compañía y la necesidad de encontrar refugio emocional. Es una introducción conceptual, casi un prólogo, que puede desconcertar a quienes esperan un sucesor directo de Something to Give Each Other.
Del hedonismo dance a un pop más profundo y sofisticado
Los primeros temas de She's The Best todavía conservan ecos del dance-pop que ha definido buena parte de la carrera de Troye Sivan, con reminiscencias a Madonna o Janet Jackson. El cuerpo sigue siendo importante. También el ritmo. Sin embargo, conforme avanza el disco, esa energía inicial comienza a transformarse.
La electrónica permanece presente, pero cada vez deja más espacio a guitarras, pianos, cuerdas y arreglos más cálidos. Es un movimiento que puede dividir opiniones. Quienes busquen una nueva colección de himnos del calibre de Rush probablemente encuentren menos momentos de impacto inmediato. A cambio, Sivan apuesta por una propuesta que nos descubre nuevos matices con cada escucha.
Parte de ese encanto reside precisamente en los detalles. Muchas canciones parecen construidas como espacios habitados, llenos de pequeños elementos que aparecen y desaparecen del plano sonoro. Más que perseguir el gran gancho instantáneo, la producción crea una sensación de inmersión que refuerza el estado mental del narrador: alguien rodeado de estímulos, pero profundamente absorto en sí mismo.
Imagen promocional de Troye Sivan, por el lanzamiento de 'She's The Best'. (Imagen cedida por Universal Music)
Temas como I Do This For You, FF o Love So Big It Hurts representan bien esa transición hacia un pop más sofisticado y orgánico. Hay momentos que recuerdan a esa corriente de pop contemporáneo que prioriza la atmósfera y los detalles por encima del gran estribillo, permitiendo que las canciones crezcan poco a poco en la memoria del oyente.
No todas alcanzan la misma intensidad, pero incluso entonces, el álbum mantiene una identidad muy definida. Quizá no contiene tantos picos inmediatos como Something to Give Each Other, pero sí una consistencia que termina convirtiendo la escucha completa en una experiencia más gratificante de lo que parece a primera vista.
El amor como destino
Buena parte del álbum gira alrededor de una misma inquietud: cómo construir una conexión auténtica en una vida dominada por giras, compromisos y desplazamientos constantes. En entrevistas recientes, Troye ha llegado a describir varias de estas canciones como una especie de manifestación de la relación que le gustaría encontrar algún día.
Lo que evita que el resultado caiga en el sentimentalismo es la honestidad con la que afronta esas aspiraciones. Las letras no hablan del amor como una meta idealizada, sino como algo que todavía está intentando comprender.
Por momentos, She's The Best parece menos interesado en celebrar el romance que en preguntarse cómo sería realmente encontrar un lugar al que volver.
Troye Sivan - She’s the Best (Official Music Video)
Un disco que sirve como manifiesto
Quizá el mayor logro de She's The Best sea precisamente aquello que puede jugar en su contra durante las primeras escuchas. No es un álbum concebido para producir una sucesión de momentos virales. Tampoco parece obsesionado con superar comercialmente a su predecesor.
Los sencillos continúan siendo los cortes más inmediatos y reconocibles del repertorio. Sin embargo, la experiencia completa termina encontrando su fuerza en otro lugar: en la acumulación de detalles, en la coherencia emocional y en una colección de canciones que revelan nuevas capas cada vez que se vuelve a ellas.
Puede que no contenga un nuevo Rush. Pero tampoco lo necesita. Porque, lejos de repetir una fórmula ganadora, Troye Sivan entrega un disco que asume riesgos, amplía su lenguaje y demuestra que todavía tiene nuevos lugares que explorar dentro del pop. Y quizá esa sea la verdadera revelación del álbum: descubrir que, incluso en mitad del club, las canciones más importantes son las que ocurren dentro de la cabeza.
