La fauna salvaje ha caído un 73%, pero hay motivos para la esperanza
El último informe Planeta Vivo de WWF alerta del desplome de las poblaciones de vertebrados desde 1970. Sin embargo, la recuperación de tigres, tortugas marinas y otras especies demuestra que proteger la naturaleza funciona.

El tigre es una de las especies que más ha remontado. / Picture by Tambako the Jaguar
La biodiversidad atraviesa una crisis sin precedentes recientes. La destrucción de hábitats, la contaminación, el cambio climático y la sobreexplotación de los recursos naturales están provocando un declive alarmante de la fauna salvaje. Pero no todo son malas noticias: algunas especies que parecían condenadas a desaparecer están recuperándose gracias a décadas de esfuerzos de conservación.
Así lo recoge la última edición del Informe Planeta Vivo de WWF, que analiza la evolución de 35.803 poblaciones pertenecientes a 5.790 especies de vertebrados. Su principal conclusión es preocupante: entre 1970 y 2022, el tamaño de las poblaciones estudiadas disminuyó una media del 73%. Se trata de una cifra similar a la del informe anterior, aunque ahora se dispone de más datos.
Conviene aclarar qué significa ese porcentaje. No quiere decir que hayan desaparecido el 73% de los animales del planeta, sino que el índice que mide la evolución del tamaño de las poblaciones estudiadas ha descendido esa proporción. Es una diferencia importante, aunque no resta gravedad a la tendencia.
LOS40
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Latinoamérica y el Caribe registran el mayor descenso
Los ecosistemas de agua dulce son los más afectados, con una caída del 85%, seguidos de los terrestres (69%) y los marinos (59%). Por regiones, Latinoamérica y el Caribe registran el mayor descenso, del 95%, mientras que en África alcanza el 80%. Europa y Asia Central presentan una reducción del 23%.
Cuatro ejemplos para el optimismo
A pesar de este panorama, el informe ofrece datos esperanzadores: el 43% de las poblaciones analizadas está aumentando y otro 7% permanece estable. Es decir, la mitad no presenta una tendencia descendente. Y algunos casos demuestran hasta qué punto las medidas de conservación pueden cambiar el destino de una especie.
Uno de los más llamativos es el del tigre, cuya población mundial en libertad ha aumentado más de un 70% entre 2010 y 2025, pasando de unos 3.200 a aproximadamente 5.700 ejemplares. La ampliación de espacios protegidos, la lucha contra el tráfico ilegal y la colaboración con las comunidades locales han resultado fundamentales.
También destaca la recuperación del atún rojo, cuyas poblaciones del Atlántico y el Pacífico habían sufrido un desplome por la sobrepesca. La reducción de las cuotas de captura y una vigilancia más estricta han permitido que ambas dejen de considerarse sobreexplotadas.

El atún rojo también ha recuperado su población. / Giordano Cipriani

El atún rojo también ha recuperado su población. / Giordano Cipriani
La tortuga verde protagoniza otro éxito: en 2025 pasó de estar catalogada como especie en peligro a la categoría de preocupación menor de la UICN, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Detrás hay medio siglo de protección de playas de anidación, reducción de capturas accidentales y cooperación internacional. En el sur de África, algunas poblaciones de elefante de sabana también están creciendo, aunque la especie sigue amenazada en conjunto.
Proteger especies concretas no será suficiente si no cambian los sistemas que impulsan su desaparición
Para WWF, estos ejemplos demuestran que la pérdida de biodiversidad no es inevitable. Sin embargo, proteger especies concretas no será suficiente si no cambian los sistemas que impulsan su desaparición, especialmente la producción de alimentos, la energía y las finanzas. La naturaleza puede recuperarse, pero necesita algo más que buenas intenciones: medidas sostenidas y cambios profundos en nuestra relación con el planeta.













