Ángel Martín sobre la creación: “Nos engañamos pensando que tenemos que estar torturados para crear y componer bien y es falso”
Publica su primera novela, ‘El día que lo fuimos todo’ que nos invita a reflexionar sobre amor, sexo, IA o la muerte a través de un compositor de canciones

Ángel Martín lanza su primera novela, 'El día que lo fuimos todo'. / Imagen cedida por Editorial Planeta
Ángel Martín ha encontrado su hueco en la literatura. Sus dos primeros libros, Por si las voces vuelven y Detrás del ruido abordaban el tema de sus problemas de salud mental en un intento de ser referencia y ayuda para los que pudieran estar pasando por algo similar. Pero ahora, y después de lo bien que le ha ido en su faceta de escritor, ha decidido dar el salto a la ficción y publicar su primera novela, El día que lo fuimos todo.
Abel recibe la noticia de que su abuela está a punto de morir y coge un tren que le lleva de vuelta a casa para poder despedirse de ella. Y en ese viaje va recordando momentos de su vida que le lleva a él y por ende al lector, por reflexiones sobre el amor, la amistad, el sexo, los cambios en la forma de relacionarnos o el peso del pasado en nuestro ahora.
Hemos hablado con él para compartir algunas de esas reflexiones y para conocer mejor a ese compositor de canciones que ha creado.
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Pregunta: Hace tan solo unos días cumpliste 49, ¿hay crisis ahora que te acercas a los 50?
Respuesta: Cero, cero, cero, cero. Nada. Me intimida cero. Pero cero de cero. Pero nunca me ha intimidado cumplir años. No me ha generado ningún tipo de ansiedad, ni movimiento, ni nada. No noto que haya ninguna diferencia entre los 30, los 40 y los 50.
P: Has confesado que con este lanzamiento estás nervioso como un adolescente. ¿Tú tuviste adolescencia de libro?
R: Yo tuve una adolescencia muy tranquila. Si lo comparas con gente que haya tenido adolescencias traumáticas, yo tuve la adolescencia habitual. Mal estudiante, buenos amigos, alguna novia, historias que no salieron bien y poco más. Lo que debe ser la adolescencia, yo creo.
P: Entonces, ¿cómo son esos nervios de adolescente?
R: Son los nervios de cuando te embarcas en algo totalmente nuevo. No tiene más. Es el exponerte a algo. No tiene nada que ver con Por si las voces vuelven o Detrás del ruido. Al final aquí era una experiencia personal y la intención del libro era: yo he pasado por esto, si te sirve lo que he hecho para salir de ahí, fenomenal. Y si no, pues lo siento. Y esto es una historia de ficción que, aunque hayas estado escribiendo mucho tiempo, muchas ficciones, ya sean monólogos o series o teatro o lo que sea, esto era un poco distinto.
P: Dices que venías de esos dos libros que rayaban más lo biográfico. ¿Este hasta qué punto lo es también? ¿Qué parte de esos pensamientos que se van hilando ahí son tuyos?
R: Autobiográfico nada. Se reconoce el tipo de escritura, el tipo de humor y si te gusta lo que hago, sí. Lo que sí hay es una base. Para escribir algo necesitas saber qué piensas tú de eso y luego ya te diviertes con el personaje y tomas decisiones de si va a pensar lo mismo que tú en esa cosa o va a pensar una cosa radicalmente distinta porque te divierte mucho más llevártelo al otro sitio y ver qué pasa, cuáles son las consecuencias de pensar algo radicalmente distinto o de hacer algo que no harías tú o de comportarse de una manera que no tiene nada que ver con la que harías tú. Entonces yo creo que el punto de partida son cosas que a lo mejor tú sí has piensas, sientes, has pensado, te han contado, has visto, has leído, te suenan por ahí y luego juegas con eso, para llevarlo a donde vaya a ser más divertido para la novela.
Si te dedicas a escribir y a componer canciones, yo creo que dedicas mucho tiempo a analizar las situaciones, a pensar, a recordar, a ver cómo se puede exprimir de la experiencia algo que pueda servir a otros.
P: Claro, el protagonista, ya empezamos por lo musical, es un compositor. ¿Esto lo has elegido porque es una vocación frustrada o porque es un compositor?
R: No, el escribir canciones para otros tiene algo que me resulta gracioso, que es dedicas todo tu tiempo para darle el trabajo a otra persona, o sea, haces todo el esfuerzo para que brille otra persona y eso me divierte mucho. Y luego porque si te dedicas a escribir y a componer canciones, yo creo que dedicas mucho tiempo a analizar las situaciones, a pensar, a recordar, a ver cómo se puede exprimir de la experiencia algo que pueda servir a otros. Entonces eso me justificaba un poco la sensación de que es un tipo que piensa mucho en las cosas, que analiza las cosas, que le presta atención, que se fija en los detalles. Entonces tenía más que ver con eso, porque necesitaba un trabajo que tuviera la sensación que era algo de usar mucho la cabeza y de prestar mucha atención a las emociones y a las sensaciones.
P: ¿Tú lo has probado alguna vez eso de escribir una canción?
R: No, bueno, he escrito canciones de comedia, sí. Tuve dos musicales con Ricardo Castella en día, hicimos Nunca es tarde y Love, Pain, Love y luego en Órbita LaiKa también componíamos las canciones de entrada del programa. Era un programa de ciencia y en el arranque había un pequeño monólogo que cerrábamos con una canción. Hablé con el director José Antonio Pérez Ledo y le dije, déjame componerlas. Entonces las componía yo, sí, pero era en comedia siempre.
P: Sí, pero son canciones.
R: Sí, pero no es Pablo López.
P: Alguna de estas canciones, si te pusieras en serio, ¿te atreverías a titularla, como vemos en el libro, Zumito de amor?
R: Estoy viendo una foto de Emilio Aragón ahí detrás y he pensado, sería la típica canción que Emilio Aragón podría hacer, Zumito de amor, Te huelen los pies y Cuidado con Paloma. Formaría parte de ese disco, yo creo.
P: Por cerrar el tema musical, te leo una frase literal: “otra de esas chorradas con las que te vienen los artistas”. La dice Abel cuando estás hablando del mindfulness en el estudio. Luego enumeras una serie de excentricidades, ¿esto es inspiración real?
R: Bueno, esto es porque yo creo que mucha gente que se dedica al espectáculo, entre los que me incluyo, al final tienes manías que vistas desde fuera pueden ser muy ridículas, quiero decir que al final, todos los trabajos tienen cosas que son ridículas, todos, absolutamente todos. Incluso probablemente gente que se dedique a entrevistar a gente diga, no, yo es que tengo que ir con esta grabadora porque esta otra no funciona, es como la otra funciona exactamente igual y es tu puta manía de ir con esta, no tiene más. O sea que todos tenemos caprichitos en todos los oficios, lo que pasa es que parece que en el mundo de los músicos uno piensa que tienen caprichos mucho más grandes, que de repente te van a pedir que los M&M's sean de un solo color y ya está. Entonces juegas un poco con esa idea general que probablemente tiene la gente de, son súper excéntricos, la gente de la música.
P: Y en esa misma reflexión hablas de que estar relajado se carga alguna parte importante del proceso de crear. Si esto lo llevamos a tu novela, ¿necesitas ese estrés para crear mejor o esa relajación se carga tu obra?
R: Cero, cero. Eso lo menciona en relación al hecho de estar como constantemente cambiando cosas y entonces como un disco sale mal, dice a ver si va a ser la comodidad lo que hace que el disco salga mal, pero no, yo creo que durante mucho tiempo nos engañamos pensando que tenemos que estar torturados para crear y componer bien y es falso, o sea es terriblemente falso. O sea que decir a mí cuando me dicen no porque mira qué canciones ha compuesto esta persona que se drogaba y bebía, pues enséñame las que hubiese compuesto si no se drogara y hubiera bebido, porque a lo mejor son mejores. Entonces damos por sentado que la tortura es lo que hace crear.
Nos gusta engañarnos todo el tiempo, pero claro, eso lo vais trasladando a generaciones de después y se creen que si son sanos no pueden componer ni crear.
P: Muchos lo dan por sentado en muchas ocasiones.
R: Sí, pero porque no han probado de la otra manera. Demuéstrame qué puedes hacer sin estar drogado porque a lo mejor te sorprendes tú a ti mismo. Esto lo he hablado alguna vez con amigos que lo que decían era, no, es que yo tenía la sensación de que si no fumaba no iba a escribir, necesitaba tener el cigarro y escribir y es mentira. Es una excusa tuya para estar ocupado con otra cosa, pero no es indispensable estar torturado y estar mal para ser oído y componer. Nos gusta engañarnos todo el tiempo, pero claro, eso lo vais trasladando a generaciones de después y se creen que si son sanos no pueden componer ni crear.
P: Confesaste muchos miedos a la hora de ponerte a escribir esta primera novela. Ahora que ya está en la calle, ¿cuál es el miedo que más te tortura?
R: No, fíjate que ahora mismo ya no hay miedo, lo que hay es vértigo y hay como una inquietud por ver si quien decida leerla, cuando termine de leerla, tiene la sensación de que ha valido la pena invertir tiempo en ti. Esa es la inquietud. Pero ya no hay miedo porque yo estoy satisfecho con lo que he escrito. Tendría miedo si no estuviera satisfecho. Eso puede pasar a veces con proyectos que son para otros. O sea, si te embarcas en escribir para otra persona o estás embarcado en un proyecto de televisión o de radio que no es tuyo al 100%, dependes también de las decisiones de otra persona. Yo tengo la suerte de poder estar embarcado en proyectos donde el resultado final es el que yo he querido que sea. Entonces, si tuviera miedo sería como, bueno, pero ¿en qué no confías? ¿Por qué crees que está mal? Entonces, si creyera que está mal o no confiara, pues con no publicarlo ya está. Entonces he conseguido eliminar ese miedo. Entonces lo que tienes ahora mismo es incertidumbre, más que miedo, de ver qué tal lo recibe la gente.
P: La historia parte de esta noticia que recibe Abel de que se está muriendo su abuela. Emprende este viaje en tren y, claro, ya abrimos el melón de cómo nos enfrentamos a la muerte, que es un tema ya de por sí complicado. Tú das por hecho que recibir una noticia así determina nuestro comportamiento, ¿no?
R: Hay muchas muertes que te dan absolutamente igual. Pero hay algunas muertes que yo creo que te impactan. O la noticia de que alguien está a punto de morir te impacta de alguna manera. Entonces, en el caso de Abel, él siente que eso sí tiene cierto impacto y que le toca ir para allá, claro.
P: Ir para allá conlleva el reencuentro familiar. Esto es otro de los melones importantes. Abel, parece que hace falta este tipo de noticias para darnos cuenta de cuál es nuestro rol o nuestra posición dentro de esa familia.
R: Hay muchas familias así, sí. Hay muchas familias que solo se ven como en bodas y funerales. Lo que pasa es que las bodas cada vez son menos y los funerales más. Es así. Cuando naces lo que más ves son celebraciones y a medida que te haces mayor pues empiezas a ver más funerales que otra cosa. No tiene más. Entonces, también yo creo que tiene que ver cuántas veces te has enfrentado a esa situación. Cada uno en su familia. Pues no es lo mismo la primera vez que tienes que ir de funeral que la segunda, que la tercera. Y tampoco es lo mismo dependiendo de quién sea. Pero sí, claro, los reencuentros familiares dependiendo de la relación que tengas con la familia pues supone probablemente un extra de angustia o un extra de felicidad también. De repente habrá familias que también sea hostia, pues qué bien poder pasar por esto juntos porque la familia está unida y está bien y familias que digan qué putada que encima de esto ahora va a sacar aquí a flote cosas que no me apetece que salgan.
P: Cuando te llegan este tipo de noticias es cuando de repente empiezas a hacer balance y mirar al pasado, que es lo que pasa mucho en este viaje de Abel.
R: Claro, yo creo que no lo puedes evitar. Por lo menos lo que no puedes evitar es analizar un poco el tipo de relación que tenías con la persona que te han dicho que está a punto de morir. Eso sí que no lo puedes evitar. Aunque quieras, es inevitable. Entonces, el viaje de Abel es un poco más grande y un poco más personal porque va relacionándola con cosas que le van sucediendo en el tren y con cosas que va viendo y con cosas que va pensando y van sucediendo y que él no puede controlar ni evitar. La cabeza va a donde tiene que ir. Pero no sé si la muerte de cualquiera nos hace reflexionar sobre toda nuestra vida, pero desde luego sí nos hace reflexionar sobre cómo ha sido nuestra relación con esa persona y cómo será en caso de que esa persona muera.
P: Yo iba leyendo la novela y Abel tiene esa capacidad de ir hilando pensamientos y no parar ni un segundo de tener la mente activa. ¿Eso se puede hacer? Porque yo pensaba en lo agotador que era.
R: Probablemente tú lo haces, solo que no prestas atención. Todos lo hacemos. ¿Cuándo has parado de pensar hoy? Probablemente en ningún momento. Lo que yo creo es que no nos prestamos atención a los pensamientos, entonces cuando ves desde fuera cómo funcionan los pensamientos te das cuenta de que los tuyos son exactamente iguales solo que no eres espectador de tus propios pensamientos, pero no hay ningún momento donde la cabeza no esté pensando algo. La cabeza siempre está pensando. Siempre. Uno puede estar centrado en lo que está haciendo en ese momento y aun así la cabeza le está recordando en la parte de atrás que cuando termine tiene que hacer no sé qué y ese hacer no sé qué en paralelo la cabeza le está generando una emoción porque o te apetece o no te apetece y sabes las consecuencias de hacerlo o no hacerlo y eso también lo estás sintiendo, lo estás procesando y lo estás pensando solo que no lo estás escuchando, pero el pensamiento está pasando porque te está generando el que hagas las cosas más o menos rápidas con mayor o menor interés y eso es por algo que está pasando en tu cabeza detrás diciéndote esto tiene que ser rápido, tiene que ser lento lo que pasa que no hay nadie viendo los pensamientos. Lo que me divertía de la novela era poder poner una especie de espejito, de cámara y altavoz dentro de la cabeza de alguien porque así es como funciona nuestra cabeza.
A veces olvidamos que los más jóvenes no pueden tener nostalgia de algo que no han vivido entonces, ellos no pueden saber el valor de una conversación cara a cara si han vivido menos conversaciones cara a cara que nosotros.
P: Otra de las sensaciones que tenía leyendo la novela es que hay tantos pensamientos y situaciones que es fácil identificarse con alguno de ellos. Hablas de esas conversaciones que hoy en día son más habituales por mensaje escrito que cara a cara. ¿Esto no es muy generacional?
R: Fíjate que no creo que sea generacional, sino que lo has vivido y los demás no. Nosotros solo podíamos llamar, no teníamos otra alternativa, no había plan B. Hay toda una generación que ha nacido con muchísimas alternativas para comunicarse entonces, yo creo que muchas veces pretendemos que las generaciones más jóvenes hagan lo que hacíamos nosotros sin entender que ellos nunca han hecho lo que hacíamos nosotros porque nacieron en un lugar donde ya podían hacer otras cosas muy distintas. Es como si mi abuelo a mí me hubiera dicho alguna vez, ‘es que no estás jugando con un tren de madera’. Es como, ¿por qué voy a jugar con un tren de madera si hay cosas mucho más evolucionadas que el puto tren de madera? Sería ridículo. Creo que a veces olvidamos que los más jóvenes no pueden tener nostalgia de algo que no han vivido entonces, ellos no pueden saber el valor de una conversación cara a cara si han vivido menos conversaciones cara a cara que nosotros. Si la forma de comunicarse entre ellos siempre ha sido más grande por mensaje no pueden echar de menos lo otro porque no lo han vivido. No creo que sea nostalgia generacional, creo que es que olvidamos que hay gente que no lo ha vivido. Es una pena porque yo creo que tenía cosas que eran mejores y que permitían que la conversación fuera mejor y entendieras mejor a la otra persona y entendieras por qué la otra persona a lo mejor se estaba enfadando, molestando o agradeciendo o lo que fuera. Un mensaje no te lo va a permitir porque un mensaje no tiene tono, lo leerás desde el estado en el que tú estés.
P: Siguiendo con esto del móvil dice Abel que lo inventamos para no tener que estar nunca solos con nosotros mismos.
R: Sí, eso sí lo creo. Creo que a la gente le cuesta mucho estar sin hacer absolutamente nada en su casa. Creo que hay muy poca gente que sea capaz de simplemente estar un rato mirando por la ventana sin más o de estar sentado sin más en silencio o poner música y escuchar la canción y ya está. Creo que llegas a casa y mientras estás cocinando te pones el podcast que estabas escuchando o la película de no sé qué de fondo o la tele o la radio o cualquier cosa en lugar de estar solo cocinando. Te sientas en el sofá y estás cenando haciendo scroll porque no puedes estar solo cenando, estás deslizando entre vídeos. Creo que no lo inventamos para eso, pero que se ha convertido un poco en eso.
Me inquieta cero que la IA pueda hacer monólogos. Hay cosas que son insustituibles, lo humano es insustituible. Me preocupa más la gente que está usándolo para convertirlo en su amigo y en su psicólogo.
P: También reflexiona sobre las habilidades que el móvil ha hecho que perdamos. Y ya si hablamos de la IA... ¿Le has pedido ideas?
R: No lo utilizo para nada. Hice una vez la prueba hace mucho tiempo cuando empezó ChatGPT quise hacer la prueba de cómo escribir una broma y no, es un desastre, es terrible. Me preocupa cero, me inquieta cero que la IA pueda hacer monólogos. Hay cosas que son insustituibles, lo humano es insustituible. Me preocupa más la gente que está usándolo para convertirlo en su amigo y en su psicólogo. ¿Que habrá gente que acabará haciendo monólogos con IA? Por supuesto, no tengo ninguna duda, probablemente ya haya alguien haciendo un monólogo con IA y subiendo al escenario, pero vamos, me inquieta cero.
P: En estos avances de la tecnología y los cambios en la forma de relacionarnos, aparecen las apps para ligar. ¿Tú alguna vez has hecho uso de ellas?
R: ¿De aplicaciones para ligar? No, no, no, me ha dado mucha pereza, pero porque no sé luego cómo es el encuentro con la persona, o sea, no sé cómo funciona el encuentro con alguien a quien le has dado OK a su foto. O sea, no sé cómo va eso. ¿Quedáis y qué? No eres la foto.
P: O sí...
R: Me sorprendería mucho. O sea, que tengo amigos que han utilizado aplicaciones de ligar, que me parece fenomenal que las utilices si te apetece, me parece estupendo. O sea, pero nunca es la foto. Y, sobre todo, que es un catálogo. Es como cuando adoptas un perro, te fijas en él porque te llama la atención la foto y luego vas a la perrera a ver qué tal. Entonces es un poco el mismo sistema. La programación del programa es el mismo, la parte de atrás.
Creo que tener hijos también implica asumir ciertas obligaciones como padre. Por eso tienes que enseñar a tu hijo qué es eso del porno.
P: También se refleja la evolución que ha habido con el paso del tiempo en el acceso al porno, cada vez más fácil.
R: El error probablemente está en la comunicación que hagan los adultos hacia los jóvenes respecto a la pornografía. Es muy fácil tirar balones fuera y decir que la persona de nueve años que puede acceder al porno, esa persona de nueve años no ha aparecido en un descampado, digo yo que tiene unos padres. Has decidido traerlo al mundo, tendrás una responsabilidad, sabes el mundo en el que estás. Creo que tener hijos también implica asumir ciertas obligaciones como padre. Por eso tienes que enseñar a tu hijo qué es eso del porno. Si sabes que tu hijo va a tener acceso al porno porque no lo puedes evitar. Tendrás que sentarte con tu hijo y decirle: ‘Existe una movida que es esta’. Igual que nuestros padres hablaban con nosotros de sexo: ‘Existe una movida que es esta, esto tiene estas consecuencias, esto implica esto, sois dos personas’. Hay que tener ciertas conversaciones que pueden ser incómodas, pero sabes que lo que tienes no es un hijo, es un ser humano que va a querer explorar, investigar y hacer cosas.
P: No falta sentido del humor en la novela.
R: Sí, pero porque no sé embarcarme en ningún proyecto que no tenga comedia. Solo me interesa la comedia. Entonces, que tenga mucha, tenga menos, eso ya me da un poco igual. O sea, que sea de un tipo de humor, otro tipo de humor, eso me da igual, lo podemos negociar, pero lo que no es negociable es que algo que construya yo tiene que tener comedia, es imprescindible. Pero porque es lo que más me gusta, es lo que más me gusta consumir también, entonces como es lo que yo consumo y lo que me genera es agradable, prefiero construir cosas que estén cerca de lo que disfruto. Ya está. Entonces sí, el humor es imprescindible para mí.
De adulto puedes decirle a alguien, no me molestes, no me interesas lo más mínimo. Y de joven no puedes hacer eso.
P: En la novela también se ve reflejada la pérdida de la inocencia con el paso de los años. ¿Te gusta ser adulto?
R: Sí, sí, sí. Me gusta mucho ser adulto. Lo disfruto poqrue puedes hacer cosas que de joven, no. De adulto puedes decirle a alguien, no me molestes, no me interesas lo más mínimo. Y de joven no puedes hacer eso. La libertad que te da el ir haciéndote mayor, yo la disfruto muchísimo. Además, no está reñido con seguir disfrutando de lo que hacías cuando eras joven. Puedes hacer lo mismo, solo que se te desbloquean ciertos permisos que puedes usar con total libertad. He tratado con mucha gente mayor y es como, dadme esa mierda que tenéis vosotros de, me da igual.
P: Para ir acabando, cuéntame la escena con la que más te has divertido.
R: Es que me lo he pasado muy bien, no sabría decirte una porque me lo he pasado muy bien. Puede que me divirtiera mucho con un momento en el que él recibe una llamada de una amiga de una infancia, que él recuerda que fue una relación que tuvo cuando era un crío, una novia de niño, y como se está quedando sin batería, no sabe cómo poner fin a la llamada y utiliza una forma que a él le parece que no está mal, que se puede hacer y no pasa nada. Puede que ese momento me hiciera mucha gracia. Pensé, qué miserable, qué triste, qué cobarde todo.
P: ¿Tenías algún listado previo de reflexiones que quisieras dejar plasmadas en la novela?
R: No, me lo he pasado muy bien porque iba metiendo a Abel en jaleos y con lo que pasara resolvía. Me divertía mucho eso. La mayoría de reflexiones o pensamientos han ido surgiendo a medida que avanzaba la historia.
P: Si en algún momento Abel se hubiera puesto cascos para escuchar música, ¿qué crees que habría sonado?
R: Estoy muy a tope ahora con Jon Batiste y se lo pondría en los casos. Probablemente Abel se cansaría, pero le forzaría a escucharlo. No lo conocía muy bien, había escuchado alguna cosa, pero pensaba que era sólo un músico de clásico y me crucé con un documental suyo en Netflix que creo que se llama American Simphony y vi un poco más de su historia y cómo es y me pareció fascinante el personaje y estoy intentando escuchar qué ha estado construyendo todo este tiempo.

P: Por último, ¿qué te gustaría escuchar de los lectores sobre esta novela?
R: Probablemente, que ha invertido la pena invertir el tiempo en leerla y que somos más amigos. Lo peor que pueden decirte es, cómo he malgastado mi tiempo invirtiéndolo en ti.













