Día Internacional de los Residuos Electrónicos: ¿dónde va todo lo que ya no usamos?
Cada año generamos millones de toneladas de basura electrónica, pero menos de una cuarta parte se recicla correctamente. Buena parte acaba contaminando el medio ambiente y poniendo en peligro la salud de las comunidades más vulnerables.
Gestionar los residuos electrónicos suponen un reto de primer orden. / IvanSpasic
Cambiamos de móvil, compramos otro ordenador, sustituimos unos auriculares que han dejado de funcionar o guardamos cargadores que nunca volveremos a utilizar. La tecnología forma parte de nuestra vida cotidiana, pero también genera una montaña de residuos electrónicos que no deja de crecer. Este miércoles 14 de octubre se celebra el Día Internacional de los Residuos Electrónicos, una fecha que invita a preguntarnos qué ocurre con todos esos aparatos cuando dejan de ser útiles.
La jornada fue impulsada en 2018 por el WEEE Forum, una asociación internacional de organizaciones dedicadas a la gestión de residuos eléctricos y electrónicos, con el objetivo de concienciar sobre la necesidad de recogerlos y reciclarlos adecuadamente. Y razones no faltan. Según el Global E-waste Monitor de Naciones Unidas, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de basura electrónica en todo el mundo, de las que solo el 22,3% se recogió y recicló mediante sistemas formales.
Pero ¿dónde acaba todo lo demás? Una parte permanece olvidada en cajones y almacenes, otra termina mezclada con la basura convencional y una cantidad difícil de cuantificar viaja a países con menos recursos, en ocasiones mediante exportaciones ilegales o camuflada como equipos de segunda mano. El problema no desaparece cuando tiramos un aparato: simplemente se traslada a otro lugar.
Agbogbloshie, en Ghana. / picture alliance
Uno de los ejemplos más conocidos es Agbogbloshie, en Ghana, donde durante años se desmontaron y quemaron aparatos electrónicos para recuperar metales. También se han documentado actividades peligrosas de reciclaje informal en países asiáticos y latinoamericanos. En estos lugares, recuperar cobre, oro u otros materiales valiosos puede proporcionar ingresos a familias con pocas alternativas laborales, pero hacerlo sin protección entraña graves riesgos.
El coste oculto de nuestra tecnología
Los dispositivos contienen sustancias como plomo, mercurio y cadmio que pueden contaminar el aire, el agua y el suelo cuando se manipulan incorrectamente. La Organización Mundial de la Salud advierte de que los niños y las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables a estas exposiciones, relacionadas con problemas respiratorios y alteraciones del desarrollo neurológico.
Reciclar, reutilizar o reparar son tres maneras de luchar contra los residuos electrónicos. / Vicente Méndez
Detrás de esta crisis también está nuestra forma de consumir. La obsolescencia programada, entendida como las estrategias que limitan deliberadamente la vida útil de los productos, forma parte del debate. Pero el problema es más amplio: dispositivos difíciles de reparar, baterías que no pueden sustituirse fácilmente, actualizaciones que dejan de estar disponibles y una publicidad que nos empuja a renovar aparatos todavía funcionales.
La responsabilidad no puede recaer únicamente en los consumidores
¿Qué podemos hacer? Para empezar, alargar la vida de nuestros dispositivos: repararlos, comprar productos reacondicionados, compartirlos o donarlos cuando todavía funcionan. Cuando ya no tienen arreglo, deben llevarse a puntos limpios o sistemas autorizados de recogida, nunca al contenedor convencional.
Sin embargo, la responsabilidad no puede recaer únicamente en los consumidores. También hacen falta fabricantes que diseñen productos duraderos y reparables, leyes que garanticen el derecho a reparar y controles eficaces sobre el comercio internacional de residuos. Porque la solución no consiste solamente en reciclar mejor, sino en generar menos basura electrónica desde el principio.
