Muere el conde Rudi, el hombre de la jet set de Marbella
El aristócrata alemán ha fallecido a los 94 años
Maya Swaroski y Conde Rudi en Marbella en 2010 / Europa Press
Marbella ha perdido a uno de los nombres que explican cómo llegó a convertirse en lugar de encuentro de la alta sociedad internacional. Rudolf Schönburg-Glauchau, conocido como el conde Rudi, ha fallecido a los 94 años, según informa EFE. Murió en la ciudad en la que había construido su vida y a la que llegó casi siete décadas atrás, cuando su futuro como destino de lujo apenas empezaba a dibujarse.
Su historia en España tenía una fecha marcada: el 28 de diciembre de 1956. Aquel día llegó a Málaga después de estudiar hostelería en Lausana, Suiza, y trabajar en Hamburgo. El príncipe Alfonso de Hohenlohe, su primo político, fue quien lo acercó al proyecto que acabaría marcando su carrera: el Marbella Club. Antes de cumplir los treinta ya había asumido la dirección del hotel.
Detrás del título nobiliario había, por tanto, un profesional del turismo. Su trabajo consistía en recibir, organizar y conseguir que los visitantes quisieran regresar. El Marbella Club terminaría reuniendo a miembros de la realeza, actores y empresarios, mientras la ciudad ganaba presencia fuera de España.
La vida anterior a Marbella había sido muy distinta. Nació en el castillo de Wechselburg, en Sajonia, y tuvo que huir con su familia en mayo de 1945, cuando tenía 12 años, ante el avance de las tropas soviéticas. Según Málaga Hoy, aquella salida supuso perder la casa y buena parte del patrimonio familiar. Años después, su formación hotelera lo llevaría a trabajar en establecimientos de Suiza y Alemania antes de instalarse en la Costa del Sol.
También en Marbella consolidó su vida familiar. En mayo de 1971 se casó con María Luisa de Prusia, bisnieta del último káiser alemán, Guillermo II, y prima de la reina Sofía. La ciudad ha despedido ahora a quien fue uno de sus vecinos más reconocibles. La alcaldesa, Ángeles Muñoz, lo ha recordado como "una persona muy querida que deja una huella imborrable en Marbella".
Especialmente personal ha sido el adiós del Marbella Club. El establecimiento recuerda su atención a los pequeños detalles, su cercanía con los trabajadores y las fiestas que organizaba para los huéspedes. También citan su sombrero, sus guayaberas y su costumbre de detenerse a conversar mientras recorría el hotel. Son los recuerdos cotidianos de quienes, durante años, lo llamaron el señor Conde.
