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Salma Hayek le confiesa a Karol G el truco infalible de Penélope Cruz para salir a cenar: "Estoy segura de que no se va a enfadar"

La actriz mexicana se ha acordado de su amiga en mitad de la entrevista con la cantante de 'Bby Wow'

Karol G en el Coachella 2026 / Kevin Mazur

Entre concierto y concierto de su exitoso Tropicoqueta Tour, Karol G ha tenido una entrevistadora de auténtico lujo: Salma Hayek. La actriz mexicana ha conversado con la colombiana para Interview Magazine en una charla relajada, llena de confidencias, risas y alguna que otra anécdota inesperada. Y sí, una de las protagonistas indirectas de la conversación ha sido Penélope Cruz.

Todo surgió mientras ambas hablaban sobre ese complicado arte de parecer natural cuando, en realidad, una lleva horas preparándose frente al espejo. "Hacer un maquillaje 'sin maquillaje' lleva tiempo. Voy a parecer que no me esforcé mucho, pero en realidad me llevó tres horas", confesó entre risas Karol G.

Fue entonces cuando Salma recordó una escena que, según cuenta, ha vivido en innumerables ocasiones junto a una de sus mejores amigas. "Te voy a decir quién es la reina de eso. Estoy segura de que no se va a enfadar. Penélope, ¡Dios mío!", comenzó relatando. "Íbamos a cenar y se cambiaba diez veces. Yo le decía: 'No sé por qué te cambias'. Al final del día, vas a llevar vaqueros, una camiseta y una chaqueta de cuero".

La cantante no tardó en seguirle el juego. "¿Y adivina qué se ponía después de probarse mil cosas?", preguntó Hayek. "La tela vaquera", respondió Karol G, arrancando aún más carcajadas. "Con una camiseta", remató la actriz.

La anécdota terminó convirtiéndose en toda una reflexión sobre la belleza, la naturalidad y la presión que muchas veces existe alrededor de la imagen pública. De hecho, Salma confesó que ella ha optado por simplificarse bastante la vida: "No me esfuerzo demasiado porque sufro cuando lo hago".

La intérprete de Frida incluso bromeó sobre cómo ha cambiado su relación con la moda desde que está felizmente casada. "Si no te esfuerzas todos los días, se acostumbra a tu versión imperfecta. Y entonces, cuando te arreglas, les enseñas a quererte por quien eres, no por tu aspecto", reflexionó ante una Karol G que escuchaba atentamente.

Lo que empezó siendo una conversación sobre maquillaje acabó regalándonos una imagen muy humana de una estrella de Hollywood como Penélope Cruz: la de alguien que puede pasarse media hora decidiendo qué ponerse para acabar saliendo exactamente con los mismos vaqueros y camiseta que tenía pensados desde el principio. Y, sinceramente, es imposible no sentirse identificado.

Salma Hayek y Penélope Cruz: una amistad de película

La historia de amistad entre Salma Hayek y Penélope Cruz lleva más de dos décadas dando titulares. Las actrices se conocieron a finales de los años 90 cuando Penélope comenzaba a abrirse paso en Hollywood y encontró en Salma una de sus primeras grandes aliadas en la industria.

Desde entonces han compartido alfombras rojas, viajes, confidencias e incluso proyectos profesionales como Bandidas (2006), la película en la que interpretaron a dos forajidas tan cómplices delante de las cámaras como fuera de ellas.

Tanto es así que Salma ha contado en varias ocasiones que durante sus primeros años en Los Ángeles solían quedarse a dormir en casa la una de la otra. "Dormíamos en la misma cama muchas veces", llegó a recordar la mexicana en una entrevista, explicando que aquella amistad fue fundamental para afrontar juntas la adaptación a la industria estadounidense.

Penélope tampoco ha escondido nunca el cariño que siente por ella. De hecho, la actriz española suele referirse a Salma como una hermana y una de las personas más importantes de su vida. Una relación que ha sobrevivido al paso del tiempo, a los rodajes, a los premios y a sus respectivas vidas familiares.

Por eso no sorprende que, en mitad de una entrevista con Karol G, Salma terminara acordándose de su amiga. Al fin y al cabo, cuando llevas más de veinte años compartiendo historias, hasta la forma de elegir unos vaqueros para salir a cenar acaba convirtiéndose en una anécdota digna de ser contada.