Las toallitas húmedas siguen siendo un (gran) problema: por qué nunca deberías tirarlas al inodoro
Aunque algunas se anuncien como biodegradables, las toallitas húmedas provocan enormes atascos en las redes de saneamiento y las depuradoras. Adrián, trabajador de una de estas instalaciones, nos cuenta lo que sucede cuando desaparecen por el váter.

Las toallitas húmedas no deben tirarse nunca por el váter. / BSIP
Tiramos de la cadena y todo desaparece. O eso creemos. Porque muchos de los residuos que arrojamos al inodoro no se desintegran ni desaparecen por arte de magia: terminan acumulándose en las alcantarillas y las depuradoras, donde provocan atascos, averías y un enorme gasto económico, además del evidente perjuicio para el medio ambiente. Entre los principales responsables de este problema cotidiano se encuentran las toallitas húmedas.
Adrián conoce muy bien sus consecuencias. Trabaja como electromecánico en estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR), las instalaciones encargadas de tratar el agua que utilizamos antes de devolverla al medio ambiente. Su labor consiste en garantizar que toda la maquinaria funcione correctamente. Y buena parte de su jornada está dedicada a solucionar averías provocadas por residuos que nunca deberían haber llegado allí.
"Cuando una bomba, que debe impulsar el agua residual, no funciona, tengo que averiguar por qué. Y un porcentaje muy alto se debe a atascos por residuos. Normalmente toallitas húmedas", explica a El Eco de LOS40. Pero no son lo único que encuentra: tampones, preservativos, envoltorios de plástico, pañales e incluso camisetas forman parte del sorprendente inventario de objetos que llegan a estas instalaciones.
LOS40
LOS40

Residuos acumulados en una planta de tratamiento. / picture alliance

Residuos acumulados en una planta de tratamiento. / picture alliance
Lo peor que recuerda son unas rejas destinadas precisamente a retener los residuos sólidos. "Estaban absolutamente atascadas, creando un tapón por donde no podía pasar el agua residual de ninguna manera", relata. Una situación que obliga a intervenir para restablecer el funcionamiento de unas instalaciones que no pueden permitirse dejar de trabajar.
Un mensaje engañoso
Uno de los principales problemas es la confusión que generan algunos envases. Que una toallita se anuncie como biodegradable no significa que se deshaga rápidamente en el agua. A diferencia del papel higiénico, diseñado para desintegrarse con facilidad, muchas toallitas mantienen su resistencia durante demasiado tiempo y pueden enredarse entre sí o alrededor de los mecanismos de las bombas.
"El papel higiénico se degrada en cuanto entra en contacto con el agua y se crea un fango que es posible depurar. Pero las toallitas húmedas tardan muchísimo tiempo en degradarse", señala Adrián. En su opinión, la falta de información es una de las principales causas de que este comportamiento siga siendo tan habitual.
Los atascos obligan a realizar labores adicionales de limpieza y mantenimiento
Las consecuencias van más allá de una simple avería. Los atascos obligan a realizar labores adicionales de limpieza y mantenimiento, aumentan el consumo de recursos y, en determinadas circunstancias, pueden contribuir a desbordamientos de aguas residuales. Además, los residuos que escapan de los sistemas de saneamiento pueden terminar contaminando ríos y mares.
Todo ello supone también un coste económico. Las intervenciones constantes para retirar residuos y reparar equipos se pagan, en última instancia, con dinero público o mediante las tarifas del agua. Por eso, Adrián reclama a las administraciones más campañas de información y educación ambiental que ayuden a prevenir un problema perfectamente evitable.
"Estas estaciones no pueden parar y, en definitiva, es absurdo que no funcionen bien por la falta de información que tiene la ciudadanía", lamenta. Y recuerda que la solución no requiere grandes inversiones ni complicadas tecnologías: basta con cambiar un pequeño gesto cotidiano.
Las toallitas húmedas deben tirarse siempre a la papelera, al igual que los tampones, los preservativos y otros productos de higiene personal. Nunca al inodoro, aunque su envoltorio incluya referencias a la biodegradabilidad.
"Este acto cotidiano de nuestra higiene personal se resolvería de un modo tan fácil como metiendo estos residuos en una papelera", resume Adrián. Un gesto que apenas cuesta unos segundos y que puede ahorrar horas de trabajo, reparaciones innecesarias y contaminación. Porque el váter no es una papelera, aunque muchas veces lo utilicemos como si lo fuera.













