60 años del primer número uno de un grupo femenino en Estados Unidos: The Supremes abrieron el camino a las Spice Girls
Diana Ross, Mary Wilson y Florence Ballard demostraron que tres mujeres podían dominar también el mercado de los álbumes.

The Supremes, en concierto en París, en diciembre de 1966. / Christian Rose
Tres mujeres negras, vestidas con trajes idénticos, peinados impecables y una elegancia que parecía estudiada hasta el último movimiento de las manos, estaban a punto de desplazar a The Beatles de lo más alto de las listas estadounidenses. El 22 de octubre de 1966, The Supremes a' go-go alcanzó el número uno del Billboard 200 y convirtió a The Supremes en el primer grupo femenino que encabezaba la clasificación de álbumes en Estados Unidos. Aquella conquista comercial tenía un significado que iba mucho más allá de las ventas: Diana Ross, Mary Wilson y Florence Ballard estaban demostrando que tres chicas de Detroit podían competir con los mayores fenómenos musicales del planeta.
El ascenso había sido vertiginoso, aunque sus comienzos no prometían semejante destino. Las tres habían crecido en Detroit y empezaron cantando bajo el nombre de The Primettes, antes de convertirse en The Supremes y fichar por Motown. Durante sus primeros años apenas consiguieron éxitos, hasta el punto de que dentro de la compañía llegaron a recibir el poco estimulante apodo de las «Supremes sin éxitos».
Todo cambió cuando el equipo formado por Brian Holland, Lamont Dozier y Eddie Holland encontró la fórmula perfecta para sus voces. “Where did our love go”, “Baby love”, “Come see about me”, “Stop! In the name of love” y “You can't hurry love” construyeron una sucesión extraordinaria de números uno en la lista estadounidense de singles. Las melodías eran inmediatas, los ritmos tenían una precisión casi mecánica y las letras hablaban de amor, desengaño y deseo con una sencillez que permitía conectar con públicos muy distintos.
LOS40 Classic
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Berry Gordy, fundador de Motown, comprendió pronto que aquellas tres jóvenes podían llevar la música negra estadounidense a espacios donde hasta entonces había encontrado enormes dificultades. Cuidó su imagen, su vestuario y sus presentaciones televisivas, convirtiéndolas en unas estrellas sofisticadas que aparecían regularmente ante audiencias blancas en programas de máxima popularidad. En una América todavía atravesada por la segregación y las tensiones raciales, aquella visibilidad tenía una importancia cultural considerable.
The Supremes a' go-go, producido por Holland-Dozier-Holland y Frank Wilson, aprovechaba ese momento de esplendor. El álbum mezclaba composiciones asociadas a las propias Supremes con versiones de éxitos contemporáneos, una práctica habitual en Motown que permitía publicar discos con rapidez mientras la fábrica de singles seguía funcionando a pleno rendimiento.

Entre sus canciones figuraban “You can't hurry love”, uno de los grandes clásicos del trío, y versiones de “These boots are made for walkin'”, de Nancy Sinatra, “I can't help myself (Sugar pie, honey bunch)”, de Four Tops, y “Money (that's what I want)”. El repertorio mostraba hasta qué punto Motown estaba dispuesta a apropiarse de cualquier canción popular y transformarla mediante sus arreglos, sus músicos de estudio y aquellas voces perfectamente ensambladas.
“You can't hurry love” representaba a la perfección el talento de Holland-Dozier-Holland. La canción combinaba una base rítmica irresistible con una letra que recuperaba los consejos de una madre a su hija sobre la necesidad de esperar al amor verdadero. Diana Ross llevaba la melodía principal, mientras Mary Wilson y Florence Ballard sostenían las armonías; detrás, los músicos de estudio de Motown, conocidos como The Funk Brothers, proporcionaban aquella mezcla inconfundible de bajo, batería, pandereta y percusión que hacía prácticamente imposible quedarse quieto. El single había alcanzado el número uno del Billboard Hot 100 en septiembre, convirtiéndose en el séptimo de The Supremes.
La historia de la canción tuvo una segunda vida extraordinaria cuando Phil Collins la recuperó en 1982 para Hello, I must be going!. Su versión, publicada como sencillo, alcanzó el número uno británico a comienzos de 1983 y acercó aquel clásico de Motown a una generación que quizá no había escuchado nunca el original. Collins conservó buena parte de su espíritu rítmico, aunque lo trasladó a una producción característica de los ochenta.
Pero el acontecimiento verdaderamente histórico de 1966 se produjo en la lista de álbumes. The Supremes a' go-go desplazó del primer puesto a Revolver, de The Beatles, que llevaba seis semanas en cabeza, y permaneció dos semanas consecutivas en el número uno. La comparación resultaba especialmente elocuente porque The Beatles habían impedido anteriormente que otro álbum de The Supremes, Where did our love go, llegara a la cima. Esta vez las posiciones se habían invertido.
Hasta entonces, las formaciones femeninas habían conseguido enormes éxitos con sencillos, pero ninguna había encabezado la principal clasificación estadounidense de álbumes. El logro de The Supremes abría una posibilidad comercial y cultural que posteriormente aprovecharían generaciones de grupos de mujeres, desde The Pointer Sisters y En Vogue hasta TLC, Spice Girls o Destiny's Child.
Naturalmente, los contextos serían muy diferentes. Las Spice Girls construirían treinta años después un fenómeno mundial alrededor de cinco personalidades reconocibles y un discurso de independencia femenina, mientras Destiny's Child combinarían las armonías vocales del R&B con una imagen contemporánea de ambición y autonomía. Pero ambas pertenecían a una tradición en la que The Supremes habían desempeñado un papel fundamental: demostrar que un grupo de chicas podía sostener una carrera internacional, vender álbumes masivamente y convertirse en referencia para toda una generación.
La historia posterior del trío también tendría sus sombras. Florence Ballard abandonaría el grupo en 1967, en medio de tensiones internas y de la creciente centralidad de Diana Ross, que terminaría iniciando su carrera en solitario en 1970. Aquella imagen de armonía perfecta que proyectaban sobre los escenarios ocultaba relaciones personales bastante más complicadas.
Sin embargo, nada de eso disminuye la importancia de lo sucedido en octubre de 1966. En plena explosión del rock británico, cuando The Beatles parecían dominar cualquier territorio que pisaban, tres mujeres de Detroit consiguieron arrebatarles el número uno de álbumes en Estados Unidos. Lo hicieron con doce canciones, una maquinaria musical extraordinaria y unas voces que habían aprendido a sonar juntas mucho antes de convertirse en estrellas.













