40 años del accidente que casi nos deja sin Mark Knopfler: de la 'pole position' al hospital en una sola vuelta
El líder de Dire Straits estrelló su coche contra un muro durante una carrera en Australia

Mark Knopfler: mucho mejor con la guitarra que con el volante. / Mirrorpix
La carrera apenas había comenzado cuando el coche perdió el control, giró sobre sí mismo y terminó estrellándose contra un muro de hormigón. El piloto había conseguido la pole position, era el favorito para ganar y llevaba semanas preparándose para aquella competición, pero sus posibilidades de victoria desaparecieron en cuestión de segundos. El hombre que tuvieron que trasladar al hospital era Mark Knopfler, uno de los guitarristas más admirados del planeta, que el 25 de octubre de 1986 decidió comprobar que conducir un automóvil a toda velocidad resultaba bastante más complicado que tocar “Sultans of swing”.
La escena ocurrió en Adelaida, Australia, durante una carrera de famosos organizada con motivo del Gran Premio de Fórmula 1. Knopfler participaba en aquella competición paralela después de haber recorrido el país con Dire Straits y se había tomado el asunto sorprendentemente en serio. Había practicado en dos circuitos australianos y consiguió el mejor tiempo de clasificación, de manera que partía desde la primera posición y figuraba entre los grandes favoritos.
Sin embargo, en la primera vuelta perdió el control del vehículo, se salió de la pista y golpeó violentamente una barrera de seguridad. Los servicios médicos acudieron inmediatamente y el músico fue trasladado al hospital, donde recibió tratamiento por el impacto y el estado de conmoción; los primeros informes hablaron también de una posible fractura de clavícula.
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La noticia provocó una lógica preocupación porque Dire Straits atravesaban el momento más espectacular de su historia. Brothers in arms, publicado en mayo de 1985, había convertido a un grupo que ya era enormemente popular en un fenómeno mundial de dimensiones extraordinarias. “Money for nothing”, “Walk of life”, “So far away” y la propia “Brothers in arms” sonaban por todas partes, mientras el álbum vendía millones de copias y se convertía en uno de los grandes símbolos de la revolución del disco compacto.
La gira correspondiente había llevado a Dire Straits por escenarios de medio mundo y había confirmado a Knopfler como una figura singular dentro del rock. Frente al exhibicionismo habitual de otros guitarristas, su estilo parecía construido sobre la precisión, el fraseo y una economía de movimientos casi desconcertante. Tocaba sin púa, utilizando directamente los dedos, y conseguía que unas pocas notas tuvieran más personalidad que muchos solos interminables.
Precisamente por eso, la posibilidad de una lesión importante en el hombro o la clavícula resultaba especialmente inquietante. Knopfler dependía de una técnica muy personal y cualquier daño que afectara a la movilidad de los brazos podía comprometer su actividad musical. Afortunadamente, el accidente australiano no tuvo consecuencias permanentes y pudo continuar su carrera, aunque probablemente descubrió que las carreras de coches ofrecían una clase de emoción bastante menos controlable que la música.

Lo curioso es que aquella experiencia no terminó de convencerlo de que la carretera y él debían mantener una relación estrictamente profesional. Diecisiete años después, el 17 de marzo de 2003, Knopfler volvió a sufrir un accidente grave, esta vez en Londres. Conducía una motocicleta Honda por el barrio de Belgravia cuando colisionó con un Fiat Punto manejado por una mujer que resultó ilesa. El músico salió despedido de la moto y sufrió seis costillas rotas, una fractura de clavícula y lesiones que también afectaron a la zona del cuello.
Fue trasladado al hospital Saint Thomas y recibió el alta después de permanecer bajo observación, aunquela recuperación terminó siendo mucho más complicadade lo que se esperaba inicialmente. Knopfler tenía previsto comenzar una gira europea para presentar The ragpicker's dream, su álbum de 2002, y durante los primeros días se confió en que podría mantener los conciertos.
Finalmente, los médicos desaconsejaron que saliera de gira y tuvo que cancelar las actuaciones previstas, incluidas las fechas españolas de Madrid, Zaragoza y Badalona. También había perdido la posibilidad de participar en un concierto benéfico junto a Eric Clapton en el Royal Albert Hall.
Años después, Knopfler recordaría que lo peor había llegado durante la rehabilitación. Desarrolló una rigidez del hombro que le impedía colocar correctamente la guitarra y llegó a temer que nunca pudiera volver a tocarla como antes. La incertidumbre resultaba especialmente cruel para alguien que había construido toda su vida alrededor de aquel instrumento; por fortuna, la fisioterapia terminó devolviéndole la movilidad y pudo recuperar su actividad musical.
El accidente de 1986 había sido un susto espectacular, con un coche de competición estrellado contra un muro ante los espectadores de un Gran Premio; el de 2003, aparentemente más cotidiano, terminó amenazando de manera mucho más directa aquello que hacía único a Mark Knopfler.
El balance permite cierta ironía británica. Knopfler ha demostrado sobradamente que posee un talento excepcional para manejar seis cuerdas, pero sus aventuras sobre ruedas han sido bastante menos afortunadas. Por suerte para quienes seguimos escuchando “Romeo and Juliet”, “Tunnel of love” o “Brothers in arms”, siempre terminó encontrando el camino de regreso a su guitarra.













