20 años de 'Back to black': cómo Amy Winehouse conquistó el mundo con un disco de desamor
Con “Rehab” y una voz que parecía llegada de otra época, la cantante británica recuperó el soul de los sesenta y lo convirtió en un fenómeno mundial

Amy Winehouse, en Mánchester en 2007, un año después de publicar 'Back to black'. / Andy Willsher
Una colmena de pelo negro, dos enormes líneas de eyelinery una voz que parecía haber vivido varias vidas antes de cumplir los veinticinco años. Amy Winehouse resultaba difícil de encajar en el panorama musical de mediados de los 2000, dominado por el pop de producción impecable y las grandes estrellas internacionales. Cantaba como si hubiera crecido escuchando a las mujeres de Motown, pero sus letras hablaban con una franqueza contemporánea dealcohol, relaciones destructivas, infidelidades y orgullo herido. El 27 de octubre de 2006 publicó Back to black, un álbum que acabaría vendiendo millones de copias y convirtiéndose en uno de los fenómenos musicales más importantes del siglo XXI.
Amy ya había demostrado su talento con Frank, publicado en 2003, donde mezclaba jazz, soul y una escritura extraordinariamente personal. Aquel debut recibió excelentes críticas y una nominación al Mercury Prize, pero su segundo trabajo nació de una experiencia emocional mucho más dolorosa: la ruptura con Blake Fielder-Civil, con quien mantenía una relación intensa y complicada. Él había regresado con una antigua pareja y Amy comenzó a escribir canciones que intentaban ordenar los celos, la rabia y la tristeza que aquella separación le había provocado.
El título, Back to black, condensaba esa sensación de regresar a un lugar oscuro después de perder a alguien. En la canción que daba nombre al álbum, Winehouse convertía una despedida en una pequeña tragedia sentimental, acompañada por una instrumentación que remitía directamente a los grupos femeninos de los sesenta. Su manera de cantar tenía algo de Billie Holiday, Sarah Vaughan y las grandes voces del soul, pero la personalidad de Amy resultaba inequívocamente suya.
LOS40 Classic
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Para construir aquel sonido fueron fundamentales dos productores. Mark Ronson trabajó con ella en Nueva York y aportó buena parte de la estética retro que acabaría identificando el disco, mientras Salaam Remi, colaborador habitual desde Frank, proporcionó una sensibilidad más cercana al jazz, el reggae y el soul contemporáneo. Ronson recurrió a los músicos de The Dap-Kings, vinculados a Sharon Jones, que tocaron instrumentos reales y ayudaron a recuperar la calidez y el pulso de las antiguas grabaciones de rhythm and blues.
El resultado sonaba deliberadamente antiguo y, sin embargo, tenía una frescura extraordinaria. “You know I'm no good”, “Tears dry on their own”, “Love is a losing game”, “Me & Mr Jones” o “Wake up alone” parecían pertenecer a un repertorio clásico que alguien acabara de descubrir, aunque las letras estaban llenas de detalles íntimos, ironía y una sinceridad poco complaciente. Amy escribía sobre sus contradicciones sin intentar presentarse como una víctima ejemplar, y aquella ausencia de maquillaje emocional conectó profundamente con el público.
La canción que terminó cambiándolo todo fue “Rehab”. Su origen estaba en una conversación real: personas de su entorno le habían recomendado buscar tratamiento por sus problemas con el alcohol y ella había respondido que no quería ingresar en un centro de rehabilitación. Ronson escuchó aquella frase y comprendió inmediatamente que podía convertirse en una canción. Amy la desarrolló con un ritmo irresistible y una letra que, bajo su apariencia desafiante, dejaba entrever una situación bastante más preocupante.
“Rehab” alcanzó el número uno de LOS40 durante dos semanas consecutivas, el 29 de marzo y el 5 de abril de 2008, cuando Back to black llevaba ya más de un año creciendo internacionalmente. El éxito español formaba parte de una expansión extraordinaria que había comenzado en Reino Unido y terminado por conquistar también Estados Unidos, un mercado especialmente difícil para una cantante británica de soul.

El crecimiento del álbum fue progresivo. Debutó en el número tres británico, terminó alcanzando el primero y se convirtió en el disco más vendido de 2007 en Reino Unido. En Estados Unidos llegó al número dos del Billboard 200, impulsado especialmente por la ceremonia de los Grammy de 2008, en la que Amy consiguió cinco premios, incluidos los de mejor artista revelación, grabación del año y canción del año por “Rehab”. Como no pudo viajar a Los Ángeles, actuó vía satélite desde Londres; aquella imagen de una cantante de 24 años recibiendo los mayores reconocimientos de la industria desde el otro lado del Atlántico dio la vuelta al mundo.
El fenómeno tuvo consecuencias musicales duraderas. Back to black demostró que el soul clásico podía volver a ocupar el centro del pop sin perder su personalidad, y contribuyó a abrir camino a artistas como Adele o Duffy. El álbum ha superado los 25 millones de copias vendidas en todo el mundo, según las cifras comunicadas por su discográfica con motivo del vigésimo aniversario.
Sin embargo, aquel éxito también tuvo un precio devastador. La prensa sensacionalista convirtió los problemas personales de Amy en un espectáculo cotidiano, mientras su relación con Blake, sus adicciones y sus dificultades para actuar iban ocupando cada vez más espacio que su música. Su muerte, el 23 de julio de 2011, a los 27 años, terminó proyectando una sombra terrible sobre canciones que habían nacido mucho antes de que el público pudiera imaginar semejante desenlace.
Escuchar Back to black veinte años después permite comprender por qué conquistó el mundo: por la calidad de sus composiciones, por una producción que recuperó sonidos clásicos sin convertirlos en piezas de museo y, sobre todo, por una intérprete capaz de transmitir una emoción reconocible en cada frase. Amy Winehouse dejó un disco extraordinario que merece ser recordado por su música, sin reducirlo a un presagio de su tragedia personal.













