50 años de la amenaza de bomba en un concierto de Bruce Springsteen en Nueva York
La policía desalojó el Palladium poco antes de la actuación y el músico tuvo que esperar en un bar con su banda
Bruce Springsteen y su banda, saliendo del Palladium al término del concierto que a punto estuvo de suspenderse por amenaza de bomba. / Allan Tannenbaum
Faltaban pocos minutos para que Bruce Springsteen saliera al escenario cuando una amenaza de bomba convirtió el Palladium de Nueva York en un lugar potencialmente peligroso. Había que vaciar el teatro inmediatamente, sin saber si alguien había colocado realmente un explosivo entre los cientos de espectadores que aguardaban el comienzo del concierto. La policía ordenó el desalojo, el público abandonó sus localidades y los músicos tuvieron que interrumpir los preparativos. Springsteen y la E Street Band terminaron refugiándose en un bar cercano mientras los agentes registraban el edificio. Era el 4 de noviembre de 1976 y nadie sabía cuánto duraría aquella espera ni si podrían volver a tocar esa noche. Cuando finalmente se comprobó que la amenaza era falsa, el cantante regresó al escenario con una frase que resumía bastante bien su carácter: «¡La única bomba esta noche voy a ser yo!».
Aquel Springsteen estaba lejos todavía de convertirse en el fenómeno multitudinario de Born in the U.S.A., aunque ya había alcanzado una popularidad considerable gracias a Born to run, publicado en 1975. El disco había transformado su carrera, llevado su rostro a las portadas de Time y Newsweek y despertado unas expectativas que resultaban difíciles de gestionar para un músico acostumbrado a tocar en pequeños locales de Nueva Jersey.
La E Street Band se encontraba en un momento extraordinario. Clarence Clemons aportaba al saxo una presencia casi tan poderosa como la del propio cantante; Steven Van Zandt y Roy Bittan habían contribuido a enriquecer el sonido del grupo, mientras Danny Federici, Garry Tallent y Max Weinberg sostenían una maquinaria musical que convertía los conciertos en experiencias de una intensidad poco habitual. Springsteen había construido buena parte de su reputación sobre el escenario, donde podía prolongar una canción, contar historias entre los temas y mantener al público atrapado durante horas.
Pero aquella noche había otro motivo de tensión que no tenía nada que ver con la amenaza de bomba. Springsteen estaba inmerso en una batalla legal con Mike Appel, su antiguo mánager, que había comenzado durante el verano y le impedía grabar libremente un nuevo álbum. La disputa había paralizado la continuación discográfica de Born to run, aunque el músico seguía componiendo y actuando mientras intentaba recuperar el control de su carrera.
En ese contexto, los conciertos se habían convertido en su principal vía de expresión. Cada noche ofrecía la posibilidad de presentar canciones nuevas, probar arreglos y mantener viva una relación con el público que ninguna disputa contractual podía impedir. La amenaza del Palladium interrumpió precisamente ese espacio de libertad, aunque solo durante unas horas.
Bruce Springsteen - Born to Run (Official Video)
El edificio también tenía su propia historia. Situado en la calle 14 de Manhattan, había sido conocido anteriormente como Academy of Music y se había transformado en uno de los escenarios habituales del rock neoyorquino. Por allí habían pasado numerosos artistas y grupos de primera fila, atraídos por un recinto que permitía conservar cierta cercanía con los espectadores incluso cuando las bandas empezaban a llenar espacios mucho mayores.
La evacuación obligó a suspender los preparativos y sacar al público a la calle, mientras Springsteen y sus músicos se refugiaban en un bar cercano. La espera debió de resultar especialmente desconcertante para una banda acostumbrada a controlar cada detalle de sus actuaciones, aunque el episodio tenía algo de absurdo: después de meses de problemas con abogados y contratos, ahora era una amenaza anónima la que les impedía tocar.
Cuando los agentes comprobaron que no había ningún explosivo, autorizaron la reapertura del Palladium. Los espectadores regresaron a sus localidades, los músicos ocuparon sus puestos y Springsteen decidió convertir el susto en espectáculo con aquella ocurrencia sobre la única bomba que iba a estallar esa noche. La frase jugaba con el doble sentido de la palabra inglesa bomb, que también puede utilizarse para referirse a un fracaso; en cualquier caso, su intención era evidente: devolver la tranquilidad al público y recuperar el ambiente festivo.
El concierto pudo celebrarse y la anécdota pasó a formar parte de la historia de unas actuaciones que ayudaron a consolidar la leyenda de Springsteen como uno de los grandes músicos de directo de su generación. Durante aquella etapa, mientras seguía sin poder publicar un nuevo disco, el escenario le permitió desarrollar canciones que acabarían encontrando su lugar en Darkness on the edge of town, aparecido en 1978.
El incidente del Palladium recuerda a un Bruce Springsteen que todavía estaba construyendo su leyenda, enfrentado a problemas profesionales que amenazaban su futuro y decidido a no perder el contacto con sus seguidores. Aquella noche la policía buscó una bomba y no encontró ninguna; el único que terminó haciendo temblar el Palladium fue el hombre que había prometido hacerlo desde el escenario.
