Mario Vaquerizo relata con detalle su accidente: “Tengo que agradecer a Dios y a la vida que no esté muerto”
Hablamos con él de su libro, del posicionamiento político de las celebs o de 'La isla de las tentaciones'

Mario Vaquerizo, en un evento publicitario en 2026. / Carlos Alvarez
Mario Vaquerizo es colaborador de Anda Ya! Eso hace que conozcamos de cerca esa forma de expresarse a mil por hora sin analizar mucho lo que sale por su boca que, en muchas ocasiones, no tiene filtros. Y eso se agradece en unos tiempos donde muchos tienen miedo a expresar opiniones por la cultura de la cancelación. Él vuelca sus pensamientos y reflexiones en El cardadismo ilustrado, un libro que parte del accidente que sufrió sobre el escenario hace dos años y que supuso un punto de inflexión en su vida.
Pudo costarle la vida y le ha hecho replantearse muchas cosas. En estas páginas cuenta con detalle el antes, durante y después de ese momento que no podrá olvidar nunca. Y fiel a su carácter, ese punto de partida le sirve para ir por otros derroteros y pasar de un tema a otro para dar su opinión sin filtros.
Nos ofrece una nueva filosofía de vida que a él le va las mil maravillas y hasta nos ofrece 10 mandamientos para aplicarla en nuestras vidas y vivir así más felices. Hemos querido conocer más detalles hablando con él.
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Pregunta: El cardadismo, el chonismo, el mudismo... ¿qué tienes tú con los ismos?
Respuesta: Los ismos siempre fueron movimientos intelectuales, culturales muy revolucionarios. Estaba el surrealismo, estaba el dadaismo... fueron filosofías de vida y cambiaron las pautas del comportamiento en el mundo del arte, la literatura. Me gusta mucho el ismo, me gusta mucho el vaquerizismo también. El cardadismo no deja de ser una filosofía de vida.
Después de haber pasado un trance que podía haber sido mortal, no estoy para gilipolleces y el mundo actual, cada vez me gusta menos por la intolerancia, el exceso de mal rollo.
P: La que plasmas en este libro, ¿de dónde sale?
R: No deja de ser un libro de encargo, yo jamás me había planteado escribir. Mi editora me dijo que por qué no reflexionaba acerca de mi caída. Es verdad que nunca había reflexionado y me di cuenta de que la caída había sido más grave de lo que yo había pensado y cómo lo había vivido en este último año. Me he convertido en mi mejor terapeuta como digo en el libro. He reflexionado y me he dado cuenta de que estoy en mi mejor momento. Tengo 50 años y después de haber pasado un trance que podía haber sido mortal, no estoy para gilipolleces y el mundo actual, cada vez me gusta menos por la intolerancia, el exceso de mal rollo, el sufrir por el tiempo de los demás, pues ahora me refugio en mi cardado que, a la vez, me salvó la vida como canto en la canción de las Nancys cuando me caí del giratutto.
P: De hecho, en el libro dices que el cardado odia la polarización. Pues lo tiene mal en los tiempos que corren, ¿no?
R: Por eso te protege mucho el cardado, a base de muy buena laca y un buen cardado te protege de toda la polarización y toda esta especie de rollo patatero en el que se ha convertido la vida. Creo que la vida hay que tomársela con sentido del humor y con inteligencia emocional que es lo que te salva la vida. No tienes por qué ser un despropositado, un alocado y demás. Creo que el sentido común es lo que tiene que regir y el sentido común lo que debería regir la vida de todo el mundo y la humanidad. Por eso yo quiero protegerme para no caer en los mismos errores que caen otras personas y, por eso, me protejo sobre el cardado que me veo más guapo, que al fin y al cabo es lo que todos buscamos, sentimos a gusto con nosotros mismos y querer para los demás lo que quieres para ti.
P: A tu madre no le gusta el cardadismo, ¿ha cambiado de opinión después de leer el libro?
R: Todavía no se lo ha leído porque todavía no se lo he regalado. Yo espero que después de leérselo, aunque le siga sin hacer gracia que me carde todo el pelo, entienda por qué me lo cardo. Pero también es que a las madres hay que educarlas un poco. Tengo suerte de haber tenido muy buenos padres que me han dado una educación exquisita y me han transmitido muy buenos valores, pero yo también he tenido, en un momento de la vida, que educar a mis padres cuando hace 22 años, tuve que decirles que no pasaba nada por ser una Nancys Rubias. Me encantaba ser periodista y me encantaba escribir –como sigo haciendo-, pero que no era incompatible con formar un grupo y pintarme y ponerme tacones. Eso les costó mucho, pero a base de demostrarlo... Se pueden demostrar muchas cosas sin esa agresividad y esa imposición. Yo jamás se lo impuse. No les parecía bien, pero tampoco me lo prohibieron y yo tampoco se lo impuse y el movimiento se demuestra andando. Al final acaban llenando todos mis conciertos y les encantan todas las canciones de las Nancys. Es una cuestión de educación, respeto y tolerancia que creo que últimamente se está perdiendo mucho. Pero vamos, que yo vivo muy bien y muy feliz en este mundo.
El edadismo ese, qué feo es. Yo soy más del viejismo. La actitud juvenil no está en la edad, está en tu actitud vital.
P: El libro gira en torno al accidente que sufriste en el escenario. Después de leer el libro llegaba a la conclusión de que casi hay que considerarlo un golpe de suerte por todo lo que te ha traído después, ¿no crees?
R: Tengo que agradecer a Dios y a la vida que no esté muerto y que esté vivo, que estoy vivita y coleando y eso es un motivo de alegría y celebración. ¿Qué fue dramático? Sí, pero es que yo no soy de quedarme en el drama. Y después, sí es cierto que la caída fue un toque que te da la vida. La vida está llena de avisos y muchas veces no los queremos escuchar. Muchas veces escuchamos más tonterías que lo que realmente hay que escuchar. Llegó un momento en el que yo no me escuchaba a mí mismo, estaba metido en una inercia de trabajo laboral, que creía que era elegido, pero que después este hostión me di cuenta de que me gusta mucho mi trabajo, pero que yo ya no voy a sacrificar mi tiempo para mi vida doméstica. No pasa nada por decir no a determinados trabajos. Pero sí es cierto que cada vez estoy más seguro de mí mismo, aunque eso suene muy arrogante, y eso me lo da el cumplir años. Me encanta ser viejo y quiero llegar a ser un anciano porque la vida es maravillosa.
P: De hecho, en el libro reivindicas esa madurez frente a toda esta sociedad de edadismo que nos rodea.
R: El edadismo ese, qué feo es. Yo soy más del viejismo. La actitud juvenil no está en la edad, está en tu actitud vital. Yo puedo ser más gamberro con 50 años que cuando tenía 10. Un gamberro bien entendido porque los palos que te han dado te ayudan a canalizar, pero tengo mis momentos gamberros y los quiero seguir teniendo. Conozco a personas mayores de 60 años que siguen siendo gamberros y están fenomenal y eso no quiero decir que sean unos locos piruleros. No todo es blanco y negro, yo por eso siempre abogo por el uniforme gris perla que sienta fenomenal.
Mi relación con Olvido creo que salió reforzada después de ese accidente. Me di cuenta de lo importante que es en mi vida para mí.
P: El accidente te ha llevado a dejar de fumar, a tomarte la vida de otra manera –o por lo menos intentarlo-, a conocer a Belén en el hospital... ¿qué es lo que más valoras de todo lo que te ha dado este accidente?
R: Que fui muy feliz en el hospital. Fue muy bonito porque estaba en un sitio donde el dolor estaba ausente gracias a los cuidados de mis médicos, enfermeros y sanitarios que son divinos. Y después, pasaba las tardes ausente de dolor y tenía más tiempo para reflexionar sobre más cosas. Mi relación con Olvido creo que salió reforzada después de ese accidente. Me di cuenta de lo importante que es en mi vida para mí. El sentido de la amistad. Y lo más importante es que me di cuenta de que no quiero estar solo. Me gusta estar acompañado. Y me he dado cuenta de que llevo bien acompañado toda mi vida. Primero por mis padres, luego por los amigos elegidos, mi mujer, y la gente nueva que voy conociendo y me merece la pena. Ahora sí que distingo un poco quién me interesa y quién me interesa menos.
P: Desde luego, el libro muestra ese lado positivo pese a todo.
R: De todo hay que sacar el lado positivo. La oftalmóloga me lo dijo. Me dijo: ‘Es que tú tienes un sentido del humor que te ha salvado y ha hecho que tu recuperación sea más rápida’. También me dijo que los médicos son importantes, ‘pero a ti la fe te ha salvado, sigue rezando a las Vírgenes que tienes puestas en la mesilla de noche en las que yo no creo, pero sí entiendo que han obrado un milagro porque, a día de hoy, usted está viendo’. No solo era el cuello, es que no veía nada.
P: En el libro relatas ese viaje al santuario de la Virgen de Umbe donde dices que se obró el milagro y recuperaste la visión.
R: Ahora acabo de llegar de Lourdes que me he ido con mi mujer y mis padres y mis tíos en la Nancyfurgo. He llegado tan tranquilo, tan sereno, tan simpático. Lo de Umbe es real, esto no es un libro de ficción. Yo no sé hacer ficción, yo sé plasmar mis vivencias y creo que escribo bien. Novelista no soy, soy cronista, y de mi vida, mucho mejor, porque mejor que yo nadie puede describir mis sentimientos y pensamientos. Fue así. Puedes llamarlo sugestión, pero lo fuerte es que, al día siguiente de volver, empecé a ver mejor. A lo mejor fue el día que coincidió así, pero yo lo sentí así. No sabíamos si iba a volver a ver bien porque tenía menos de un 5% y he subido arriba. Yo me quedo con lo bonito. Yo vi más claro cuando estaba lloviendo y apareció ese sol. Luego habrá gente que se reirá de esto, pero me da exactamente igual. No quiero aleccionar a nadie, no estoy diciendo que la gente tiene que creer o que tiene que ir a misa, solo estoy contando lo mío y luego después, que cada uno haga lo que quiera. Además, yo estaba al lado de un genio que es Fabio McNamara.
P: Antes del accidente tú estabas enfadado por el rechazo en un programa de televisión que pudo ser un detonante de lo que luego sucedió. ¿Volverías a enfadarte por algo así?
R: Ahora ya no. Ahora lo que hago es que demuestro que si quiero puedo estar. He aprendido a educar a las personas y que no tengan prejuicios por cómo te ven y no jueguen con el pan de tu trabajo. Por eso yo estaba enfadado, además, porque me produjo una duda sobre mí. Pensaba que estaba haciendo mal mi vida. Para ese tipo de cosas viene muy bien el cardado. Cuando veo venir todo eso lo que hago es que me pongo mi cardado que me queda divinamente, y paso de todo. Al final te acaban llamando, pero es cierto que a veces te metes en esa vorágine en la que decimos que somos muy privilegiados porque nos dedicamos a nuestras aficiones y quizás es que no me estaban dejando ejercer una de mis aficiones y eso es mi triste. Esa situación de injusticia es la que me llevó a volverme loco. Tenemos que pretender que las injusticias no se repitan y si se vuelven a repetir, tomarlas con más cautela y más serenidad.
Yo jamás le hubiera dicho que se hubiera quedado ahí y no se hubiera levantado. Eso ya te demuestra la calidad humana de alegrarte de la muerte de alguien. Ese tipo de personas que abundan, que las hay y se refugian en el anonimato, no tienen cojones de decírtelo a la cara.
P: Me parece duro el momento en el que aseguras en el libro que hay gente que se alegró de tu accidente y lamentó que no tuviera mayores consecuencias.
R: Mucha gente que sí. Yo no lo sentí así, lo sintieron así mis seres queridos que es lo más jodido. ‘El pesado ese a ver si se cae y no se levanta más’. Entiendo que las caídas hacen mucha gracia. Cuando tú ves a alguien caerse te ríes, no es por nada, pero en seguida te reprimes un poco, ‘ay, por favor, que no le haya pasado nada’. Eso me ha pasado cuando el pobre Juan Gabriel se cayó, que lo cuento en el libro, que se convirtió en meme. Pero yo jamás le hubiera dicho que se hubiera quedado ahí y no se hubiera levantado. Eso ya te demuestra la calidad humana de alegrarte de la muerte de alguien. Ese tipo de personas que abundan, que las hay y se refugian en el anonimato, no tienen cojones de decírtelo a la cara. Son el tipo de personas que son muy malas para la sociedad y que transmiten muy mala energía. Ante esa mala energía un buen cardado, y no puede contigo.
P: Pero tú confiesas en el libro que has empezado a autocensurarte un poco, ¿no es eso un poco triste?
R: En el momento en el que estaba escribiendo el libro estaba decepcionado. Ha sido como ir al psicólogo y me decía, ‘me estoy autocensurando porque ya no me compensa, te amargan el día diciéndote una cosa que tú no eres’. Pero ahora después de escribir el libro y leerlo, voy a decir lo que me salga del coño y lo voy a decir cuando quiera, como quiera y cuando me dé a mí la gana y no cuando quieran los demás.
P: Como diría Raphael y recoges tú en el libro: Digan lo que digan y Qué sabe nadie.
R: Digan lo que digan y yo soy una feria. Como estoy loca también, dije, después del audiolibro, que he tenido que grabarlo también, decía, ¿por qué no ponemos un cd con la banda sonora con todas las canciones? Como el Common People, Digan lo que digan los demás y en el fondo soy una feria. Y en las ferias todo el mundo es feliz y nadie se enfada con nadie. Se bebe y vas a ver a los grupos musicales que te gustan. En las ferias te disfrazas, hay Carnavales, están Las Fallas, La Feria de Abril. Todo eso es una feria y representa el cardadismo. Solo quiero cosas bonitas en mi vida ahora.
¿Tú veías que se posicionara políticamente David Bowie? ¿Andy Warhol?
P: Estamos en una época de convulsión política, a ti te han tachado mucho de facha. No sé si eso es lo que hace que cueste tanto en este país ver a los artistas pronunciarse políticamente y no sé si crees que es necesario que haya que hacerlo.
R: Nunca había pasado eso, por qué ahora sí. ¿Tú veías que se posicionara políticamente David Bowie? ¿Andy Warhol? Bueno, Andy Warhol se empezó a posicionar cuando le criticaban cuando se hacía fotos con Juan Pablo II y decían que estaba loco y no servía para nada y empezaron a considerarle un artista.
P: Lo malo es que ahora mantener una tibieza en estos asuntos pasa factura, que le pregunten a Ed Sheeran.
R: Paso total, esto es un coñazo. Por eso te quiero decir que cuando dices lo de autocensurarse, yo voy a ser como Umbral, yo solo hago de mi libro. O voy a ser como Woody Allen, ‘yo soy un creador, no puedo hablarte de esas cosas que han pasado’, porque lo que me gusta es escribir y lo que me gusta es dirigir y lo me gusta es ser MC de Cabaret. El otro día, Maribel Verdú lo explicaba muy bien, que los actores tampoco tienen por qué estar contando todo lo que nos pasa. Cada vez que se toma como noticia una opinión... si hasta los presidentes del gobierno se comunican por WhatsApp de esos y por Twitter que lo único que fomentaba era el mal rollo y el enfrentamiento, ¿a qué llegamos? Es lo que hay y como creo en el individuo, no voy a seguir los dictados que marque la sociedad actual, sin convertirme en un revolucionario ni nada. Yo a mi mundo, como siempre he hecho. Siempre he hecho lo que me ha salido del coño y desde pequeño no me gustaba el fútbol y quería ser una super pop y lo hice. Quería un grupo de música a los 30 y lo tuve. Quería ser periodista y lo hice. Me da igual el reconocimiento de los demás, el reconocimiento empieza por uno mismo.
P: Y ahora, ¿qué quieres?
R: Ahora me voy de vacaciones a Las Vegas y a Nueva York porque a mi mujer le dan el premio de los Grammy a la trayectoria a la mejor artista latina y de ahí nos vamos a Las Vegas que es donde nos casamos, en ese paraíso artificial que es tan bonito y de ahí nos iremos a Nueva York. Quiero que llegue ya para disfrutar de unas vacaciones maravillosas.
Hemos acabado viviendo de la música haciendo lo que hemos querido en todo momento y con una actitud muy sincera y haciendo lo que hace todo el mundo ahora, ir con las bases grabadas. Lo que pasa es que las primeras fuimos nosotras sin decirlo.
P: Antes de terminar, quería hablar de Nancys Rubias, que hablas del grupo en el libro y lanzas un dardo a los festivales –salvo el Horteralia- que no te invitan como artista, pero vas por allí y todos quieren fotos contigo. Eso lo vives mal.
R: No, no lo vivo mal. Lo digo sin ninguna acritud. Simplemente digo, qué malos son los fundamentalismos porque un programador de un festival tiene que tener pluralidad, habría que creer en todos esos que están pagando un dinero. Las Nancys no sonamos en radio, no formamos parte de la industria musical, pero a la vez sí porque hemos acabado viviendo de la música haciendo lo que hemos querido en todo momento y con una actitud muy sincera y haciendo lo que hace todo el mundo ahora, ir con las bases grabadas. Lo que pasa es que las primeras fuimos nosotras sin decirlo. Se ha educado a la gente. Ahora cuando nos contratan no nos preguntan, ‘ah, ¿pero va en playback?’. No, el playback es otra cosa y las bases grabadas es otra. Ahora hemos normalizado las bases grabadas en los conciertos en directo, que es mucho más divertido. Que yo no me lo inventé, ya se lo inventaron Kiss y Marilyn Manson.
P: Hablando de conciertos, ahora las giras llevan un plus más allá de lo musical: Rosalía y su confesionario, Bad Bunny y su casita, el camino de la loba de Shakira... ¿Preparan algo las Nancys Rubias?
R: Soy muy tradicional en eso, yo el concierto. No quiero sermones, ni la casita ni nada, para eso ya hice el reality donde hablaba, mostraba mi casa, venían mis amigas y nos confesábamos. En los conciertos eso es convertirlos en un reality. Que está muy bien y que la gente lo está haciendo así, pero yo para eso soy de la vieja usanza. Yo un sonido muy potente, con canciones buenas y un modelazo y tirar pa’lante. Entiendo que la tendencia va por ahí, pero las tendencias se siguen si te gustan, si no te representan, mejor no seguirlas porque se ve el truco.
Sobre 'La isla de las tentaciones': Lo veo como una telenovela, como una serie. Lo veo como Falcon Crest, que es un reflejo de la sociedad.
P: No sé si te representa La isla de las tentaciones, pero confiesas en el libro que has convencido a tu mujer para verlo juntos.
R: No es que la convenza, sino que me acompaña a ver un programa que a ella no le gusta tanto como a mí. Y viceversa. Eso se llama tolerancia en la pareja. Y después, alegrarte de ver disfrutar a una persona, cómo se ríe.
P: Pero tú que te confiesas clásico en el amor, ¿qué ves en estos programas?
R: Cariño, yo es que lo veo como una telenovela, como una serie. Lo veo como Falcon Crest, que es un reflejo de la sociedad. Pero es verdad que esa realidad exista y está muy bien que exista. ¿Si yo lo haría? Pues no lo sé, siempre juego a soñar y a hacer tonterías, sería tentador. No lo voy a ser, pero me hace mucha gracia. Si a la gente le gusta hacer eso, bienvenido sea, cada uno tiene que hacer lo que le salga del coño.
P: Para acabar, entre los 10 mandamiento del cristianismo y los 10 mandamientos del cardadismmo, ¿cuáles te cuesta más cumplir?
R: Los mandamientos del cristianismo los sigo a la perfección porque soy una persona cristiana, pero son más difíciles de no cumplir porque creo que hemos avanzado y hemos aprendido que matar es horroroso y desear el mal al vecino tampoco se tiene que hacer.















