Miguel Bosé se ?serena? ante el público de Barcelona

Cerca de 13.000 personas se dieron cita en el Palau Sant Jordi para no ver a alguien de Operación Triunfo. Miguel Bosé gustó y se gustó en su concierto de Barcelona.

Me encantaría llevar pantalones vaqueros estrechos y cortos de bajos, polo negro ceñido y botas camperas también de color negro, adornado todo ello por un cinturón con remaches metálicos, sin que me tiraran piedras por la calle, pero eso sólo está al alcance de muy pocos. De esa guisa, nada espectacular y rayando la simpleza estética a la que no nos tiene acostumbrados, se presentó Miguel Bosé ante su público barcelonés tras su última visita en solitario allá por el año 93.

Bosé pasa de modas porque para eso, muchas de ellas, las ha inventado él. Así que si alguien tiene que ser el primero en ponerse un pareo para salir por televisión que sea él. El público que presencio su concierto el pasado 10 de septiembre en Barcelona fue partícipe de ese verso que Bosé recita, mas que canta, en su canción Morena mía Y por mi parte pongo el arte, y es que este artista se mueve como nadie en el difícil terreno de ?la baldosa? (el arte de moverse bien, muy bien, sin mayores aspavientos que el movimiento de brazos y cadera en el espacio que ocupa una baldosa). Una técnica que también llevada al terreno musical: Bosé presentó su nuevo disco, de quietud o serenidad que diría él, como baila sobre el escenario, previsible pero altamente efectivo.

A las 9 y 45 minutos, con 15 minutos de retraso sobre el horario previsto, el concierto de Miguel Bosé se vivió con intensidad desde el principio, gracias a clásicos como Bambú, Salamandra, Te comería el corazón y uno de los temas nuevos que se incluyen en Sereno, su nuevo álbum, El hijo del capitán trueno. Este tema posiblemente es una de las grandes canciones de Bosé, un tema que presentó bajo el paraguas del conflicto generacional padre-hijo y que el artista no dudó en presentarlo como propio, y es que no sería difícil imaginar los desacuerdos que Miguel Bosé tendría con su padre a la hora de afrontar su carrera profesional.

El escenario en el que se recluían los 7 músicos más las 2 coristas, también estaba estigmatizado por esa funcionalidad, por lo menos aparente, del vestuario del artista. Estructuras correctamente diseñadas, rallando incluso lo minimalista, sirviendo como una simple base para el correcto desarrollo del espectáculo, prestando más atención al juego de luces y el sonido, ambos de alta calidad. Sin olvidarnos claro está de dos pantallas de vídeo laterales que servían, además de para seguir los detalles de lo que pasaba ahí arriba, para enardecer aún más si cabe, los gritos cargados en muchos casos de tensión sexual, el culo de Bosé fue protagonista de algunos de esos momentos estelares.

Si tú no vuelves, Nena, Gulliver, Bandido, fueron algunos de los temas que desgranó hasta llegar a un largo bis de 8 canciones más. En ese bis el concierto perdió algo de fuelle, quizá debido a algunas de las nuevas canciones de Sereno, unos temas de extrema complejidad para llevarlos al directo, unas canciones sin la fuerza necesaria para que puedan ser digeridos por un auditorio que reclamaba un poco más de movimiento en las acaballas del espectáculo. A destacar el ?momento revival? como diría Boris, quien por cierto se encontraba entre el público, con las canciones Creo en ti y Te amaré, temas que calaron muy hondo en los inicios de la carrera de Miguel Bosé. Así como ese gran single que ha sido el verdadero motor vendedor de Sereno, el tema Morena mía.

Con Sol forastero Miguel Bosé se intentó despedir de su público barcelonés. No le dejaron. La noche acabó con Sevilla a cappella, un mano a mano entre su público y él que sirvió para hermanar, aún más si cabe, una noche en la que Bosé gustó y se gustó.

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