Confesiones de barra de bar

No debe ser fácil ser Joaquín Sabina y, sobre todo, tener que hacer cada cierto tiempo un nuevo disco de Sabina. Sus seguidores no son de los que le perdonan todo y, desde luego, sus enemigos no le perdonan nada. Teniendo en cuenta que ya lo ha contado todo, lo ha enseñado todo, y se ha tomado todo, que ha muerto y resucitado en persona y obra un par de veces, que le hemos visto en bolas física y emocionalmente? ¿Qué puede contar y cantar que ya no sepamos?

La canción más bonita del mundo es una declaración de intenciones en la que viene a decir que, para él, hacer canciones es como hacer el amor: es mejor olvidarse de tratados y hacerlo a tu manera, el guión nunca varía excesivamente, pero siempre se puede mejorar y hay trucos que aunque ya se hayan usado siempre resultan. Una buena canción de Sabina es como un buen polvo, es difícil quejarse aunque se parezca mucho a otro.

Con Pancho Varona y Antonio García de Diego de nuevo a la producción, Dímelo en la calle evita al mimetismo de otras de sus producciones y tiene un sonido muy Sabina, que aunque parece obvio no es tan fácil. El tono general es melancólico, pero con espíritu de montaña rusa como una de esas noches de farra en las que tu estado de ánimo va variando según el bareto y la gente con la que te vas encontrando. Lo bueno es que, a la mañana siguiente, lo recuerdas todo.

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