Repasando el hoy, el mañana y el ayer
Richard Ashcroft inició ayer en Madrid la mini gira española de presentación de <i>Human conditions</i>
La primera visión del enjuto músico sobre el escenario de La Riviera (01/12/02) arropado por una banda de siete músicos (entre ellos el batería de The Verve, la banda que convirtió en la estrella de hoy a Ashcroft, Peter Salisbury) podía dar que pensar en un primer momento: ¿qué tendrá que esconder el de Wigam para traer a tanta gente consigo?
Menos mal que no hizo falta mucho tiempo (apenas unos minutos) para que el público madrileño se diese cuenta de que el músico no pretendía ocultar nada, sino más bien, adornar todo lo que salía de su garganta. De hecho, tan desnudo se mostró en más de uno de los temas que interpretó, que estribillos como los de History (de su álbum con The Verve A northern soul -1995-) o The drugs don't work (corte de Urban Hymns -1997-, también de The Verve) sólo sonaron a través de su guitarra acústica (una de las muchas que lució a lo largo del concierto) y de su voz.
Gesto de agradecer éste de tocar "desenchufado", así como el de no dejar que faltase uno solo de los sonidos necesarios para que las canciones que se oyeron en la noche de la capital fueran prácticamente fiel reflejo de lo que se puede oir en todos los CD's en los que ha participado. En este punto se notaba el respaldo de siete músicos a sus espaldas (un guitarrista, un bajista, un percusionista, una teclista, un persona encargada de vientos, un chelista y un batería).
LOS40
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En algo más de hora y media a Ashcroft le dio tiempo a presentar en vivo seis de los 10 cortes de su nuevo trabajo en solitario, Human conditions, y a pasar de puntillas por su primera aventura en solitario Alone with everybody -junio 2000- (A song for the lovers o New York, fueron unos de los instantes más intensos del concierto) y por sus inicios en The Verve.
Los que se estén preguntando llegados a este punto si en su show a las orillas del Manzanares sonó la canción a la que todos (para su suerte o desgracia) le unen, Bittersweet symphony, que se dejen llevar por la obviedad: ¿alguien imagina una paella sin arroz? Pues a Richard Ashcroft no le faltó ni un grano de su Sinfonía agridulce para poner fin a su espectáculo. La Riviera fue testigo de una versión renovada, rockera y psicodélica de todo un clásico del que Mick Jagger y Keith Richards (co-autores del tema junto a Ashcrfot) se hubieran sentido orgullosos.












