Bajar a los infiernos para tocar el cielo

Jordi Sánchez y Miguel Arjona, los creadores de OBK, presentaron en Madrid su nuevo espectáculo, Babylon Tour, el pasado 22 de mayo

Jordi Sánchez y Miguel Arjona, los creadores de OBK, demostraron ayer en la sala La Riviera de Madrid que su música no es sólo un producto de estudio, sino que puede ser perfectamente extrapolada al directo, sin ningún tipo de limitaciones. Arropados en todo momento por una banda compuesta por dos teclistas, un ?virtuoso- guitarrista y, como novedad, un batería, y coreados hasta la saciedad por una parroquia variopinta (cuya media de edad podría centrarse más en los 30 que 25, al contrario de lo que puedan pensar muchos), bajaron a los infiernos para tocar el cielo en más de una ocasión.

El dúo electrónico barcelonés ofreció un repertorio claro, estudiado y basado en gran parte en sus grandes éxitos, cosechados a lo largo de 13 años de carrera. Si no tuviera nada que perder, precedido de una espectacular intro instrumental en la que todos los miembros del grupo iban tomando posiciones en el escenario, abrió la velada. Tras ella llegó Lucifer, su nuevo nº 1 de Los 40 Principales, y a partir de entonces, como si de un pacto con el diablo se tratara, la sala fue adquiriendo calor. Calor infernal.

Oculta realidad, el sencillo que le sirvió de debú a OBK en 1991, adquirió otros tintes más actualizados gracias a la tecnología y los nuevos medios usados hoy por Jordi y Miguel. Lo mismo les ocurrió a otros de sus memorables temas de su primer disco, como Historias de amor y De qué me sirve llorar, remozados en 1998 para la edición de su, hasta ahora, único recopilatorio.

La fiesta no decayó en ningún momento. Todo fue fruto de un show muy correcto (aunque a veces el sonido no fuera el óptimo) que, inevitablemente nos trasladaba en el tiempo hacia los años 80 y nos recordaba a los mejores años de Depeche Mode, grupo por el que los de Sant Feliu de Llobregat siempre han sentido especial predilección. Negro sobre gris, blanco sobre negro, negro sobre negro y unas inmensas letras con las iniciales del grupo, presidían un escenario sobrio, pero muy efectivo.

Aunque la música electrónica dominó el concierto de cabo a rabo (como era de esperar), hubo sorpresas. En La princesa de mis sueños, Jordi cantó escoltado por una guitarra acústica y un cajón flamenco, dos instrumentos nada usuales en un espectáculo de techno. Pero aún hubo otra. El vocalista interpretó solo y a los teclados la balada Tres palabras.

Historias de amor, en su versión más bailable, fue la excusa para llegar al final del concierto. Pero no se acabó ahí. La gloria y el cielo que vivió OBK esa noche se pudieron entrever en las caras de felicidad de Jordi, Miguel y sus compañeros de viaje. El primero dijo: ?Al final tendremos que empadronarnos aquí?, en clara alusión a lo cómodo que se sentía un barcelonés en Madrid. El segundo, obligado a hablar por el respetable que no paró de picarle para que soltara unas palabras, aseguró que ?ese concierto lo recordaría toda la vida?.

Hubo un único e intenso bis. El cielo no entiende, el sencillo que les endiosó dentro de la comunidad gay, fue el primero en sonar. Pero no podían decir adiós sin homenajear a sus idolatrados Depeche Mode. I feel Jesus, mezcla de los clásicos del grupo inglés I feel you y Personal Jesus, hizo las delicias de todos los allí presentes, muchos de ellos también seguidores de los de Basildon. Lucifer, emergido de nuevo de los infiernos, volvió a hacer acto de presencia en su versión remix para cerrar una noche que muchos tardarán en olvidar.

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