Alma de hielo y fuego
La islandesa ofreció una fusión perfecta entre lo clásico y la vanguardia, con momentos de auténtico experimento emocional en su visita a Madrid el 1 de junio
Algo ha cambiado en Björk desde hace ocho años, cuando pisó Madrid por última vez. O quizás no sea tan fría como ella misma ha querido hacernos ver (quizás). Islandia es la tierra del hielo pero también del fuego. Y los que asistimos al concierto del domingo 1 de junio en el Auditorio Juan Carlos I participamos de una ceremonia plena de calor, una fusión perfecta entre lo clásico y la vanguardia, con momentos de auténtico experimento emocional. Björk emergió vestida de tul negro de una caja de música. Más cercana de lo habitual y sin dejar de sonreír se acompañó de sus inseparables Matmos y un octeto de cuerda.
Nada que ver con lo esperado. Se le nota la experiencia y sabe cómo engancharte desde el primer momento. Empezó la sesión con una hipnótica Pagan poetry. Auténtico hielo polar en primavera. El espectáculo resultó sobrio durante la primera media hora, pleno de ternura e inocencia. La ternura fue dejando poco a poco paso a la eclosión, hasta convertirse en una experiencia extrasensorial y sorprendente, mucho más allá del sonido que conocemos o que creíamos conocer. Sonido mágico y potente para una voz clamorosa. Fuego ?del literal y del pirotécnico? e imagen como para derretir un iceberg.
A partir de la segunda parte, se oyeron muchos temas de Post y Homogenic, trabajos ambos de la segunda mitad de los noventa y en los que fue abandonando los ritmos bailables para ir adentrándose cada vez más en ese mundo oscuro y frágil que ha venido conformando su obra en los últimos años. Sin dar opción a bajar la guardia, el lleno total del auditorio se mezcló. Se mezcló con ella y con el de al lado, con el de atrás, con el de delante e incluso con el de arriba. Superó otro de los tópicos que desde hace diez años acompañan a la cantante, a la que hay que odiar o amar irremisiblemente. El escepticismo se quedó en las taquillas del recinto. Lo que muchos esperábamos un espectáculo distante se convirtió en un diálogo de una profundidad emocionante. Un sentimiento total que no dejó a nadie indiferente.
LOS40
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Y eso que ahora dicen que quiere ser comercial. Las malas lenguas nos anuncian que si Björk se ha lanzado este año con tanta pasión a la carretera, incluido un grandes éxitos a la venta desde hace unos meses, no es más que para compensar el agujero económico que su último 'experimento' llamado Vespertine dejó en su cuenta bancaria. Que el cuerpo le pide acercarse más a la gente, encontrar nuevos públicos, abandonar la oscuridad y acercarse a la luz ... ¿de la popularidad? Totalmente en desacuerdo. Lo popular suele ser convencional y Björk es de todo menos convencional.
La reina de la posmodernidad trabaja ya en su próximo álbum, de título provisional The Lake Experience, del que adelantó un par de temas sobrecogedores en su directo en Madrid. Pero antes lanzará al mercado un estuche que incluye cuatro directos, Live Box. El resultado aún está por ver, pero no se puede encerrar en una caja un animal de hielo y fuego. Sobre todo si va descalzo de pies. Y de alma.












