Quien ríe último, ríe mejor
Alejandro Parreño presentó, de forma oficial, las canciones de su segundo álbum, <i>Me río</i>, en la sala Chesterfield Café de Madrid el pasado martes 17 de junio.
Alejandro Parreño es de los pocos artistas creíbles de la factoría Operación Triunfo, y lo ha demostrado ya en varias ocasiones. El valenciano, que durante su estancia en la famosa academia no estuvo precisamente tocado por la varita mágica de los elegidos (y de los que eligen), presentó de forma oficial el pasado martes (17 de junio) su segundo álbum, Me río, con un concierto para medios de comunicación e invitados en la sala Chesterfield Café de Madrid.
La puesta de largo de dicho trabajo, producido por Pablo Pinilla (Alejandro Sanz, Gisela, David Demaría), fue corta, pero intensa. Alejandro, que en los últimos tiempos ha mejorado sensiblemente su imagen (y se ha olvidado ya de su gorra), vestía camisa negra, corbata roja y vaqueros desgastados y estuvo muy bien escoltado por una banda de cinco músicos (en los que se encontraba, como viene siendo habitual, su inseparable hermano Gonzalo) y dos coristas. El ex pupilo de OT se emocionó en varias ocasiones, derrochó energía, entusiasmo y mucho savoir faire.
Perdido en el paraíso, tema que titulaba su primer CD (y que fue su segundo sencillo), sirvió para abrir una tanda de ocho canciones. A partir de entonces, Alejandro fue desgranando los cortes más importantes (y las que pueden convertirse en singles) de Me río: Sha la la (escrita por el propio artista), Si los ángeles se rinden, Me río y Cuando no hacemos el amor.
LOS40
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Pero no todo fueron novedades. Alejandro se apoyó en Aire, otra de las mejores composiciones de su anterior trabajo, para presentar inmediatamente después Dime si lloras, el tema que en el álbum canta a dúo con Chenoa desde principio a fin. De hecho, se echó mucho de menos la voz de la mallorquina, ya que aunque las coristas pusieron su granito de arena, se quedó cojo. No tenía la misma fuerza. Realmente le será muy difícil a Alejandro encontrar una buena imitadora de Chenoa, que llene tanto la canción como lo hace ella.
Llegó el final. Ellas, melodía con la que se dio a conocer en 2002 (fue de los primeros triunfitos en sacar disco, de algo tenía que servirle haber sido expulsado tempranamente de la Academia), como estaba previsto, puso punto y final a la velada. Sin embargo, Alejandro y su banda se saltaron el protocolo y repitieron Si los ángeles se rinden, a modo de despedida.
Alejandro Parreño, Alejandro (no confundir con Alex, que es otro) para los amigos, dejó claro que lo suyo es una carrera de fondo y que su paso por Operación Triunfo, aunque le abrió paso en su carrera discográfica, le cerró las puertas de la credibilidad para algunos de los que siguen pensando que es un mero producto de márketing. Sin embargo, el tiempo se encargará de poner las cosas en su sitio, y probablemente él habrá ganado. Entonces podrá reírse de todo y se cumplirá el refrán popular que reza así: quien ríe último, ríe mejor.












