La pandilla de Bunbury
El autor de 'Flamigos' y tres amigos fundan una fugaz comuna creativa que deleita y seduce
En países normales, Bushido no llamaría la atención: músicos que se juntan brevemente para crear y grabar canciones. Los brasileños, por ejemplo, saben todo sobre teoría y praxis de la ?parcería?. Tribalistas es un ejemplo de esas reuniones, repetibles o no, donde los egos se sumergen en pro de la colaboración y la exploración.
Bushido son dos solistas, Enrique Bunbury y Carlos Ann, y dos vocalistas de grupo, Shuarma (Elefantes) y Morti (antes en El Fantástico Hombre Bala). Cuentan que se encerraron en una masía para componer y grabar sin ideas prefijadas, impregnados de espíritu colectivista. Los beneficios se reparten al 25%.
A la espera de que los protagonistas desvelen los intríngulis de las sesiones, Bushido plantea 14 canciones ? La felicidad en doble lectura ? desarrolladas en libertad, fuera de las (posibles) camisas de fuerza que impone el quehacer de cada uno. Hablo de los heterogéneos tratamientos sonoros, pero también de la audacia en textos: Rusa-rumana describe un turbio triángulo amoroso mientras España envuelve en dub un torrente de comentarios,con y sin ripios, sobre la egoísta Europa y la avalancha de inmigrantes.
LOS40
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Pero también hallas piedras bien pulidas: Raphael ya editó la versión de Bunbury de Desmejorado. Hay cabaret arrabalero y confesiones de medianoche, ejercicios de estilo y experimentos a calzón quitado. Tal vez el nombre no sea adecuado ?bushido era el código de honor del samurai- para tan libérrima obra, pero ésa es la naturaleza del juego: capricho, irreverencia, alquimia apenas controlada.












