Sobreviviendo a la unanimidad

El primer disco de The Shins, Oh Inverted world!, fue durante mucho tiempo el disco menos vendido de los publicados por su sello en España, Houston Party Records. Pero tras convertirse en los favoritos de la crítica y gracias a una promoción casi agresiva de su continuación, Chutes too narrow (portadas en revistas especializadas, reseñas en todos los medios?), la visita de este grupo proveniente de Nuevo México era esperada con ansiedad por muchos para comprobar, más allá de ventas o repercusiones mediáticas, cómo funcionaban sobre un escenario las canciones de los dos discos públicados hasta la fecha por la banda, clásicos desde ya de la música pop de estos primeros años del nuevo siglo.

La banda huye de todos los clichés en los que podía caer un grupo de su estilo: No son una banda revival, pese a que sus melodías recuerdan a Zombies, Kinks, Byrds o Beach Boys; y tampoco son una banda indie al uso, ya que aun debiendo mucho a grupos anglosajones de los 90 como Pavement o al colectivo Elephant 6, suenan frescos y con personalidad propia.

Su concierto en Madrid tuvo un inicio accidentado, arrastrando el grupo unos problemas de sonido que les impedían sentirse cómodos frente al público que llenaba la sala Moby Dick. James Mercer, líder, compositor y cabeza pensante de la banda, adoptó una actitud distante, relegándose por iniciativa propia a un segundo plano que revelaba una timidez que ya dejaba entrever en las entrevistas al grupo. El puesto de portavoz lo ocupó con solvencia el teclista, que salió airoso en la dura tarea de cubrir los tiempos muertos que causaban los problemas técnicos. No fue hasta la cuarta canción, Know your onion, cuando The Shins comenzaron a sonar compactos, se deshicieron de los nervios y pudieron disfrutar con su actuación.

Las dos canciones más clásicas del grupo, New Slang y Gone for good, una de aires folkies y la otra un ejercicio de estilo country, fueron el momento más emocionante del concierto. En ellas Mercer describe las angustias, la amargura y los buenos momentos que producen el amor y el desamor, poniendo un cuidado en los textos que es necesario remarcar. A partir de ese momento se pudo comprobar, con un bis de tres canciones incluido, que tres cuartas partes de su repertorio son hits potenciales, mitad medios tiempos melancólicos con alta presencia de teclados fantasmagóricos, mitad temas más agresivos que no pierden nunca de vista la melodía.

Las espectativas creadas fueron satisfechas con creces, sobreviviendo The Shins a la unanimidad general. Son la prueba de que se puede hacer buena música pop en pleno siglo XXI sin sonar como un calco de lo que varios cientos de grupos llevan haciendo desde hace décadas y de que la ecuación guitarra + bajo + batería puede seguir dando de sí por mucho tiempo.

La banda granadina Lori Meyers fue la encargada de abrir el concierto. En breve se edita su álbum debut Viaje de estudios.

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