Inundando Madrid de rock urbano

Los navarros presentaron en Madrid su último trabajo discográfico, 28.000 puñaladas

"La primera vez que ofrecimos un concierto en Madrid éramos 100, después 200, incluso llegamos a ser 4000 y hoy... hoy parece que estamos todos", así oficiaba de maestro de ceremonias Kutxi ante el público del Palacio de Vistalegre este pasado sábado. Y no le faltaba razón, porque quizás no estuvieran todos, pero aún así tampoco había hueco para nadie más. Al publico, entregado desde entonces (incluso antes) hasta el mismísimo final del concierto, no le hicieron falta más gestos. Todos supieron que era un día importante. Marea lo puso de manifiesto.

Antes de todo eso y, como un aperitivo que sólo se disfruta porque es un paso más hacia el banquete posterior, apareció en escena Bathoo, grupo que se encontró ante un cuarto del aforo del Palacio (mucha gente decidió apurar hasta el ultimo minuto para saborear el espectáculo). Poco se puede decir de este grupo: discreto aunque de menos a más. Destacar (uno no sabe en qué sentido) que en la última canción, uno de sus componentes, se lanzó al publico en un escorzo difícilmente interpretable... Me imagino que todavía esta preguntándose por qué tan poca gente quiso amortiguar su caída.

Y después, la apoteósis. Había ganas de oír a Marea, ganas que se vieron acrecentadas por la espera a la que el grupo sometió a las miles de personas concentradas allí. Rondaban las diez de la noche cuando sonaron los primeros compases de La rueca, primer single de su nuevo disco, 28.000 puñaladas. Pronto se convirtió el Palacio en un escenario idóneo para que la fuerza de las magníficas letras de los Marea y la irreductible personalidad del propio Kutxi, consolidaran un concierto vibrante, sólido y emocionante en el que uno de los puntos álgidos fue la interpretación de la canción El hijo de la Inés, quizás porque este tema (como bien se dijo desde el escenario) ha sido el elegido como mejor single por los internautas que visitan la página web de Marea.

Sin embargo, no fue el único momento a destacar. Las canciones de anteriores discos fueron coreadas sin descanso por cada uno de los que allí estaban. Mención especial para el segundo bis del grupo, un fin de fiesta digno de un buen concierto. Desde las tablas se empezó a escuchar la fuerza de la letra de El Perro Verde del disco Revolcón y, a continuación, el tema Marea de su primer disco, La patera, recodándonos a los presentes su especial significado.

En definitiva, que aún siendo una actuación notable y asumiendo que, en algunos momentos, se acercaron al gran directo de Barricada y que, en otros, consiguieron la profunda complicidad que impregna las actuaciones de Extremoduro, no se puede obviar que, en general, les queda todavía camino que recorrer en estos dos sentidos y en algunos más.

Por hacer mención a cosas menos afortunadas, referirnos a los intervalos en los que el Kutxi se tomaba un refrigerio y recogía el relevo Edu Beamount El Piñas, no porque no se pusieran ganas sino porque tuvo que lidiar, sin la personalidad de su mentor, con canciones exigentes y, en el caso de Al culo de una lombriz, con el fantasma de Rosendo (colaborador en el disco en dicha canción). Y es que maestros hay y habrá y es bueno que, cuando no se les disfruta, se les tenga presentes... Por ahora, Marea sigue el buen camino.

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