Estreno y final de una leyenda del cine (4)
El origen de <i>Star Wars</i> está en una disputa comercial entre planetas. Los jedi intentan mantener el orden y en su intento descubren a un joven prodigioso, Anakin Skywalker.
Nadie sabrá nunca hasta qué punto Star Wars llegó a marcar a George Lucas. Sin ninguna duda, él se convirtió en uno de los referentes para la industria de Hollywood y por supuesto, revolucionó e introdujo la concepción del cine como un fenómeno juvenil y capaz de atraer a la masa. El caso es que, con el paso de los años, la tecnología que había creado para dar forma a su guerra galáctica, le permitió la posibilidad de mejorarla para una futura explotación, en forma de VHS primero, DVD luego, reestreno después, y continuación posteriormente.
Durante más de una década, George Lucas se sirvió de los avances de la división informática de Lucasfilm, como por ejemplo el ordenador Pixar, para revisar la mítica trilogía. Las espadas láser lucían con nuevo fulgor, soldados imperiales y creaciones digitales como Jabba el Hutt sustituían a los primitivos muñecos; y por supuesto un sonido muy mejorado, resucitaron el deseo de más aventuras.
Se abría una nueva esperanza para millones de jóvenes que no pudieron disfrutar del inicio de la saga. El creador lo tenía claro: "Decidí volver porque amo Star Wars. Quiero verlo todo acabado". Habían pasado veinte años. Había llegado la hora de revisar como el más poderoso de los jedis había sido seducido por el lado oscuro de la Fuerza.
LOS40
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Pero regresar no fue un trabajo fácil. Bien es cierto que fue la película más esperada del siglo XX, pero George Lucas tenía que escribir un guión en el que no podía existir ninguna incoherencia con la segunda de las trilogías y además, debía comenzar a explicar el viaje que Anakin Skywalker emprendía hasta convertirse en Darth Vader.
Desde el primer momento tuvo claro que él asumiría todas las facetas que la película le podía exigir. Guionista, productor, director, supervisor de los efectos... Todo el universo galáctico pasaba por sus manos y tenía una dimensión espectacular. Desde la idea de coreografiar las batallas entre los jedi y el aprendiz sith, Darth Maul; pasando por la fabulosa estética en el vestuario y el maquillaje; hasta cada uno de los fotogramas digitales que hicieron creíble la existencia de los nuevos mundos en los que la acción se desarrollaba dentro de la galaxia.
Tal vez uno de los problemas que mejor se resolvió fue el de elegir el reparto de actores, que no sólo se parecieran físicamente a los futuros personajes de la saga, sino que además fueran solventes en la interpretación. Star Wars rejuvenecía igual que la piel de Anakin Skywalker (Jake Lloyd), Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor), Yoda (totalmente digital pero aún con Frank Oz) o Darth Sidious (Ian McDiarmid). Paralelamente aparecieron nuevos personajes. Natalie Portman resultó ser una perfecta Reina Amidala (madre de Luke y Leia), al igual que Liam Neeson como Qui-Gon Jinn (maestro de Obi-Wan).
Los problemas en el rodaje volvieron a aparecer como en los viejos tiempos. Túnez, improvisado planeta Tatooine por unas horas, marcó de nuevo temperaturas récord que alcanzaban los 48º. Los decorados no lograron resistir alguna de las tormentas de arena que azotaron el país africano aquellos días de 1997. Era una especie de vuelta a las raíces dos décadas después de la que John Williams también quiso volver a ser partícipe.
Una cinta espectacular de acción cobraba forma entre grandiosas batallas y carreras de vainas, secuencias que eran posible gracias a la avanzada tecnología. La misma que facilitó la creación de personajes absolutamente digitales que participaban en la acción como los droides, el mecánico Watto, el desagradable Sebulba, el viejo Jabba el Hutt, o el polémico Jar-Jar Binks, que despertó las iras de más de un incondicional.
El problema para Lucas radicó en la necesidad de compatibilizar la información (excesiva para algunos) y la ciencia ficción en La guerra de las galaxias Episodio I: La amenaza fantasma. El resultado, la cuarta película más taquillera de la historia con más de 922 millones de dólares en todo el mundo.
"Tío George" había vuelto a dar en el clavo.












