Tocando el cielo en Barcelona

Kanye West cerró su gira europea con un único concierto en Barcelona el pasado 12 de marzo. El rapero hizo que sus seguidores españoles tocaran en cielo durane dos horas

Antes de empezar el concierto, cuando las luces todavía estaban apagadas, se divisaban sobre el escenario algunas siluetas extrañas en un recital de hip hop. A la derecha lucían cuatro violines y allí, tras la mesa de mezclas, aparecieron dos violonchelos y un arpa. Kanye West, la gran esperanza del rap, se rodeó de instrumentos de cuerda y de un espectacular DJ para que las más de 2.000 personas que abarrotaron el Razzmatazz tocaran el cielo durante dos horas.

Quienes esperasen un recital al uso, quienes esperasen cadenas de oro, pantalones anchos y mucha carga testicular, no fueron al lugar adecuado. Mr. West no es un rapero corriente y su concierto fue un espectáculo en el que hubo hueco para las rimas más aceleradas pero también para bailar a A-ha.

Kanye West llegó a Barcelona para cerrar su gira europea. Tras haber ganado varios Grammy, sobre su espalda reposa la responsabilidad de ser el referente del nuevo sonido del rap y parece que no le importa lo más mínimo. En la primera media hora de concierto quemó sus éxitos más sonados y puso a toda la sala a bailar.

Diamonds from Sierra Leone, Touch the sky, Heard em say y Gold Digger fueron como fuegos artificiales, pasaron rápidas y vibrantes y dejaron muy corto el sonido de la sala barcelonesa. West se apoyó en sus dos coristas y su cuerpo de cuerdas clásicas para lucir sus dos primeros modelitos mientras aprovechaba la comunión más fácil con el público.

Cuando lo fácil ya estaba hecho, cuando la mayor parte del auditorio se había rendido a los encantos de Kanye y las más jovencitas se entregaban al piropo fácil, el rapero decidió dar un volantazo y rendir tributo a sus mayores. Empezó entonces un diálogo con el público más exigente en el que repasó grandes éxitos de otros rimadores y demostró su admiración por el que, a día de hoy, sigue siendo su jefe en Rocafella. Quien más quien menos fue capaz de seguirle las rimas a Kanye West cuando lo que cantaba eran acordes de Jay-Z.

Pero todavía había hueco para abrir el escenario al octanaje, al fraseo rápido y vacilón. Acompañado de un MC de vieja escuela, West se lanzó a una carrera de rimas y duetos en los que no cabía un acorde de violín. Un acto entero de un concierto de dos horas dedicado a la juerga callejera de Chicago.

La mitad de la audiencia suspiraba por una cerveza pero West no dio tregua y convirtió el escenario en una fiesta particular en la que se dedicó, con la ayuda de su DJ, a recordar canciones que le gustan. Ya habíamos oído a The Verve e incluso a Eurythmics durante el concierto, pero nadie esperaba que en el precio de la entrada fuese incluido un delirante baile de Kanye siguiendo los ritmos del Take on me de A-ha.

Razzmatazz ya era una fiesta de muchos sabores (West no se refugió en sus temas más bailables y se atrevió con Roses y Hey Mama) cuando West recuperó la batuta del concierto para prender la mecha de un fin de fiesta casi apoteósico al compás de Through the wire. Baño de multitudes, besos y abrazos como premio a dos horas de potencia y flow. West se despidió dando las gracias y repitiendo Touch the sky acompañado por un auditorio que llevaba rato flotando.

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