Digan lo que digan
Se ha hablado de Rudebox como de una reinvención, de una apuesta por la modernidad y de un giro hacia la electrónica. En definitiva, un cambio notable respecto al estilo al que Robbie Williams nos ha venido acostumbrando desde que inició su carrera en solitario y que le convirtió en el solista británico de mayor éxito de los últimos diez años. La jugada era arriesgada y no parece haberle salido del todo bien, a la luz de las escasas cifras de ventas (respecto a las esperadas) y las numerosas malas críticas.
Pero Rudebox también contiene algunos buenos momentos repartidos a lo largo de sus casi 75 minutos de duración. Lovelight, el segundo single, es un espectacular tema de pop bailable. Una línea que siguen pelotazos como The actor y Never touch that switch, de marcada inspiración ochentera. También brillan las versiones de Louise de The Human League y Bongo bong de Manu Chao y se agradece la siempre solvente presencia de Pet Shop Boys en algunos de los temas del álbum. En el clip de uno de ellos, She?s Madonna, Robbie aparece travestido, lo cual a buen seguro volverá a desatar la polémica en torno suyo. "Que hablen de uno, aunque sea mal", debe de haber pensado.












