Conciertos divertidos son posibles

Se hicieron esperar pero cuando tocó tocaron, y muy bien. Es cierto que están empezando y que la competencia les acecha pero son conscientes y van a por todas.

Se hicieron esperar, y cuando por fin tocó, aparecieron sobre el escenario de la sala Pachá de Madrid dispuestos a dar lo que haciera falta. A las 8 de la tarde y empiezan a sonar los primeros acordes Melocos. Las guitarras de Manu y de Gonzalo se ponen de acuerdo en Habrá mejores días, cuando Jaime comienza a cantarla animado. La esencia de la formación gaditana se completa con la caña de Andrés a la batería y el bajo de Antonio (el único no gaditano que perfectamente pasa por serlo).

Unas canciones más tarde, en la oleada de bandas del mismo palo que les precede, ellos son capaces de diferenciarse. La gracia de el de Cádiz que no cuenta chistes ni está en chirigotas, dicen algunos que no existe. Pero esa noche lo vimos. Animados y divertidos se hicieron con el público (muchas adolescentes) en menos que canta un gallo. Que cuando Jaime, el frontman, se acercaba a la gente, las olas de manos que querían tocarle casi le desnudan. Es lo que tiene ser guapo y cantar bien. Pero también tener una formación cohesionada que te respalde, que salte contigo y que vaya de lo mismo que tú.

Cuando llega Vinilos, sin duda una de sus mejores canciones, la más pop sin complejos, parecía envolverles cierta actitud amateur que les hacía humanos y grandes al mismo tiempo. Una canción que es la historia de todos los que amamos la música, cantada con las ganas de quienes quieren decirnos de dónde vienen. Con temas como Cuando me vaya y Edimburgo, Melocos acababa de enseñarnos la ilusión y el esfuerzo de los que acaban de empezar. En Cada golpe dejaron claro que habían trabajado duro para llegar a estar sobre aquel escenario. Que aquella canción lanzada para triunfar era el esperado hit que nos estaba haciendo bailar.

Son jóvenes y tienen mucho que aprender, pero están en la brecha, tienen un álbum que defender en la calle y eso es de celebrar, como celebraron su simpatía por Maná, una de las bandas que probablemente más les enseñó, con una correcta versión de Clavado en un bar, que les dio una de las ovaciones más largas de la tarde-noche.

A ellos, que la moda y esas cosas les da bastante igual, lo único que no les deja indiferentes es llegar a su público. Decía Gonzalo horas antes de subir al escenario: "lo principal es hacer música, sonar bien y transmitirlo a la gente". Dicho y hecho.

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