Fito Páez de fiesta con los amigos en Madrid
El argentino rodeado de amigos repasa su vida en Madrid con un público entregado.
Ayer el cantante argentino Fito Páez defendía su casi cuarto de siglo como artista sobre un piano negro de cola. Trajeado en negro con corbata morada y melena a lo Amadeus, el argentino grababa para un dvd su actuación en Madrid.
Solo, en un escenario enorme y sobre el piano, fue saltando por los éxitos de su carrera recuperando aquello de ?cualquier tiempo pasado fue mejor?. Análisis, psicoanálisis y recuerdos vertidos con la voz atormentada del de Rosario. ?Las canciones con los años tienen mucho recorrido y ésta tiene una buena historia? dice para presentar Tumbas de gloria que ya levanta a un público, que no llenaba pero estaba entregado a un hombre que en Argentina es una institución.
Y sobre el piano iba hablando, rápido, inconexo. Detrás del muro de los lamentos. En otras se enzarzaba con locura sobre las teclas del piano. El cuarto de al lado presenta un reflexión sobre el amor y la paternidad. ?Estoy feliz cuando sé que en el cuarto de al lado duermen mis hijos? comenta bromeando.
LOS40
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Y se abrió la veda de los invitados, primero los chicos de Marlango, a los que presentó como su banda favorita. Ahí cedió el piano a Alejandro, Oscar traía el saxo, y Páez no resistió la tentación de compartir micro y baile con la preciosa Leonor.
Los pases con Marlango, algo sosos, el saxo no sonaba y Páez y Leonor no encajaban, dieron paso a una amistad meritoria y resistente. ?Un músico al que amo profundamente; Ariel Roth?. Su ex cuñado salió con la eléctrica en un vago intento de inyectar algo de ritmo a un espectáculo de una sola velocidad. En Circo Beat con Ariel llega uno de los grandes momentos de la noche.
Roth da paso a los chicos de Pereza que salen en butaca y con acústicas para acompañar al pianista. Tampoco encajan ni aportan demasiado. Las guitarras suenan bajas en ese empeño del argentino de mantener el protagonismo por encima de todos.
Con la chica más guapa de la ciudad recupera un cuento de Bukowski al que señala como faro de los balas pérdidas. Coqui y Mavi Díaz anteceden el momento de la noche. El morbo y la curiosidad de volver a ver juntos a dos enemigos íntimos. Joaquín Sabina marchó a la Argentina hace diez años para grabar con Páez, y de aquello salió un disco que nunca llego a girar. Y la descripción de Páez sobre el de Ubeda, ?Sabina es como una novia borracha?. Ayer salió sobrio, delgado y bastante rejuvenecido levantando al público. ?Monsieur Madrid? que dijo para presentar al andaluz. Juntos, y para más morbo, cantan Contigo entre miradas, sonrisas y la pipa de la paz. En llueve sobre mojado Sabina rompe su voz, olvida letras y hace mutis por el foro. Algo decepcionante el encuentro entre dos grandes enemigos. Gala Evora, ex Papa Levante y ex Lola Flores arranca con una de las grandes canciones del argentino, Un vestido y una flor. Pero la gran sorpresa fue la inesperada aparición del extraordinario Pablo Milanés al que el público en éxtasis recibe de píe.
Dar es dar junta a todos los amigos en el escenario en un emotivo instante que precede el final del show con todo el auditorio saltando y cantando la despedida de un artista que resumió su vida sobre el piano.












