La difícil realidad de convivir con un apellido famoso

Los apellidos famosos bien son un juego de llaves que abre puertas, como un pesado llavero que cargas en los bolsillos. Son pocos los casos de los hijos que superan la leyenda de sus afamados padres. Normalmente la etiqueta de "hijo de" acompaña a eternidad de quienes adoraron a los padres y sienten apego por sus vástagos.
Jakob Dylan, que este mes se presenta en solitario tras unos años de silencio con Wallflowers, ha sabido luchar contra ese peso. A pesar de usar Dylan sin que este sea el apellido real de su padre, Robert Allen Zimmerman. Su éxito con Briging Down the Horses a mediados de los noventa fue recibido con gran alegría. Tiene mejor voz que su padre, es más guapo y tiene talento. Pero aunque Dylan sólo hay uno, el segundo disco de Wallflowers superó en ventas a alguno de los mejores trabajos del gran maestro. Luego, no pudo mantener el nivel.
Sean Lennon publicaba el año pasado Friendly Fire, un disco correcto, bien recibido por la crítica y demasiado comparado con el talento de su padre. Sin duda la intención de Sean de seguir los pasos del gran Lennon es arriesgada, físicamente es igual, la voz tiene la misma melancolía que la de John, pero musicalmente no ha sabido encontrar diferencias que le hagan acreedor de un estilo propio, algo que si consiguió Jakob.
LOS40
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Danni Harrison, hijo del otro Beatle fallecido, hizo un sorprendente debut en el concierto que Eric Clapton organizó en honor a su padre. Danni también recuerda a los años mozos del bueno de George, siente la misma pasión que su progenitor por los instrumentos orientales y por la meditación, pero no se ha lanzado a componer y no tiene demasiado claro seguir el camino de la música.
Los sellos ingleses se están peleando ahora por la herencia de Sting. Eliot Pauline con apenas 17 años enamoró al frente de su grupo I Blame Coco en su primer concierto en Londres, y se la augura un prometedor futuro con un estilo completamente diferente del que caracterizó a The Police.
Los hijos de Bob Marley también siguen sus pasos. Damien y Ziggy giran mundialmente defendiendo el reggae y la filosofía rastafari de la que su padre se convirtió en bandera. A portan matices más modernos y siguen la evolución y modernización de las raíces que asentó Bob Marley.
Hay casos distintos como el de Johann Sebastian Bach, hijo de músico que superó a su padre y que marcó con su huella en el Barroco, y sus hijos en la época posterior dejando una genealogía de doscientos años haciendo música.
Enrique Iglesias ha conseguido 18 números uno en el Billboard latino y ha conseguido asentarse en la música sin que su apellido sea una losa. Su estilo diametralmente diferente al de su padre le encaminó a un mercado diferente, a conseguir su propio público de otra generación. Y ambos pueden arrojarse datos y cifras a la cara en una supuesta lucha de egos. El pequeño, a pesar de los intentos y las ayudas no termina de hacerse un hueco en la difícil industria.
Otra saga digna de mención son los Buckey. Tim, el padre, fue un cantautor folk de éxito entre finales de los sesenta hasta su muerte en 1975. Por esa fecha su hijo Jeff tenía nueve años. Jeff publicaría en 1995, Grace, su primer álbum y una de las grandes joyas americanas de los noventa. Su peculiar voz y su inmenso talento le catapultaron hacia el estrellato, que se vio tan truncado como sobredimensionado cuando murió ahogado en el Mississippi en 1997. Tenía treinta y un años.
También proviene de familia musical June Carter, esposa de Johnny Cash y que se crió y vivió entre escenarios junto con The Carter Family. El hijo de ambos, John Cash Carter también hizo algunos pinos en el mundo de la música. Al viajar durante la niñez a todos los eventos de sus padres.
Y al final parece que los apellidos pesan, ¿mucho?, a algunos demasiado y para otros sólo es la ayuda que a muchos les falta. Quizá todo se pueda resumir en la cita del austriaco Karl Graus, que lleno de maldad afirmaba: "Cuando los padres han construido todo, a los hijos sólo les queda derrumbarlo".












