La crisis en los festivales de verano

La crisis ha llegado al mundo de los festivales de música, tras años de crecimiento la tendencia del mercado ha cambiado

La crisis en los festivales de verano

Crisis, esa palabra que ha servido a lo largo del año para despedir, soltar lastre y justificar los excesos del pasado ha llegado a la música. ¿O no? La industria discográfica vive una larga recesión por la competencia desleal de la piratería, pero hasta ahora la organización de conciertos y festivales había supuesto un atractivo filón para nuevas empresas o avispados emprendedores de otros sectores. Este año el curso festivalero ha tenido que pisar el freno.

En veranos pasados veíamos la aparición de nuevos festivales casi en cada provincia. La SGAE listaba en veintisiete el número de festivales en 2006, cifra que llegó a los noventa dos años después. El número de asistentes también se disparaba. De unos ochocientos mil asistentes a festivales a algo más de dos millones.

Un incremento notable en muy pocos años. Creamfields abría nueva sede en Vigo el año pasado, el FIB llegaba a Madrid, el Rock in Rio se instalaba en Arganda del Rey, se creaba el Daydream en Barcelona y algunas empresas entraban en competencia directa como el Summercase contra el FIB o el Electric Weekend de Getafe contra el Festimad.

Este año la tendencia ha ido a la baja. Creamfields y FIB ha replegado alas, Sinamonn cerró el puente aéreo (anunciaron que temporalmente) del Summercase y el resto de sus festivales charter, la burbuja festivalera explotó y ha sido un verano complicado. A la quema hay que sumar algunas desapariciones y otros desastres.

Algunos de los festivales más veteranos también han sufrido. El Festimad, que este año cumplía su edición número quince, ha dejado de ser un macro festival de un par de días para volver a sus orígenes, al mes de mayo y a las salas de la capital sin grandes nombres como antaño. El Metro Rock madrileño ya sufrió el año pasado un cambio de fechas y de recinto, pero también un recorte de presupuesto que se notó en la falta de grandes nombres internacionales en el cartel. Este año se espera para septiembre pero todavía no han confirmado nada.

NUEVAS IDEAS

Los grandes eventos también se han visto afectados, pero han jugado bien sus cartas. El FIB este año cobraba siete euros por un programa que otros años daban gratis y cerró el periódico que editaban. Por otro lado han sabido mantener la alta cuota de venta en el extranjero y han programado un cartel con llamativos nombres internacionales que han completado con la mayor participación de bandas españolas de los últimos años. La jugada les salió bien y vendieron la totalidad de los abonos con meses vista.

El Creamfields jugó diferente, redujo el aforo a la mitad, un 20% el número de bandas y pasaron de cuatro escenarios a dos, en cambio apostaron fuerte por uno de los grandes nombres de la escena internacional Dj Tiesto, y lo completaron con otras leyendas lo que les ha permitido mantener las cifras de asistencia. El Azkena Rock cambió también sus fechas pero ha conseguido realizar una de sus mejores ediciones con un interesante cartel.

Aunque sin duda los grandes triunfadores del verano han sido el Primavera Sound y el Sónar, ambos a principios del verano en Barcelona, y ambos con unas propuestas a la altura de sus mejores ediciones manteniendo un precio similar al de otros años e inferior al del FIB. Además han contado con las grandes estrellas del verano como Neil Young o Sonic Youth en el primero y Animal Collective o Grace Jones entre los segundos.

La incertidumbre de cómo funcionaría el verano ha provocado movimientos atrevidos. El Jazzaldia o Festival de Jazz de San Sebastián ha querido aprovechar la ocasión reforzando a bajo coste y buen gusto su oferta de música indie con las actuaciones de gente como Micah P Hinson, Russian Red, Vetusta Morla o Animal Collective. Una buena jugada. Tan buena como la oferta del SOS4.8 de Murcia. Este festival se presentó a principios de mayo con dos noches, un cartel con gente interesante como Babyshambles, Prodiggy, Underworld o 2Manydjs, y un precio inferior a los cincuenta euros. La ciudad se vio desbordada.

DESASTRE MADRILEÑO

Madrid ha sido una de las ciudades más castigadas por los movimientos de los grandes eventos, además de perder el Summercase, el Festimad y de reducir las fechas o los presupuestos del resto de los eventos, también ha habido desastres como el de el I Festival de Guitarra de Madrid que tuvo que cancelar varias actuaciones por no cumplir con las cuotas de venta anticipada. Lo más destacado del verano madrileño ha sido la apuesta de los Veranos de la Villa por las grandes leyendas del rock con las visitas de Fogerty, Lou Reed o Jerry Lee Lewis, aunque el elevado precio de las entradas alejó a los más jóvenes de las taquillas.

Otros de los grandes perjudicados han sido los festivales más pequeños que sobreviven gracias a las subvenciones públicas como el Enclave de Agua de Soria que se organiza gracias a la subvención total del Ayuntamiento, y que este año ha visto recortado su presupuesto a la mitad. El hecho de ser gratuito y de ahorrar en las cosas más innecesarias logró mantenerlo a flote dignamente y doblar la asistencia en su segunda edición.

Con este panorama no han sido pocos los que han puesto sus ojos en festivales en el extranjero. Portugal con el Superbock, el Paredes de Coura y el Sudoeste Festival ha sido uno de los más atractivos. Buenos carteles a un precio inferior, todos con camping y se añade el factor viaje al festival. Aunque no se ha cuantificado el aumento, los tres festivales reconocen haber incrementado las ventas en territorio español.

De toda esta coyuntura los grandes beneficiados han sido los grupos nacionales que han visto las puertas abiertas a eventos que en años pasados poco contaban con el producto nacional. Gente como Vetusta Morla, Russian Red o Second han hecho un verano intensamente festivalero.

Otro de los fenómenos que llaman la atención ha sido la gran cantidad de gente que ha asistido a los festivales desde fueran del recinto. La tradicional colina del FIB ofrecía buen aspecto este año, la Casa de Campo de Madrid también albergó a numerosos curiosos y amantes del rock sin dinero en sus Veranos de la Villa. El Creamfields organizó una rave gratuita cerca del recinto que se llenó de gente sin entrada, al final la crisis cada uno la torea como puede y algunos festivales como los bancos o las empresas pagan los excesos del pasado.


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