Con Springsteen en un teatro de París

Con Springsteen en un teatro de París

Ayer tomamos un avión rumbo a la ciudad de la luz para escuchar el nuevo disco de Bruce Springsteen, Wrecking ball. Qué expectación, y qué misterio. Ninguno de los periodistas europeos, australianos y japoneses que nos encontramos en París imaginábamos lo que iba a suceder. Era un secreto guardado bajo llave y un día muy especial para el Boss. No se había sentado ante los medios para hablar de uno de sus discos desde hacía 10 años. Un autobús nos llevó hasta el Théâtre Marigny, situado junto a la calle más cara del mundo, Les Champs-Élysées, y a solo unos metros del palacio del Elíseo. Una vez acomodados en nuestras butacas se apagó la luz y comenzó la escucha de los 11 temas que componen Wrecking ball. Ya conocíamos varios, interpretados en vivo en diferentes giras. Aunque con sus flamantes trajes estas nuevas canciones lucen mucho mejor. Una de ellas, Land of hope and dreams, cuenta con un coro de gospel y percusión electrónica, además de con el saxo de Clarence Clemons en una de sus últimas grabaciones y con una explosión de guitarra de parte del Boss. Este trabajo recoge nuevas texturas sonoras a través de efectos, voces, loops de batería... Springsteen ha estado experimentando creando distintos ambientes para sus canciones y se lo ha pasado bien. Sorprenden las estrofas rapeadas de Rocky ground, y emociona el folk rebelde irlandés en Death to my hometown: “destruyeron nuestras familias y nuestros hogares”. La música popular, el instrumento perfecto de cohesión para reunir a las gentes de todo el mundo. El mensaje recibido es que no podemos permanecer pasivos ante las injusticias que estamos viviendo. Charlando con Bruce, un tipo cercano y amable Después de la escucha el Jefe tuvo la gentileza de acercarse a tomar una copa de champagne con nosotros. Podría haber desaparecido tras haber explicado los detalles de su próximo disco, parecía muy cansado por el largo viaje. Para nuestra sorpresa, Bruce entró en la sala. Se coló por un lateral algo escondido. Apareció como uno más, solo. Sin hacer prácticamente ningún ruido. Tuve la suerte de verle inmediatamente, de poder charlar unos minutos con este gran hombre sin ser interrumpida, antes de que otros compañeros se percataran de su presencia y se agolparan alrededor de él. Un artista comprometido y con los pies en la tierra como es Springsteen, no se queda indiferente ante la realidad que estamos viviendo. Le noté muy preocupado por la situación en su país. Me contó que nunca había visto la sociedad norteamericana tan dividida, ni tanta desigualdad en una nación que siempre ha hecho gala de su patriotismo, que se ha presentado ante el mundo como una comunidad unida. Al mencionar que era española, Bruce mostró el cariño que siente por nuestro país. Me confesó que le hace ilusión empezar aquí la gira en mayo. “España siempre ha sido muy especial para nosotros, hay una energía muy buena”. Cuando le pregunté que si había empezado a ponerse en forma de cara a los conciertos, bromeó: “sí, estoy preparándome ya bebiendo esta copa de champán”. Siempre dicharachero, respondió en tono guasón a muchas de las preguntas que se le formularon. Pero sus risas no dejan sin atar las cuestiones: “sí, hemos empezado ya con los ensayos. Estamos ensayando mucho, trabajamos duro”. Wrecking ball, pura explosión de rabia La canción que titula el decimoséptimo disco de Springsteen fue interpretada por primera vez en el estadio de los Giants en 2009, en su tierra, Nueva Jersey, donde actuó durante cinco noches seguidas para intentar evitar que fuera derruido. Finalmente sus cimientos cayeron al suelo, como lo han hecho algunos de los grandes pilares de la sociedad norteamericana. Esta “Wrecking ball”, esta pesada “bola de demolición”, es utilizada por el Boss como símbolo de la desigualdad que campa a sus anchas en EEUU en estos momentos, donde “se han destruido los valores americanos fundamentales”. Sigue siendo ese gran amante de su país, pero feroz crítico a la vez, como lo fuera en los tiempos de Born in the USA. En la rueda de prensa mostró su decepción con Obama, al no haber proporcionado una respuesta satisfactoria ante Guantánamo o Afganistán. El gran “story-teller” está rabioso, y esa furia hace acto de presencia a través de ritmos enérgicos y percusiones muy potentes. Se siente defraudado e indignado como muchos en todo el mundo, y no podía quedarse más tiempo de brazos cruzados, sin expresar las desgracias que ve a su alrededor. “A lo largo de mi carrera siempre he intentado medir la distancia que existe entre la realidad americana y el sueño americano”. Las letras son duras y comprometidas y muestran su desilusión. Señala sin que le tiemble el pulso a los culpables. En Jack of all trades canta: “el banquero engorda y el obrero adelgaza. Si tuviera una pistola encontraría a esos bastardos y les pegaría un tiro”. En We take care of our own intenta responder a la pregunta: “¿Cuidamos de nosotros mismos? No lo creo. La respuesta es que no existe la igualdad para todos los ciudadanos”. La génesis de Wrecking ball hay que buscarla en el año 2008 con el estallido de la gran crisis financiera. “La gente ha perdido sus hogares. Tengo amigos que han perdido sus casas y nadie ha ido a la cárcel. Antes de Occupy Wall Street no había ninguna voz que se alzara contra este robo”. Lo nuevo del Boss promete, y mucho En este trabajo que verá la luz el 6 de marzo, el Jefe ha experimentado con nuevos sonidos y fórmulas junto al productor Ron Aniello, que ya colaboró con Patti Scialfa en su último disco. “Había estado trabajando en otro álbum que deseché, algo que me pasa bastante a menudo, por cierto. Ron me animó a terminarlo y salieron nuevas canciones muy frescas, con nuevos sonidos”, contó Bruce después de la escucha. También han participado sus fieles compañeros de la E Street Band, el guitarrista Tom Morello de Rage Against the Machine o Matt Chamberlain, que tocó la batería con Pearl Jam. Wrecking ball es un billete para un tren de almas perdidas en el que nos hemos reencontrado con el Bruce íntimo de Nebraska, con el gran amante del folk y la canción protesta de Pete Seeger, o con el enérgico de temas como Born to run. Con el que canta las historias de “perdedores”, de esos personajes humildes de clase trabajadora que alzaron la voz en Darkness in the Edge of town, o con los que conocieron la desilusión y la dureza de la vida en The River, como muchas personas en estos tiempos difíciles. Springsteen llama a filas a sus personajes como lo hiciera en Born in the USA, utilizando en este nuevo disco melodías de la Guerra Civil. Los más desfavorecidos son las grandes estrellas de sus canciones una vez más. Pero no todo es ruina y desolación. Esa pesada bola de acero nos da un respiro con canciones muy espirituales que intentan tranquilizar a través de palabras de aliento a los que lo necesitan en estos tiempos de crisis. Wrecking ball es un proyecto cargado de mensajes y símbolos de esperanza: “hay un nuevo mundo a la vuelta de la esquina y el cielo se volverá azul”. El protagonista del disco “es un tipo que está furioso, pero es constructivo”. Clarence Clemons, su mano derecha La pregunta que se hacen muchos es quién ocupará el lugar de Clarence Clemons en la próxima gira europea del de New Jersey y su banda, que arranca en mayo en Sevilla. La respuesta es el sobrino de Clarence, Jake Clemons, con quien ya ha habido muy buena conexión. De Clarence, el Boss dijo que disparaba su imaginación. “Me hacía querer escribir canciones para ese sonido de saxo”. La gira de Bruce Springsteen pasará en mayo y junio por Sevilla, Las Palmas, Barcelona, San Sebastián y Madrid.


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