El kit del perfecto festivalero (no vale para Eurovisión)

Hace ya muchos años salió a la palestra un nuevo estilo de viajero, el festivalero, o sea el viajero-festivalero. A pesar de que no tiene un perfil concreto, sí sabemos que el festivalero no mide el tiempo en años sino en ediciones, que para él no pasan las horas sino los grupos y que el silencio sólo es un cambio de escenario. No cree en Dios sino en David Coverdale, y su templo es una tarima sobre la que cada noche rebotan miles de watios de luz y sonido. En lo estético, hay unanimidad en que no brilla precisamente por su pulcritud, que colecciona pulseras de colorines como quien exhibe trofeos, y que su estabilidad peligra conforme aumentan los paseos al improvisado váter en mitad del campo.

El Festivalero, esa nueva especie de viajero

Se trata de un especimen que se dedica a quemar carretera (siempre viaja en furgona, o como mucho en tren) en busca de un trozo de terreno en el que plantar su tienda de campaña, su nevera portátil y mostrar la cultura musical que oculta tras una roñosa camiseta negra que podría ser de cualquier grupo raruno que se nos venga a la memoria. Lo mejor de esta tribu es que España todavía no es Glastonbury: amontonamientos, retretes indecentes, conciertos memorables, frío, lluvia y barro (en lo de los retretes indecentes y los conciertos memorables nos vamos acercando poco a poco). Lo define Diego A. Manrique, no yo, ¡dios me libre! De hecho la única experiencia que tuve en el mítico festival británico fue casi religiosa, y no lo digo por lo que ocultaba en mi bolsillo, sino por el hipnótico Thom Yorke.

Gracias a ellos, a los viajeros-festivaleros, he sabido realmente cuáles son las cosas imprescindibles que no debe faltar en toda mochila del asistente a un festival. No me refiero a la entrada, la tienda, la documentación, ropa, etc... y todas esas cosas obvias sino a aquellas que de verdad te salvarán la vida cuando la ocasión se presente.

Sí, es cierto que han pasado el FIB, el Sónar o el Contempopranea pero todavía quedan muchos más. Quedan el Sonorama, en Aranda de Duero; el EnVivo en Bilbao; Dreambeach Villaricos en Almería; el South Pop en Isla Cristina; Leyendas del Rock en Villena; Rototom Sun Splash en Benicassim; Trash an' Ready en Barcelona...Y muchos más por las vecinas Francia: La Route du Rock en Rennes o Rock en Seine en París; y Portugal: Paredes de Coura 2013 o Zambulleira do Mar. Si nos vamos más lejos todavía quedan muchísimas más citas festivaleras que añadir al calendario durante este mes de agosto y septiembre, así que os vendrá muy bien esta lista elaborada con todo el cariño y partiendo de una premisa fundamental: cuantos menos cachivaches mejor. - El iPod para grupos tediosos. Fundamental. No nos engañemos, los festivales contratan a cuatro grupos figura y el resto son de relleno. A veces, resulta que te llevas la sorpresa con alguno pero la mayoría suelen ser un pestiño. Para esos momentos en los que la música se vuelve anodina y repetitiva, te vendrá bien un MP3, un iPod o incluso el walkman de tu hermano mayor (será la atracción vintage del evento). He estado en festivales en los que hasta una cinta con chistes de Eugenio hubiera sido más interesante que algunas bandas sobre el escenario.

- Riñonera macarra. Su utilidad durante los días que dure el evento festivalero es directamente proporcional al descenso en el sex appeal del portador. Su uso va desde bolsillo para guardar el dinero, el tabaco o el papel... hasta para utilizar como bandera de guerra o torniquete en caso de herida. En unos días notaremos como se mimetiza con nuestro cuerpo y no podremos desprendernos de ella ni con agua caliente. De hecho, aparte de Matalascañas, el recinto ferial es el único sitio donde las riñoneras continúan de moda. - Perfume para las compañías. En algún otro sitio he leído que recomiendan llevar a los festivales desodorante o perfume para tapar el olor corporal. Nosotros vamos más allá y os avanzamos que si lo que queréis es volver sanos y salvos del camping musical, lo mejor es llevar un ambientador, perfume, desodorante, o ZZ (así de paso matáis cucarachas y mosquitos) para eliminar el olor a pies de los compañeros y compañeras de tienda. El verano es más verano en el campo. Y el calor...ya se sabe. - Tapones para dormir. Conciliar el sueño es cosa complicada con la adrenalina metida en el cuerpo, el sol por todo lo alto y un jaleo desbordante en los alrededores. Unos tapones para los oídos amortiguara al menos el ruido de los que están al lado y que les da por ponerse a tocar la guitarra, a berrear o a jugar a las cartas. Un antifaz y un relajante muscular te acabarán por dejar KO durante algunas horas. - Nunca sabes lo que pisas.  Zapatos cerrados, métetelo en la cabeza, zapatos cerrados. Aunque los vasos y demás material de venta en el interior del recinto deben ser de plástico nunca se sabe lo que puedes pisar. Los baños están siempre saturados, los pisotones son frecuentes, las latas se cuelan como por arte de magia...así que grábatelo a fuego: zapatos cerrados. - Luce camiseta. Toda una vida esperando a que llegue esta cita y tú te olvidaste la camiseta de tu grupo favorito en casa. ¡Noooooooo! Para evitarlo, procura que ese maravilloso pedazo de tela sea lo primero que trague tu querida mochila. Cuando te pasees por el festival y la gente te mire atentamente no olvides lo que te costó conseguirla, el tiempo que tuviste que ahorrar, la impaciencia mientras te llegaba por eBay. Si eres de los que no tienes camisetas de grupos, róbasela a tu hermano mayor. Seguro que en algún cajón del armario que compartís tiene alguna de Nirvana, Springsteen o Iron Maiden que aportará un punto de clasicismo entre cultureta y retro a tu modelito festivalero. - Algo cantoso. Si eres de los que te preguntas ¿por qué enfocaron a ese tipo haciendo el verga durante la actuación de Pearl Jam y no a mí? Estás de enhorabuena. Cuando se trata de salir en los plasmas gigantes sobre el escenario los tíos estamos en franca desventaja con respecto a las mujeres. Partiendo de esa base hay que conseguir el gorro más estrafalario que podamos. Ya no vale el de Guiness que te regalaron en aquella fiesta irlandesa, ni el dedo que conservas del FIB del año pasado...hace falta algo realmente novedoso y rompedor. Si no lo consigues, o la imaginación no te da para más siempre te quedará elaborar una pancarta en la que ponga algo así como “Jack, I want to be your Megan White” Fijo que te enfocan. - Maniobras de ocultamiento. Vamos a ser sinceros. Todos sabemos que en los festivales, los afanados organizadores se empeñan en poner duchas comunitarias, pero que levante la mano el que se haya bañado en ellas. Una vez conseguí entrar en ellas pero no recuerdo como llegué hasta allí. Así que yo recomiendo siempre llevar un pañuelo para colocárselo en la cabeza en plan pirata, o en su defecto una gorra. No para ocultar nuestra cabeza del sol (a esas horas probablemente estemos dormidos) sino para tapar nuestro churretoso pelo después de varios días en los que el agua, la cerveza y la tierra conviven en nuestro cuero cabelludo.  No hay que descartar la opción de raparse antes de comenzar el viaje festivalero pero si no te dio tiempo o quieres conservar tus greñas lo mejor es llevarlas tapadas, así evitarás peinarte. -Líquidos a tutiplen. Ni que decir tiene los precios desorbitantes que adquieren algunos botellines en los festivales de música. Los de los puestos creen que los festivaleros son millonarios o algo por el estilo. Hay que ir bien pertrechado de bebidas para que no te la claven. Prepara una neverita con tus bebidas favoritas y vas tirando de ellas hasta que se acaben. Otra opción es acudir todas las mañanas al pueblo más cercano (si existiera esa posibilidad) y aprovisionarse bien de material para seguir la tarde y la noche. Eh, no olvides meter también algo de agua. En verano es todavía más necesaria si cabe. - Póntelo, pónselo. Según una encuesta de MSN, resulta que solo el 45% de los festivaleros van a los festivales buscando música. Al resto le gusta este tipo de eventos para estar con los amigos, disfrutar del ambiente o salir de la rutina (hacer “cosas que no se pueden hacer en la vida diaria”). Pues eso, y porque nunca se sabe lo que vas a pillar (dicho con todo el doble sentido del mundo).

- No sin mi Shazam. Olvídate de las aplicaciones oficiales, no valen para nada. La única que te va a dar el apaño es Shazam, una app que permite capturar el sonido de las canciones para identificar el artista y el título del tema. Para mí hay un antes y un después de Shazam, eso sí el 3G tiene que estar bastante cobertura y en España eso sigue siendo un problema en lugares con mucha gente como los festivales. Si no funciona siempre nos queda la opción old school: preguntar al/la de al lado. - Lomofotos. Para hacer fotos no utilices el móvil (se puede caer), ni lleves tu cara máquina reflex.  La mejor opción es una cámara Lomo, analógica y de carrete. Su objetivo goza de una gran luminosidad y al revelar las fotografías te vas a encontrar muchas sorpresas. Son como de juguete y si se cae no pasa nada, no te preocupes no va a estropear ninguna fotografía. . Pero no pierdas el tiempo y los carretes en retratar a los grupos que actúan en el escenario sino los caretos de tus colegas y de la peña que tienes alrededor. - Ver sin ser visto. Verás, si todavía no te has dado cuenta, esto de los festivales tiene mucho componente de apariencias. Si no has ido a alguno es como si no existieras, como si no hubieras tenido ni verano ni juventud. Pero, seamos francos ya que estamos llegando al final y hemos tenido algunas lineas para confraternizar: la mayoría son un tostón, los grupos suenan regular y los repertorios son para fans tan entregados como los aficionados a los toros en las plazas de tercera. Mirado así, es obligatorio para los escépticos meter unas gafas en la mochila. Las mejores son las de espejo o las negras opacas. Evitan que te vean dormitar mientras Bon Jovi toca el You give love a bad name o como miras a las niñas mientras todos corean al desconocido DJ que hoy cerraba la noche. Carne de festival. ¿Te han entrado ganas? Ya puedes disfrutar de los mejores festivales y conciertos de tus artistas favoritos, ¡y no te pierdas ni uno! Texto: José Ramón Álvaro González Ilustraciones: María Bertrand Carbajo


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