Dani Martínez, un paleto de León al que le gusta el pan

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A este titular, tal cual, le ha dado la bendición el propio Dani Martínez. Lejos de ser ofensivo o peyorativo, lo cierto es que este titula resume a las mil maravillas lo que cuenta Dani en esta entrevista. Y lo que cuenta es que está feliz por haber formado parte de la última temporada de ‘Aída’, una de las más grandes comedias que ha dado nuestra televisión, en la que interpreta al caradura de Simón. También cuenta que está feliz de haber pasado por ‘Tonterías las justas’, el programa de Cuatro que lo lanzó a la fama. Se le nota la admiración sincera por compañeros con los que ha trabajado, como con Florentino Fernández. Dani cuenta que, éxitos y fracasos a cuestas, está contento de su carrera profesional. Lo está porque no ha tenido que mirarse al espejo y preguntarse “¿pero este quién es?”. Se ha reconocido siempre. En el reflejo del espejo ha visto a Dani, al paleto de León, al que le gusta el pan de pueblo, que sigue llamando a su madre casi cada día, que se corta el pelo donde lo hacía de crío aunque eso le suponga varias horas de viaje… Posiblemente, cambiaría algunas cosas de las que hizo cuando la fama se le presentó de golpe y porrazo y le dijo que llegaba para quedarse. Posiblemente, Dani –o eso deduzco de su tono- mira atrás y entiende que hubo decisiones que tomó bajo los focos de la fama que le alejaban de ser el Dani de León. Pero, como él asegura: “es difícil gestionar todo eso de primeras”. Lo es. Con todo, quizá lo que a Dani Martínez le hace estar orgulloso de este titular es que para llegar a ser aquello en lo que se ha convertido, no ha tenido que renunciar a lo siempre fue. Dani se mantiene siendo el mismo chico de León que llega a un japonés y pide pan.    

    ¿Cómo te han recibido en Esperanza Sur? Magníficamente. Los ves desde fuera y van ahí como un poco regular, pero cuando vas allí son gente muy buena que me han recibido muy, muy bien en el barrio. Porque claro, cuando tú eres el dueño de un barrio 9 años, que alguien nuevo se instale en tu territorio… Además, Esperanza Sur es un barrio, barrio de ciudad. Nada de esas zonas residenciales ajardinadas… Es un barrio puro y duro con su tienda del barrio, con su bar del barrio en el que todo el mundo hace vida…. Que te acepten ahí es complicado y  que te acepten bien ha sido maravilloso. ¿Por qué hay tanta gente que, en entrevistas, en redes sociales… tiene la sensación de que Dani Martínez es como Simón? [Risas] Pues no lo sé, porque no me conoce tanta gente…

soy un gran jugador de minutos de la basura", bromea Dani sobre su forma de ligar

¿Qué has transmitido en estos años para que piensen eso de ti? Algo he hecho mal o muy bien. No lo sé. Pero luego, cuando lo explico la gente ve que hay muchas diferencias. Por ejemplo, Simón es un ligón descarado, de esos que van con tácticas súper descaradas y yo soy todo lo contrario, me da mucha vergüenza; hablo, pero no soy descarado, ni soy capaz de tirar ficha en la segunda frase… Y Simón, en la primera, ya lo está haciendo. A parte, él es un jeta estafador que se hace pasar por lo que sea y yo no soy capaz de estafar a nadie, me siento demasiado mal luego. Él no. Él no se siente mal por nada. Él no lleva pendiente, yo sí… Son detalles que hay que ver. ¿Tú, entonces, eres el típico que cuando ve en la discoteca a un grupo de chicas no eres el que las aborda, sino el que le da al amigo con el codo y le dice: “mira esa”? Un poco. Yo soy el típico que necesita ir con una bestia de estas que se atreve a ir el primero a cualquier sitio y luego yo, una vez que estamos todos y me siento arropado, ahí me suelto y hablo. O sea, que cuando alguien abre el marcador y pone el 1-0, tú ya empiezas a ser la estrella… Yo soy un gran jugador de minutos de la basura [ríe]. Ese soy yo, tal cual. Oye, ¿hasta qué punto estás cansado de que nada más conocerte te digan: “imítame a fulanito”? [Risas] Eso… se lleva, pero es muy duro. Mis amigos o mi familia piensan que ellos son los únicos que me lo dicen, pero pasa siempre: en el trabajo, de vacaciones, con los amigos… Yo suelo hacerlo. Salvo que esté de fiesta, sean las cinco de la mañana, esté con una copa y me estén grabando con un móvil. Ahí es cuando digo que no… En esas circunstancias sólo imitarás bien a Pocholo, supongo… [Risas] Sí, ahí clavo a Pocholo… Son cosas que nos pasan a los imitadores. Latre también me dice que le pasa…

Estar en ‘Aída’ es como jugar en el Barça”, dice Dani

Cuando vas a imitar a un nuevo personaje, imagino que como Latre, estudiarás a ese personaje, los gestos, la forma de hablar… Pues… ¿No? Es que Latre es un profesional de esto, es el claro ejemplo de profesional imitador en el mundo. Yo soy el claro de ejemplo de no profesional imitador [ríe]. Trabajamos juntos en un programa y él nos mandaba deberes en plan “mírate esto para el próximo día…”  y yo le decía “te lo juro, soy alguien que no se prepara nunca nada”. Yo, de repente, veo a Piqueras un día y al día siguiente voy en el coche y me pongo a imitarlo. Pero ni me fijo, ni lo estudio, ni hago gestos al espejo… A mí, o me sale o no me sale. Sin más. Soy muy poco metódico. Imagino que Simón no morirá atropellado por un autobús, es decir, que si no acabase ‘Aida’, tú hubiera podido seguir en la serie… ¿Cómo recibiste la noticia del fin de ‘Aida’? Cuando yo fui allí a grabar, por enero, de esto no se sabía nada, pero sí que había un ambiente… como de intuición. Esto llevaba nueve años, tiene un desgaste… Y no se intuía muy lejos el final. Yo lo viví un poco con sorpresa porque esperaba que se acabase la temporada para tomar la decisión. Pero bueno, creyeron que era el momento para que la serie terminara el alto… El personaje de Simón está hecho a medida para ti, te llamaron y no hubo necesidad de casting. Cuando recibes esa llamada en la que te dicen que te quieren los de ‘Aída’, ¿qué es lo que te recorre por el cuerpo en esos momentos? Según me lo dicen, me lo alegré. Para mí es el proyecto más grande en el que he estado en mi vida. Pero, acto seguido, a los 5 segundos de alegrarme, me cagué mucho. Empecé a pensar en nombres en mi cabeza como Paco León, Pepe Viyuela, Mariano Peña, Melani Olivares… y me cagué vivo. ¡Es que son muy buenos! Pero luego, cuando empecé, te ayudan tanto… Es como jugar en el Barça. Son todos tan buenos, que tú pones a jugar a uno que no es muy allá –como ha habido casos en el Barça- y, al final, hasta parece que juega bien. Pero como te vayas a otro equipo, se notan tus carencias. Al lado de los buenos, pareces más bueno.

prefiero no llegar siendo yo mismo que llegar haciendo una pose", se sincera

Aunque para entrar en ‘Aída’ no tuviste que pasar casting, imagino que tú has hecho más de uno en tu carrera… ¿Cómo eres en un casting, delante de quienes te tienen que examinar? La suerte que he tenido yo cuando me han cogido en los castings es porque no he fingido, he sido yo. Como cuando en ‘Tonterías las justas’ me decían: “¡Qué papel tan bueno haces!” ¿Papel? ¡Si era yo mismo! Esa naturalidad es lo que, al final llega a la gente, y si te la compran es magnífico. En los castings era yo mismo, ni una pose, ni un personaje… Yo prefiero no llegar siendo yo mismo que llegar haciendo una pose. ¿Cuánta pose, cuánto postureo has visto tú en tu caminar de León a Madrid por estos mundillos? Todo lo que veo me parece postureo. Soy de León y me considero un paleto, en serio. Soy un paleto de León que llega a la ciudad y digo “¿por qué hablan con el móvil por el pinganillo? ¿Por qué sólo lo hacen los de traje? ¿No puedes ponerte el móvil en la oreja, como todo Dios? Ah, que si no, no eres empresario… En León no hay empresarios” Hay cosas que aún me siguen sorprendiendo porque yo soy muy básico. Recuerdo una cena que hicimos con Dani Mateo y Eva González en Barcelona. Fuimos a un japonés. Era la primera vez en mi vida que iba a un japonés y se me ocurre pedirle a la camarera “¿puedes traer un poco de pan?”. Ella me dijo que en estos restaurantes no había pan. “¿Cómo?” Le metí un discurso a toda la mesa en plan de “en León el pan es básico y no pan congelado, no, no: panaderos que van repartiendo pan de horno de leña. ¡Y un pan de León te dura una semana!” Y claro, eso era un sitio en el que nos clavaron 50 euros por una mierda –porque era una mierda- y a Dani Mateo se le quedó grabado lo del pan.

  Te comprendo. Yo en los japos también soy de los de decir a quien me acompañe “pídeme tú, que yo no entiendo la carta” y lo de “tráeme cubiertos”… [Carcajada] Sí, yo los cubiertos también los he pedido. Te dicen “lo bueno es que aprendas”. ¡Pero es que no quiero aprender eso! ¿Qué no soportas de este mundo de la fama? ¿El tener una cámara pegada a ti? ¿El aparecer en una revista con fotos robadas? Eso ni me gusta, ni lo comparto, ni lo entiendo. A mí, antes de ser conocido, me daba igual con quién se casaba la gente o con quién iba al centro comercial… Esto lo llevo regular eso, ver a alguien que me está haciendo fotos. Me hace gracia cuando me dicen “va en el sueldo”. No, no va en el sueldo. En el sueldo va que vaya a grabar cada día a tal hora y con estos guiones. Son las consecuencias de a lo que me dedico, pero no va en mi sueldo. Lo intentas llevar lo mejor posible. La prensa me suele respetar bastante y, como mi vida tampoco es muy interesante… Llevo una vida normal. ¿Qué defecto has logrado corregir? Yo era una persona que, antes, se preocupaba más de otras cosas que de lo que estaba haciendo. Ahora disfruto más las cosas que hago y me centro en lo que estoy. Dedico muchas horas en lo que estoy y trabajo mucho. He aprendido a poner mis cinco sentidos en lo que hago.

Cristina Pedroche es una de las personas que más he admirado", afirma Dani

Hay quien diría que eso se llama madurar… Sí. Claro que sí. Yo reconozco que cuando nos sucedió el aluvión de ‘Tonterías las justas’, se nos hizo a todos un poco grande. Incluso a Flo, que es toda una estrella y ha vivido mucho ya. No podíamos casi salir a la calle… ‘Tonterías las justas’, aunque tú ya habías hecho antes más cosas en televisión y radio, cambió tu carrera… Totalmente. Pasé de 2.500 followers a un millón en menos de un año. De repente, casi no podía salir a la calle, no podía ir a ningún sitio… Fuimos a mi ciudad Flo, Ana y yo a hacer una cosilla en fiestas y 10.000 personas, fuimos a Castellón y 18.000… Todo eso te impacta. Gestionarlo, cuando te viene de golpe es complicado y, lógicamente, hay cosas en las que fallas, en las que tienes que aprender… No tienes maldad en hacerlas, pero sin querer, fallas. Hay un amigo que descuidas y en vez de mandarle un mensaje a la semana, le mandas uno al mes… A día de hoy conservo a mis diez amigos de León y somos el grupo. Mi mejor amigo, vive a mi lado en Madrid. Es mi mejor amigo de toda la vida. Es con el que voy a los eventos, le invito al fútbol y con quien vi el estreno de ‘Aída’. Nunca me quedé embelesado por nadie. Te invitan a muchas cosas, quieren que estés en muchos sitios, te hacen muchas entrevistas, quieren que actúes en muchos lugares… Gestionar todo eso,  de primeras, es complicado. Ahora, creo que todo eso ya no me sorprende y lo gestiono mejor. No hace mucho, entrevisté a Cristina Pedroche  y me decía que para seguir en este mundillo, ella necesitaba saber que tenía cerca a sus amigas de siempre. ¿Te pasa a ti lo mismo? ¿Necesitas ese oler a León? Leí la entrevista y me gustó, estaba muy bien. Mira, voy a León una vez al mes. Me corto el pelo en el mismo peluquero de allí desde que tenía ocho años, mi grupo de amigos es el que tengo desde que hice la comunión (que la hicimos juntos). Mis padres viven allí y yo hablo con mi madre, prácticamente, todos los días. Y ahora que lo dices, Cristina Pedroche es una de las personas que más he admirado yo. Con Cristina, desde el minuto uno que la conocí, congenié tanto porque es una chica de barrio, que es del Rayo a muerte (no es una pose), que vive en Vallecas, que va por su barrio con sus padres, conoce a la gente de su barrio, sus amigos son del barrio, tiene las mismas amigas desde que era una niña… La imagen que pueda dar Cristina en una portada de revista a luego lo que es ella de verdad es lo que me hizo congeniar. Dije: “yo soy de pueblo, ella es de barrio. Es una tía que me va a caer bien”.

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¿Qué te enseñó la aventura fallida de ‘Guasap’? [Piensa] Bueno, aprendes muchas cosas. Una la tenía clara: esto es el juego de la tele. Para mí no era nada grave lo que estaba pasando. Lo que me asustaba es que fuera, la gente le estaba dando más importancia de la que yo le estaba dando. Se complicó todo. Íbamos a hacer una cosa, no había acuerdo, se cambió el presupuesto, el horario ya no era el acordado… Hay un momento en el que fui yo, personalmente, el que le dijo a la cadena: “yo ya no lo veo.  Lo que hablamos en junio no es lo que hablamos ahora en noviembre. No se parece… ¿para qué vamos a hacer un invento? Dejarlo aquí y no pasa nada.” Así se paró. De una forma muy natural. Te ayuda a poner de nuevo los pies en la tierra, porque pasas de hacer algo que lo revienta a ver cómo un programa tuyo no sale y mañana estaré en ‘Aída’, pero pasado habrá otro bajón… Y ya está. Es como funciona esto. Tienes que ir con ilusión y con humildad. Yendo con ilusión y con humildad, te pase algo bueno o te pase algo malo, lo vas a llevar bien. ¿Te ves mejor por la tele, te escuchas mejor por la radio, o te ves mejor reflejado en el público que hay en el patio de butacas frente al escenario? En el teatro. Me descubre muchas cosas que yo no he descubierto de mí ni en la tele ni en la radio. En el teatro doy lo que la gente me ve en la tele y en la radio, pero con un plus que la gente no espera. Improviso mucho, hablo mucho con el público, canto… Es en lo que más disfruto ahora mismo. La radio también me encanta. Empecé en una radio universitaria de León que la escuchaban cero personas… Sí, es lo que tienen las radios universitarias: tú te quieres autoconvencer de que la escuchan tus compañeros, de que llega a la gente… pero luego no la escucha ni Dios. Es que además, nosotros emitíamos por intetnet y podíamos ver quién se estaba conectando. ¡Nuestro récord fueron 5 personas! Y muchas veces eran cero personas. Yo siempre he hecho radio y nunca he dejado de hacer radio, nunca me he separado de la radio. Bueno, terminamos… Asegúrate de que tienes pan en casa… [Risas] Si no, siempre te quedará ir a comprarlo a un chino… El pan de los chinos se pone como una piedra en un par de horas… Como diría Julián López, “¡nos comen los chinos!”

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