Análisis: Killzone Shadow Fall
Me ha sorprendido especialmente la facilidad que tiene este juego para diferenciar ambientes. Por un lado un resplandeciente “Vektan”, con sus impolutos rascacielos de oficinas, sus vías de ferrocarril o urbanizaciones con piscina, y por el otro el siempre turbio Helghast, con sus construcciones sin vida, de ambiente triste y la extrema pobreza de su población. Los efectos meteorológicos como la lluvia y los relámpagos también dejan muy buen sabor de boca, y la sobreexposición del sol, añade un punto realista a unos bosques que ya respiraban por sí solos. Un buen indicativo de lo que puede llegar a conseguir PS4 en el futuro.












