Análisis de Dead Rising 3

Te descubrimos cómo es el primer survival horror de la next gen de Microsoft.

Gran parte del éxito de Xbox One reside en un potente catálogo de lanzamiento y el hecho de tener a tu lado una compañía como Capcom el día en que tu consola llega a las tiendas, en exclusiva, puede ser suficiente incentivo para facturar miles de consolas.

Tras perder su nombre original, Blue Castle Games; el estudio responsable de todas las entregas de Dead Rising 2 para a ser un miembro más de la gran familia bajo el nombre de Capcom Vancouver y desarrolla en exclusiva para Microsoft la tercera parte de unas de las sagas de zombies más importantes del mercado; como decíamos, motivo más que suficiente para muchos para justificar la elección de la caja de Microsoft por encima de la de Sony.

Dead Rising 3 presenta a Nick Ramos, un mecánico de un taller en la ciudad de Los Perdidos con un futuro muy incierto por delante. Cuando el jugador llega a la ciudad, la epidemia zombie ya es una realidad y su única ocupación será sobrevivir al tiempo que averigua qué ha ocurrido en la ciudad.

Uno de los puntos más chocantes de DR3 es el cambio de dirección en el ambiente. Donde las dos primeras entregas buscaban y encontraban una base humorística con facilidad, esta tercera entrega intenta tomarse en serio a sí misma y trata de presentar una historia con cierta carga dramática. Todo queda en intento; los personajes están vacíos, no os preocuparéis por ellos lo más mínimo y la mecánica del juego sigue buscando la carcajada fácil a base de despropósitos y animaladas varias de las que hablaremos a continuación.

El sabor del cocktail, pues, y hablando sólo del ambiente y su relación con la historia, se antoja agridulce debido a la falta de identidad del conjunto. En ocasiones el juego pretende ser una aventura seria, ofrecer una historia preocupante, con personajes humanos y secuencias de video serias… pero la verdad es que nada tiene importancia y todo se percibe como una excusa para hacer el cabra por las calles de Los Perdidos. No es algo especialmente preocupante, pero creo que todo habría funcionado mejor si el sentido del humor se hubiera apoderado por completo del conjunto, como ocurriera en el Dead Rising original.

Con un mando en las manos, y dejando a un lado todo lo demás, Dead Rising 3 funciona igual de bien que las entregas originales. Nick tiene cuatro slots que le permiten llevar hasta cuatro armas a la vez. Prácticamente cualquier objeto a la vista en el escenario servirá como arma, desde una llave inglesa, pasando por una simple caja de cartón o un muñeco de juguete; hasta palabras serias como una katana o una escopeta. Lo mencionado es sólo lo primero que me ha venido a la mente, sinceramente, no sabría decir cuántas armas tiene este juego. Por supuesto, toda arma que equipeis se gastará, tenga balas o no, el uso es finito así que tendréis que estar continuamente recogiendo objetos del escenario para defenderos ante las interminables hordas de zombies que acechan.

No obstante, esas armas son sólo para salir del paso. Lo verdaderamente interesante en DR es la construcción de las verdaderas herramientas de destrucción. Encontraréis planos de construcción de armas escondidos por la ciudad de Los Perdidos que detallan cómo construir las armas que todos buscáis. Generalmente, tendréis que encontrar dos armas básicas y buscar un rinconcito tranquilo para que Nick pueda construir el arma deseada. Martillos con sierras eléctricos adheridas, guantes de boxeo motorizados o la famosa espada láser… aunque también son de uso limitado, la diversión se multiplica con la construcción de armas y la necesidad de encontrar nuevos planos de construcción mantiene la partida viva.

Además, Dead Rising 3 no limita la construcción a las armas. La ciudad de Los Perdidos aunque no es demasiado grande, sí cuenta por miles los zombies que plagan sus calles, así que los vehículos serán de igual importante. Cuando veáis luz en un vehículo, entenderéis que tiene batería y que queda a vuestra disposición, y con un buen plano y la combinación de vehículos adecuada podréis crear un mortífero carro de combate casero al más puro estilo Equipo A.

La masacre de zombies y la importancia de la construcción, son prácticamente toda la oferta de DR3. La ciudad, en un principio, parece más grande de lo que en realidad es. Hay muchas zonas cortadas por el tráfico abandonado o por barreras creadas por el hombre que limitan mucho la exploración. No por ser una “ciudad” deberíais esperar muchísimo más terreno practicable del que tuvisteis con Chuck Greene en DR2. Hay más, pero no es algo exagerado. La historia os marcará los puntos de interés, que os harán conducir cuatro o cinco calles para llegar a un entorno cerrado en el que enfrentaros a algún jefe final (no todo son zombies en DR3, hay mucho loco suelto por la ciudad…); más allá tendréis coleccionables escondidos que desbloquean secretos y la posibilidad de matar zombies por gusto para ver como sube el contador de muertes.

A nivel técnico Dead Rising 3 mantiene el estándar de lanzamiento de esta nueva generación. La principal virtud del juego es el manejo de multitudes; es impresionante la cantidad de elementos en movimiento que puede manejar a la vez Xbox One y, a pesar de que los primeros video prometían mucha ralentización, la tasa de frames se mantiene bastante firme; aunque el sufrimiento es inevitable en momento especialmente complicados.

También es digno de mención que cuesta mucho encontrar dos zombies iguales. Al parecer la gente de Capcom Vancouver ha creado una librería especial que genera aleatoriamente a los ‘no-muertos’; diferentes cuerpos, cabezas, vestimentas, heridas y desperfectos… para obtener zombies casi únicos y asegurarnos así de no encontrar dos iguales en un mismo enfrentamiento.

Ambos puntos combinados aseguran, al menos, un entorno a lo Walking Dead totalmente verosímil. Dejando a un lado esto, encontramos texturas más cuidadas (aunque algunas tardan en aparecer…) pero nada más que evoque nueva generación. La captura de movimientos y las expresiones faciales, sobretodo en las secuencias de video, son bastante pobres y todavía más si las comparamos con las de Ryse, por ejemplo; que ha hecho especial hincapié en ese apartado.

En resumen, Dead Rising 3 es un buen juego. Tiene problemas de identidad y problemas para encontrar su “estilo”, pero la base mecánica responsable de gran parte de la diversión funciona igual de bien que en resto de la trilogía. Sacareis muchas horas de juego en solitario si disfrutáis alargando partidas buscando materiales, planos y coleccionables; o las horas de juego justas si vais a lo que vais; y en cualquier caso la vida del juego se alargará muchísimo con un modo multijugador co-operativo tremendamente divertido. Una compra recomendable si te has decidido por Xbox One, sin duda alguna.


icono_desplegar_comentarios_2

Comentarios

icono_desplegar_comentarios_2
LOS40

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?