El secreto del éxito de Jesús Castro (y no son sus ojos)

Nos vamos de rodaje con el actor gaditano que levanta pasiones

Cuando vi aparecer a Jesús Castro en aquel paraje almeriense en el que las modestas casas de jornaleros se confunden con el reflejo de los plásticos de los invernaderos que pueblan kilómetros y kilómetros de campo pensé dos cosas.

La primera en el agobiante calor que debería de estar soportando plantado ahí al sol, con polo negro, vaqueros oscuros y zapatillas de gran grosor. Bajo la inclemente solana, quieto y disciplinado, Jesús atendía las necesidades de los fotógrafos y la prensa que nos habíamos desplazado hasta el rodaje de su nueva serie, Mar de Plástico, un thriller que Antena 3 estrenará dentro de unos meses y que nos recordará a ese árido universo de Breaking Bad.

Lo segundo que me vino a la cabeza fue que Jesús hoy no seduciría a nadie; que hoy no iban a caer rendidos a sus pies. Llevaba gafas de sol y cuando le pidieron que se las quitase para la foto, se negó: tenía un problemilla en uno de sus ojos. Algo sin demasiada importancia y pasajero, similar a una leve conjuntivitis. Pero claro, así no iba a quedar bien la foto. Jesús Castro sin poder hacer uso de sus cautivadores ojos… ¿perdería su magia?

Y mirándole desde la distancia, mientras el chico iba cortésmente saludando y respondiendo a todos los periodistas que deseaban entrevistarle, comprobé que el aura de estrella no le había abandonado por más que hoy tuviera que mantener ocultos sus ojos azules tras unas gafas.

Con una cerveza en la mano, buscando la sombra desesperadamente y con la camiseta empapada en sudor, me puse a pensar en cómo era posible que un chico que hace dos años se dedicaba a todo y a nada en su pueblo, Vejer de la Frontera, fuera ahora mismo uno de los mayores reclamos mediáticos en el cine y la televisión. Fue abrir Jesús la puerta de la autocaravana donde descansa en los tiempos muertos de este rodaje y los vecinos empezaron a salir de sus casas. Todos querían hacerse las fotos con Jesús: niñas adolescentes, chicas más crecidas, madres, padres... Hasta los inmigrantes que residen en este pequeño pueblo de Almería para trabajar en esos invernaderos lo miraban como si de un ser verdaderamente especial se tratara aunque no supieran muy bien por qué levantaba tantas pasiones a su alrededor.

"Es un placer que la gente te dé cariño y te arrope… Normalmente, intento atender a todo el mundo. Están ahí cada día y creo que no cuesta trabajo una foto", me cuenta Jesús. "Eso sí, cuando se forma un poco el caos ya cortamos y ahí sí que me tenso. Dentro de un orden, no me importa estar haciéndome fotos". Es un tipo tranquilo, que no le gusta que lo que le rodea le perturbe.

Jesús deja una entrevista y, de camino al encuentro de otro periodista que le espera, es abordado por varias jóvenes. Para. Se hace fotos. Les sonríe. Algunas actitudes le disgustan, pero se muestra educado.

"Es acojonantemente caluroso. Me alegro de estar en Andalucía y de volver a currar aquí porque noto el calor, nunca mejor dicho [bromea], de la gente", me dice Jesús mientras buscamos un sitio en el que poder evitar al sol. Son pasadas las 2 de la tarde y el calor se hace intolerable.

Él lo lleva con resignación. Ya acumulan varios días rodando en estas tierras y aún les queda todo el mes de julio. Largas jornadas de grabación que comienzan al alba y acaban a la noche. "Es duro sobre todo cuando tienes que rodar una secuencia de acción, donde tienes una coreografía de peleas, o tienes que correr… Con el vestuario del personaje (que te plantan un vaquero o unos zapatos que no transpiran) y cuando te pegas 7 horas al sol, llega un momento en el que te tienes que ir a la sombra y ponerte un hielito en el cuello para que todo vuelva a su sitio", explica.

Entre murmullos, comenta cómo han intentado hacerle el lío en una entrevista para que aborde temas de política. No es tonto. Sabe muy bien el terreno que pisa. Lleva poco tiempo en el mundo de la cámara, pero no se deja engañar por los falsos brillos y los omnipresentes elogios que continuamente le rodean. Como ya me dijo en otra ocasión: "A cambio de nada, poca gente te da algo. De una forma u otra, siempre lo acabas pagando. Esto era algo que yo ya sabía de antes y ahora lo estoy viendo en este mundo, al que me estoy adaptando".

Con sus gafas de sol, se marcha a comer con el resto de sus compañeros y equipo técnico. En sillas de plástico, mesas de camping, bajo una lona. En un rodaje, el glamur se queda aparcado.

En medio de este árido rincón almeriense, yo llego a la conclusión de que esos zafiros que tiene por ojos no son el secreto del éxito de Jesús Castro; contribuyen a él, pero no son la verdadera razón. El éxito que le llegó por casualidad a este gaditano se ha terminado amarrando a él por su inteligencia callejera y honestidad. Son las cualidades que le mantienen alerta, que le permiten seguir siendo el mismo tío que antes de que decenas de marcas de moda se peleen por regalarle ropa o de que, allá donde va, todo el mundo quiera hacerse una foto con él.

Callado y tranquilo, un halo de misterio lo envuelve. Cuando encuentra cierta conexión o confianza con su interlocutor, se anima a apartar un poco su coraza y es capaz de bromear, de vacilar. Jesús es de esos tipos íntegros, tipos de verdad, en los que un apretón de manos o un abrazo significa cercanía. Uno de esos tipos que, aunque sepa tratar a todo el mundo con educación, no a todo el mundo trata igual. Sencillamente, porque no todo el mundo es igual de importante para él.

Por la noche, en la playa de Roquetas de Mar, en una cena con compañeros de rodaje y periodistas, Jesús intenta pasar lo más desapercibido posible. El interés desmesurado que despierta convierte esto en imposible; terminará haciéndose fotos hasta con una pareja de la policía local. En todo momento, Jesús sabe cuál es su sitio y quién es la gente con la que debe estar.

Ese es el secreto de este chico de 22 años. No son sus ojos, por bonitos que sean; es su carácter, su manera de enfrentarse al mundo. Jesús Castro se convertirá en toda una estrella y seguirá siendo Jesús Castro. Y esto es realmente excepcional.


LOS40

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