Él se inventó a la criatura

Rafael Revert, Director de LOS40 (1966-1992)

Él se inventó a la criatura

"Oye chaval, ven para acá, quiero que me hagas un programa para los ye-yés". Así empezó el resto de su vida, 26 años al frente de la emisora. Se inventó el nombre –al principio no le gustaba–, se inventó el formato, se inventó el estilo, innovó un clásico y transformó el amor por la música en amor por los oyentes. Pasaron años de programa en programa sin descansar una jornada. ¿Con qué energía?: Su pasión y el encanto de humanos como Paul y Elton.

"Los locutores sabían lo que quería la gente. Cuando volvían a su emisora defendían los discos que les gustaban. La transmisión de ese calor, la pasión, es lo que propició el boom de LOS40".

En 1966 yo trabajaba en Radio Madrid. Hacía el programa de El Gran Musical con Tomás Martín Blanco, que había empezado en 1961. También hacía la lista de los Superventas y el programa Olimpiada musical.

Un año antes el gobierno había obligado a todas las emisoras de Onda Media a tener su FM, pero al principio era residual, nadie la oía porque no había aparatos que pudieran sintonizarla. En la SER se puso en un rinconcito de la segunda planta, un estudio de 3 x 3 metros, y ahí empezó la emisión de Radio Madrid FM, que solo emitía música clásica y grandes orquestas en un principio. Hasta que llegó un día don Andrés Moret, que era el que llevaba aquello, me vio por un pasillo y me dij o: “Oye, chaval, ven para acá. Quiero que me hagas un programa para los ye-yés. Escríbeme un guión que lo mandamos a que lo aprueben a censura”.

Me puse en la máquina de escribir, pimpam, y yo entonces era corresponsal de [la revista] Billboard, donde se publicaba el Top 40, así que pensé en traducirlo como 40 Principales, que no me gustaba mucho, pero como tenía que entregar el guión a toda velocidad pensé que luego lo cambiaría.

Empezamos a emitir dos horas al día, por la tarde, y lo hablaba un locutor fenomenal, mayor, Ángel Carbajo, que tenía una voz estupenda pero que de inglés no tenía ni idea, y cada vez que tenía que dar un título o intérprete en inglés era algo horroroso. A los dos o tres meses me dij eron que había llegado una chica nueva, muy joven, Olimpia Torres, y ella fue la primera disc-jockey que hubo. Yo le fui enseñando cómo tenía que hablar, que tenía que reírse, que tenía que vacilar, y fuimos haciendo el sonido de Los 40 Principales. Yo siempre les decía a los disc-jockeys que tenían que querer al oyente, que debían hablarle como a su novio/a o a su amigo/a. Pasamos de dos horas a cuatro, luego ocho, después empezaron a entrar otras emisoras como Sevilla o Radio Mediterráneo en Valencia… Había un problema, que no existía la emisión en cadena. Entonces mandábamos los guiones y las cintas y cada uno hacía los programas en su emisora como podía.

Les decía a los DJs que debían hablar al oyente como a su novio/a

La gran innovación del formato era la lista de 40 canciones, que además se repetía todos los días. Tenías la seguridad de que si te gustaba una canción la ibas a escuchar al día siguiente y al otro. Entonces había programas musicales como Discomanía, de Raúl Matas, o los que hacía de jazz Pepe Palau, pero no había repetición como en LOS40, que creo que fue el verdadero acierto: la gente quería disfrutar de las canciones que le gustaban todos los días, nosotros hacíamos éxitos.

Para confeccionar la lista empecé con mi propio criterio, basándome en la lista de ventas y en las novedades que salían, pero luego empezamos a hacer encuestas en todas las emisoras los sábados por la tarde y la gente llamaba para pedir canciones. Al fi nal de la tarde se hacía el resumen y eso me servía mucho. Después llegó lo más importante: empecé a convocar a los locutores de las emisoras de toda España cada martes. Venían 15 o 20 y lo que hacíamos era oír los discos nuevos y seleccionar lo que nos gustaba y lo que no.

Todos opinaban y se hacía lo que decía la mayoría. Ellos eran tipos jóvenes que vivían la música y estaban en contacto con sus oyentes, sabían lo que quería la gente. Y cuando volvían a su emisora defendían con calor los discos que les gustaban. La transmisión de ese calor, la pasión, es lo que propició el boom de LOS40. En un momento dado, llegamos a tener cinco millones y medio de oyentes.

A principios de los setenta ya se notaba la infl uencia que está- bamos alcanzando y las compañías venían a convencernos de que pusiéramos sus discos… Los conciertos de El Gran Musical eran un gran apoyo para LOS40: tú zumbabas el disco de un artista poniéndolo mucho y te lo llevabas luego a actuar. También tuvimos la revista del mismo nombre, que primero fue semanal y luego mensual.

Fue una buena época, hicimos cientos de éxitos, de gente como Mecano y Hombres G, en los que LOS40 fueron muy importantes. Hubo unos años en que yo trabajaba todos los días, no libraba ni uno: iba a la radio de lunes a viernes, los sábados viajábamos a hacer el Superbaby, programa infantil con artistas como Teresa Rabal o Enrique y Ana, y los domingos al Gran Musical. Igual el sábado estaba en Bilbao y el domingo tenía que estar en Sevilla…

A la hora de seleccionar qué canciones entraban en la lista o eran número 1, decidía la mayoría. Me empeñé solo dos o tres veces, y para equivocarme... Recuerdo una con Adriano Celentano, que me gustaba muchísimo. Él no viajaba nunca, pero una vez consiguieron que viniera a Madrid para grabar en español la canción El árbol de 30 pisos. Yo fui al estudio a verle grabar y escuché la canción cuatrocientas veces, así que salí de allí pensando que iba a ser la leche. Lo zumbamos y fue un fracaso.

Pero, por ejemplo, a mí me gustaba mucho Elvis Presley, pero no lo puse nunca –a excepción de In the Ghetto, que fue un éxito– porque comprendía que no era de LOS40.

De todas las estrellas que conocí me sorprendió Paul McCartney. A fi nales de los ochenta, la SER decidió hacer estudios nuevos y yo llamé a EMI para ver si él podía venir a inaugurar el estudio principal de LOS40, pero me decían en la discográfi ca que imposible, que no podía. Pasa el tiempo y de repente un día me dicen que al día siguiente viene McCartney a Madrid. No estábamos nada preparados, ni siquiera habíamos acabado el estudio, estaba aún en obras. Así que deprisa y corriendo terminaron el estudio como se pudo, toda la noche trabajando… McCartney vino con su mujer, Linda, y fue absolutamente encantador…Cuando acabó la entrevista dij o que quería visitar la emisora, aunque estaba en obras, y fue saludando a los obreros y haciéndose fotos con todos los disc-jockeys, con todos. Así que yo le pregunté que cómo era que no quisiera venir, primero, y que luego fuera tan majo. “Entenderás que yo no quería venir”, me dij o, “pero si vengo tengo que ser un tío encantador”.

Hay otra buena historia, de Elton John. Eran mediados de los ochenta, no recuerdo qué álbum había sacado, pero iban a entregarle un disco de oro y la compañía organizó una comida, con él y toda la gente de LOS40. Vino solo para esto. Fue en el hotel Villamagna de Madrid. Fernandisco le grabó una entrevista y cuando acabaron bajaron a comer. De repente, viene un técnico y me dice al oído que la entrevista no se había grabado… Elton John me vio la cara descompuesta y me preguntó qué me pasaba. Le conté que no se había grabado, y me dij o que se tenía que ir a Roma muy poco después, que le estaba esperando el sastre. Así que era comer o repetir la entrevista: sin pensarlo, dejó la comida, se subió, grabó otra vez la entrevista y se marchó sin comer. Otro ejemplo de profesionalidad. “He venido para hacer la entrevista, ya comeré”, me dijo.

Después de 26 años como director de LOS40 me siento feliz, sobre todo, de haber hecho felices a millones de personas. Hay que pensar que, sobre todo en los sesenta, la gente joven no tenía muchas distracciones, solo el transistor… Era su mayor diversión, y jugamos un papel importantísimo.


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